La decisión de las autoridades de Estados Unidos de prohibir los vehículos con tecnología china ha dejado a Polestar en una situación límite al otro lado del Atlántico. A partir de 2027, la marca sueca bajo control del grupo Geely no podrá vender coches nuevos en el país, y sus 32 concesionarios se encuentran sumidos en el caos. Sin un plan claro para liquidar el inventario, reubicar las instalaciones o garantizar el servicio a los clientes actuales, la red comercial se enfrenta a un escenario sin precedentes en la historia moderna del automóvil.
Un veto que tomó por sorpresa a la red comercial
La prohibición, comunicada hace apenas unos días, pilló a la mayoría de los distribuidores completamente desprevenidos. Según fuentes del sector recogidas por la prensa estadounidense, varios concesionarios ni siquiera sospechaban que la decisión fuera inminente. Algunos están en plena construcción de establecimientos emblemáticos que quizá nunca lleguen a abrir sus puertas. Otros, en cambio, ya habían advertido a la dirección de la compañía de que el modelo no era viable y de que la separación de Volvo había sido un error, pero sus consejos fueron ignorados.
La medida llega en un momento especialmente delicado: alrededor de 2.800 unidades de los nuevos Polestar 4 (el modelo que debía sustituir al ‘3’ en el mercado estadounidense) están ya de camino o en depósitos, y los distribuidores temen no poder colocarlas sin los incentivos adecuados. “No sé qué demanda va a tener un coche de una marca que en un año no podrá vender coches nuevos”, expresó un concesionario anónimo en declaraciones recogidas por la prensa especializada.
Caos en los concesionarios: inventario, edificios y servicio inciertos
La situación de las existencias es solo la punta del iceberg. Los distribuidores han invertido cientos de miles de euros en instalaciones, expositores y señalización, y ahora desconocen qué hacer con esos activos. “No sabemos cuál va a ser el programa de incentivos para los coches que queden en stock, y ya estamos a mitad de año mirando a 2027. Tendremos que ofrecer los ‘leasing’ más baratos y rezar”, comentó esa misma fuente.
Mientras tanto, los propietarios de vehículos Polestar se preguntan quién mantendrá sus coches una vez se retire la marca. La automovilística ha asegurado que seguirá prestando servicio a través de su red de talleres autorizados, pero la realidad sobre el terreno es mucho más confusa. Algunos concesionarios han empezado a trasladar operaciones hacia las instalaciones de Volvo, una marca que comparte matriz pero cuyo entramado de distribución es independiente por contrato.
Volvo, un posible salvavidas lleno de obstáculos
El hecho de que la administración estadounidense sí autorizara a Volvo a seguir comercializando coches a pesar de sus vínculos con China ha abierto la puerta a que la red de Volvo pueda absorber parte del servicio posventa de Polestar e incluso ayudar a vender el stock sobrante. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Desde que Polestar se independizó en 2017, tiene prohibido vender sus coches en los concesionarios de Volvo. Pueden compartir el mismo recinto y los talleres de Volvo pueden reparar los Polestar, pero los puntos de venta deben estar en edificios separados.
Algunos concesionarios ya están maniobrando para sortear esa barrera. El caso más visible es el de Polestar Los Ángeles, propiedad del grupo Galpin, que ha anunciado el inminente traslado de su actividad al campus de Volvo. Sin embargo, fuentes del sector reconocen que “Volvo no va a permitir que vendamos el inventario de 2026 desde sus instalaciones”. La incertidumbre es total, y los distribuidores admiten que ni siquiera saben qué va a pasar con los locales en los próximos meses.

La confusión se extiende de costa a costa. En Nueva Jersey, un grupo de concesionarios aún está terminando un concesionario insignia y no tiene claro si alguien lo ocupará. “No sé qué voy a hacer con mi edificio. Creo que ninguno de los 32 sabemos lo que va a pasar”, declaró Matthew Haiken, presidente del grupo Prestige Auto Collection, a la prensa local. En Austin, el personal admite que “no nos han comunicado nada todavía”. Y en Miami, los empleados explican que “seguimos funcionando como si nada, pero es evidente que a largo plazo nada es normal”.
Nadie sabe qué pasará con los edificios. Hemos invertido cientos de miles de euros en instalaciones que quizá nunca lleguen a estrenarse, y no hay un plan de contingencia sobre la mesa.
La situación es tan excepcional que los distribuidores insisten en que no se parece a ninguna otra salida del mercado estadounidense. “No es una bancarrota. La marca sigue viva: en Canadá puedes comprar un Polestar 2 modelo 2027, y en Suecia los venden en los mismos concesionarios que los Volvo. Esto es distinto a lo que pasó con Saab o con Fisker”, subrayan. Mientras tanto, los propietarios de los vehículos cruzan los dedos para que el servicio no se resienta y para que el mercado de los coches de leasing que vayan caducando no se desplome.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 2.800 unidades del Polestar 4 están en camino hacia EE. UU. con un horizonte de ventas que se cerrará en 2027, sin un plan claro de comercialización ni de servicio posventa.
- Consejo práctico: Si algún lector español es propietario de un Polestar en Estados Unidos, conviene que pregunte ya en su concesionario cómo se garantizará el mantenimiento a partir del año que viene y que no espere a última hora para resolver la posible venta del vehículo.
- Así te afecta: Aunque el veto se produce en Estados Unidos, la tensión entre Pekín y Occidente por la tecnología embarcada es una tendencia global que podría influir en futuras decisiones regulatorias en Europa, donde las marcas chinas o con capital chino cada vez tienen más peso.

