La subasta Zoute Concours de Broad Arrow cierra en 34,6 millones de euros y firma el mayor remate de clásicos de la historia de Bélgica.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: 34,6 millones de euros y un 91 por ciento de lotes vendidos convierten la segunda edición belga de Broad Arrow en el mayor remate de coches de colección celebrado en Bélgica.
- No te lo puedes perder: el trío híbrido —LaFerrari, McLaren P1 y 918 Spyder— se vendió completo, y un prototipo de BMW M5 E39 con mecánica W10, vinculado según la casa a Ferdinand Piëch, batió el récord de su generación.
- Cifras y cotización: 5.181.250 euros para el LaFerrari de 2015, 3.212.500 para el 918 Spyder Weissach y 1.890.625 para el P1; el M5 se adjudicó en 411.250. Fuente: Broad Arrow Auctions.
Un remate que cambia la escala del mercado belga
Las cifras definitivas las publicó la casa el 12 de octubre, tres días después del martillo: 34,6 millones de euros de recaudación total y un 91 por ciento de lotes adjudicados sobre un catálogo de más de noventa coches. Ninguna otra puja de colección celebrada en Bélgica había alcanzado esa cota. Los pujadores registrados crecieron un 44 por ciento respecto a la primera edición, la de 2025, y más de un tercio de ellos lo hacía por primera vez con Broad Arrow; el censo final reunió a compradores de 33 países.
El escenario ayuda a entender el resultado. El remate se celebró el viernes 9 de octubre en Approach Golf, en Knokke-Heist, como socio oficial de subastas del Zoute Grand Prix, la semana del automóvil que cada otoño convierte el litoral flamenco en una extensión de la Riviera. La sala estaba llena cuando empezaron a caer los lotes y la tensión no decayó hasta el final.
El último lote fue también el más caro. Un Ferrari LaFerrari de 2015 en Grigio Ferro Metallizzato abrió a dos millones de euros, subió a cuatro en cuestión de segundos y se remató en 5.181.250 euros, precio final con la comisión del comprador incorporada. Es la cifra más alta pagada nunca por un automóvil en una subasta belga. El aplauso en la sala tapó el ruido de la lluvia en el exterior.
La Santísima Trinidad del hiperdeportivo híbrido

El LaFerrari cerraba el catálogo, pero el resto de la trilogía había desfilado antes. El McLaren P1 de 2015 se adjudicó en 1.890.625 euros; el Porsche 918 Spyder con paquete Weissach, en 3.212.500. Este último, pintado en el Sport Classic Grey de la carta Individualfarbe —es decir, Paint-to-Sample— sobre cuero Espresso, representa el tipo de ejemplar que el coleccionista paga por encima de la media: el color pedido a fábrica, la dotación más deseada y un kilometraje que rara vez se repite en el mercado.
La sorpresa de la jornada tuvo otro nombre. Un BMW M5 E39 prototipo con mecánica W10 que, según la documentación difundida por Broad Arrow, condujo el propio Ferdinand Piëch, se remató en 411.250 euros, récord absoluto para un E39 en puja pública. Conviene detenerse aquí: el M5 de la generación E39 salió de fábrica con un V8 atmosférico, de modo que la pieza vendida no es un coche de serie con pedigrí, sino un ejemplar de desarrollo. Su valor no procede del catálogo, sino de la trazabilidad.
Un prototipo de desarrollo vale lo que vale su documentación; un coche de serie, lo que vale su color. La subasta belga pagó ambas cosas sin sonrojo.
Broad Arrow, integrada en Hagerty desde su creación, afrontaba su segunda incursión en Knokke-Heist con la presión de repetir el estreno de 2025. Gregory Tuytens, responsable de consignaciones para Bélgica y Países Bajos, atribuyó el resultado al trabajo de selección del catálogo y a la confianza de compradores y vendedores, y confirmó la intención de la casa de regresar a la localidad flamenca en 2027. Los resultados completos, lote a lote, están publicados en la web de Broad Arrow Auctions.
Qué compra el mercado cuando compra un híbrido de 2015
El resultado belga confirma un desplazamiento que venía anunciándose en los grandes remates europeos: el hiperdeportivo híbrido de la década pasada ha dejado de ser objeto de curiosidad para convertirse en valor refugio. El LaFerrari, el P1 y el 918 Spyder forman una trilogía cerrada, con producciones agotadas en su día y una horquilla de kilometrajes que ya casi nunca baja de los tres dígitos. Quien busca hoy una unidad con entrega original no compite con el aficionado: compite con el fondo de inversión.
El 91 por ciento de adjudicación merece un comentario aparte. En un catálogo de más de noventa lotes, un porcentaje así indica que la casa ajustó las expectativas a la realidad del comprador europeo: los lotes sin vender no son un fracaso, son la prueba de que las reservas no se fijaron a ciegas.
Ahora bien, la categoría exige una lectura fina. Son coches con baterías, electrónica de gestión y sistemas de recuperación de energía cuyos protocolos de mantenimiento dependen del fabricante, y ese es un riesgo que el coleccionista de un seis cilindros mecánico no asume. La prima pagada por el 918 Weissach sugiere, sin embargo, que el mercado ha decidido archivar el debate y tratarlos como youngtimers de pleno derecho.
Conviene recordar, además, cómo se leen estos números. Las cifras difundidas por la casa son precios finales con comisión del comprador, no precios de martillo; la diferencia entre ambos conceptos puede superar el quince por ciento y explica que un mismo coche parezca encarecerse al cambiar de medio. Broad Arrow no incluyó en su comunicación las estimaciones previas de los tres hiperdeportivos, de modo que la horquilla de salida queda fuera del análisis.
Hay un segundo hilo, más sutil. Bélgica no es un mercado por volumen, pero su posición —Bruselas como capital institucional, Amberes y Gante como polos de coleccionismo privado, Países Bajos a un paso— le permite captar lotes que de otro modo habrían ido a París o a Londres. La cifra de 34,6 millones no mide el tamaño del coleccionismo belga; mide su capacidad de convocatoria.
El contraste con el M5 W10 es la mejor lección de la jornada. Los 411.250 euros del BMW no los paga la potencia ni la rareza estadística, sino la cadena de custodia: un prototipo vinculado a un ingeniero decisivo en la historia del automóvil alemán vale más que muchos deportivos de serie infinitamente más rápidos. El remate belga dejó así dos mercados sobre la misma mesa: el del objeto perfecto y el del documento irrepetible.
Queda la incógnita de si el récord es coyuntural o estructural. Broad Arrow volverá a Knokke-Heist en 2027 con el listón en 34,6 millones y con una advertencia: los tres hiperdeportivos que han sostenido esta edición ya no estarán en el catálogo. Repetir la cifra exigirá otro argumento, y el coleccionismo europeo lleva dos años demostrando que sabe encontrarlo.

