Tom Cotter, el incansable cazador de tesoros de Hagerty, viajó hasta la casa de Ryan Newman para grabar una de esas entregas de Barn Find Hunter que parten el alma. Lo que encontró no fue un garaje de superdeportivos con olor a cuero nuevo, sino un santuario de chapa oxidada, recuerdos de la NASCAR y un piloto que prefiere reparar un Hudson en la entrada de su casa que jugar dieciocho hoyos.
La primera parada de Cotter es un semirremolque Chaparral de 1985, comprado por el propio Newman. Dentro duerme el monoplaza con el que ganó el campeonato de la USAC Silver Crown en 1999. El piloto recuerda con nostalgia aquella época como “la cima de su trayectoria en monoplazas”, un logro que precedió a su debut en la Copa NASCAR en el año 2000. Ahora, su hija acaba de empezar a correr con un sprint car y el plan es convertir ese viejo camión en su taller móvil. La herencia se mantiene viva entre ejes y chatarra.
El Buick de ‘Rainman’: un regalo muy especial
La joya de la corona, según Cotter, es un Buick Roadmaster de 1949 con los colores impecables: verde, rojo y blanco. Newman explica que este coche es uno de los cuatro que participaron en el rodaje de Rainman, la película con Dustin Hoffman y Tom Cruise. No era el que aparecía en pantalla pintado de amarillo, sino el que se utilizó para grabar el sonido del motor. Conserva incluso los agujeros en el capó donde se sujetaban las cámaras. Lo recibió como regalo de su entonces esposa por su trigésimo cumpleaños y, desde que vio la cinta siendo un crío, lo tenía entre ceja y ceja. “Era uno de los coches de mi lista de deseos”, confiesa.
La primera vez que Cotter vio a Ryan Newman fue en una fiesta en su casa, allá por 2001. El piloto llegó conduciendo un Hudson que se averió en la entrada. Se bajó, se metió debajo, lo arregló y saludó al anfitrión con la camiseta pringada de grasa. Esa imagen le bastó al presentador para hacerse una idea clara del personaje. Desde entonces, guarda la certeza de que Newman ama los coches viejos más que cualquier otra distracción, mucho más que el golf, el hobby preferido de la mayoría de las estrellas del óvalo.
Entonces me dije: este tipo quiere más a los coches que al golf.
Tom Cotter, Hagerty
Más que coches: la vida en la granja
La visita continúa y Newman muestra su otra pasión, mucho más pegada a la tierra. Tiene una finca donde cría búfalos, alces, ciervos y vacas. Hace su propio heno y pasa largas horas desconectado del asfalto. Sin embargo el ex piloto defiende que aquello es una extensión natural de su forma de vivir: “Hoy van a ver tres versiones de mí: el piloto actual, el amante de los coches antiguos y el tipo de campo”.
El garaje esconde más ejemplares. Cotter y Newman se detienen ante un Buick Super de 1953, un fastback que recuerda a las líneas de Hudson. También se menciona de pasada un viejo camión de bomberos que el piloto quiere restaurar. La charla no entra en detalles porque la cámara prefiere quedarse con las historias humanas: el coche de Rainman, el Hudson del primer encuentro, la promesa de aquel campeonato de 1999. Cada joya tiene una anécdota pegada a los bajos.
La colección de Ryan Newman es un antídoto contra tanto hypercar de exposición. Mientras otros pilotos invierten fortunas en flotas de superdeportivos sin alma, él prefiere el olor a aceite quemado y las cicatrices del óxido. Hay una honestidad difícil de encontrar en un palco VIP. Quizá por eso Hagerty escogió este episodio para recordarnos que la verdadera gasolina no entiende de cuentas bancarias, sino de amor por el oficio.
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