El Shelby Cobra Daytona Coupé CSX2300 se remató por 42,9 millones de dólares y casi duplicó el récord del coche americano más caro en subasta.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el chasis CSX2300, tercero de los seis Daytona Coupé construidos en 1964, alcanzó 42.905.000 dólares en la puja de Gooding Christie’s en Pebble Beach, casi el doble del récord americano anterior.
- No te lo puedes perder: es el único de los seis que perteneció a Carroll Shelby, que lo conservó entre 1975 y 1998 y encargó su restauración al especialista Mike McCluskey.
- Cifras y cotización: la estimación se anunció ‘por encima de los 25 millones de dólares’; el récord previo de la marca eran los 13.750.000 dólares pagados en 2016 por el Shelby 260 Cobra CSX 2000.
El remate que reescribió los registros de Pebble Beach
Gooding Christie’s había fijado la estimación en un ‘in excess of $25,000,000’ tan elástico como prudente. Durante la Monterey Car Week de 2026, el coupé de aluminio con el dorsal 12 en los costados se marchó muy por encima de esa cifra: 42.905.000 dólares que dejaron pequeño el pronóstico y lo convirtieron en el automóvil más caro jamás vendido en Pebble Beach.
La cifra no es un récord aislado, sino cuatro a la vez. Es el coche americano más caro de la historia en subasta pública, el Shelby mejor pagado, el resultado más alto de Pebble Beach y la mayor operación cerrada por Gooding Christie’s. En la clasificación absoluta —la que mezcla piezas americanas, italianas, francesas y alemanas—, el Daytona se instaló como el quinto automóvil más caro vendido en puja pública y el tercero alcanzado en suelo estadounidense, siempre según el recuento facilitado por la casa al cierre del remate.
Para medir la magnitud del salto conviene mirar los registros que quedaron atrás. El Duesenberg SSJ de 1935 había fijado el techo americano en 22 millones en Gooding Pebble Beach 2018, y conserva el récord del coche de preguerra. El mejor Shelby hasta la fecha era el 260 Cobra CSX 2000 de 1962 —el prototipo fundacional—, vendido por 13.750.000 dólares en RM Sotheby’s Monterey 2016. El Daytona lo superó en más de 27 millones. Y el mejor resultado previo de la propia casa, los 25.305.000 dólares de un Ferrari 250 GT SWB California Spider Competizione en Pebble Beach 2025, quedó también por debajo.
Seis carrocerías de aluminio para batir a Ferrari
Que el coche más caro de América sea un deportivo de competición con carrocería italiana tiene su lógica. Carroll Shelby encargó el Daytona Coupé con un objetivo explícito: derrotar al Ferrari 250 GTO en el campeonato de GT de la FIA. La solución pasó por cerrar la carrocería del Cobra roadster, ganar coeficiente aerodinámico y confiar el trabajo a Carrozzeria Gransport, con un diseño de Peter Brock ejecutado en aluminio ligero. Se construyeron seis unidades en 1964, y cada una guarda una historia distinta.
CSX2300 fue la tercera. Debutó en el Tour de France Automobile de 1964 con el estadounidense Bob Bondurant y el alemán Jochen Neerpasch, y ganó las dos primeras etapas antes de ceder por problemas mecánicos. No era un coche de salón: era un instrumento de trabajo construido contra reloj y contra Maranello.
Seis chasis de aluminio bastaron para cambiar el mapa del coleccionismo: el coche más caro hecho en América es el que doblegó a Ferrari en GT.
La temporada de 1965 fue la suya. Terminó tercero de su clase en Daytona —sexto de la general— y tercero en Sebring, y después se integró en la campaña europea dirigida por Alan Mann Racing, con un tercer puesto de clase en Nürburgring y un segundo en Reims. Al cierre de aquel ejercicio, Shelby American se adjudicó el campeonato de GT de la FIA. El asedio a Maranello había dado fruto.
El cambio reglamentario de la FIA para 1966 dejó al modelo fuera de juego y desplazó el foco de la factoría hacia el programa Ford GT40. CSX2300, sin embargo, no se retiró a un museo: fue el único de los seis Daytona que prolongó su carrera internacional más allá del programa oficial, con campaña en Japón hasta 1968 en escenarios como Fuji Speedway y el Gran Premio de Japón. Esa longevidad competitiva forma parte hoy de su hoja de servicios.
El largo regreso a la especificación de 1965
La historia posterior al garaje de competición pesa tanto como la deportiva. Carroll Shelby poseyó CSX2300 entre 1975 y 1998: es el único Daytona Coupé que pasó por sus manos como propietario, y esa circunstancia, más que ninguna otra, explica el remate.
Durante aquellos años encargó una restauración integral a Mike McCluskey, especialista en Cobra establecido en Torrance, California, con el encargo de devolver el coche a su configuración de 1965. Con Shelby como custodio, el ejemplar se exhibió en SAAC-9, en Anaheim (1994), en el Cobra 30th Reunion de Sonoma (1995) y en los Monterey Historic Automobile Races.
En 2000, ya bajo la propiedad de Larry Bowman, el coche pasó por una segunda restauración. El detalle importa: el trabajo preservó la evidencia física de su carrera deportiva —refuerzos, marcas de taller, la huella del uso—, que es exactamente lo que separa un coche de época de una reproducción perfecta y sin alma. En 2003, recién terminado, reapareció en los Monterey Historics y en el Goodwood Revival.
El vendedor lo mantuvo más de dos décadas y lo usó como se debe: Tour Auto, Modena Cento Ore, Goodwood Revival y Festival of Speed, incluida la edición de julio de 2026, apenas unas semanas antes de la subasta. Un coche de 42,9 millones que sigue subiendo a un remolque para hacer kilómetros es, en el mercado actual, una rareza apreciada.
Lo que el remate dice del mercado americano
El coleccionismo estadounidense ha vivido durante décadas a la sombra de Modena y Stuttgart. No en vano, entre los más de cien automóviles que han superado los diez millones de dólares en puja pública, la presencia de producto fabricado en Estados Unidos es llamativamente escasa. El registro del Duesenberg SSJ resistió ocho años: era el techo de una escuela —la del coche de preguerra, largo, elegante y cerrado— que ya apenas produce operaciones de esa magnitud. La irrupción del Daytona mueve el eje hacia el deportivo de competición de los sesenta, un territorio que el aficionado americano entiende y pelea con naturalidad.
La estimación oficial resulta reveladora. Fijar el umbral ‘por encima de 25 millones’ para un coche que acabó en 42,9 equivale a reconocer que el valor no depende del estado de concours, sino de una cadena de custodia irrepetible: tercer chasis de seis, el único que fue de Shelby, con palmarés internacional y una vida posterior perfectamente documentada. Ahí no hay especulación; hay competencia entre dos o tres coleccionistas que saben que ese ejemplar no vuelve a salir. El comprador no paga una vitrina: paga una biografía.
El otro dato significativo es la comparación interna con la propia marca. En 2016, el CSX 2000 —el primer Cobra, el coche que fundó la leyenda— se vendió por 13,75 millones. Diez años después, el Daytona ha triplicado esa cifra. El mercado ha dictado sentencia: la historia deportiva pesa más que el mito fundacional. La jerarquía ha cambiado.
Queda la objeción del purista, que nunca desaparece. Dos restauraciones —la de McCluskey y la de 2000— hacen de CSX2300 un coche espléndido, pero ya no un original intacto. La defensa es sólida: la segunda intervención se abordó con criterio arqueológico, conservando la huella de la competición, y el resultado es un ejemplar capaz de correr el Goodwood Revival sin pedir permiso a un conservador de museo. En el escalón de los cuarenta millones, esa combinación de pedigrí y usabilidad es lo que sostiene el precio a largo plazo. El registro del Duesenberg sigue en pie como referencia de preguerra; el del Daytona acaba de abrir una puerta distinta. Habrá que ver quién la cruza.
Quien quiera seguir el rastro de este chasis encontrará el detalle de su historial en la ficha del modelo que mantiene la entrada dedicada al Shelby Daytona, y los resultados históricos de la casa, en la web oficial de Gooding Christie’s.

