Zagreb se ha convertido en la primera capital europea con robotaxis sin conductor al alcance del público. Los vehículos de la empresa croata Verne trasladan ya a pasajeros reales por la ciudad sin nadie al volante, y el trayecto se reserva a través de Uber. Croacia, un país de menos de cuatro millones de habitantes, se sitúa así por delante de Alemania, Francia o Reino Unido en un terreno donde las grandes capitales siguen instaladas en la fase de pruebas.
No es un prototipo de laboratorio ni una demostración cerrada a periodistas. Los coches circulan por calles abiertas al tráfico, recogen pasajeros y los dejan en destino igual que un taxi convencional, con una diferencia notable: el asiento del conductor no existe. La información difundida estos días sobre el terreno describe trayectos completos sin intervención humana y con clientes a bordo.
Qué es exactamente el robotaxi de Verne
Verne es una compañía croata nacida en el ecosistema industrial del coche eléctrico del país, el mismo que ha colocado a Zagreb en el mapa mundial del motor durante la última década. Su vehículo es un biplaza eléctrico diseñado desde cero para funcionar sin conductor: sin volante, sin pedales y con una cabina pensada para dos ocupantes y su equipaje de mano. Nada de reconvertir un turismo convencional añadiendo sensores aquí y allá. La arquitectura parte de la premisa contraria, la de un coche que nunca va a necesitar a una persona al mando.
La reserva se hace por aplicación. El usuario pide el vehículo, lo ve llegar en la pantalla del móvil, abre la puerta con el teléfono y el trayecto se ejecuta de forma autónoma por el casco urbano. El pago se realiza en euros, la moneda que Croacia adoptó en 2023, de modo que el viajero español no encontrará el laberinto de tipos de cambio que aparece en otros destinos.
Verne no opera en solitario. Uber actúa como plataforma de acceso: pone su aplicación y su base de usuarios, mientras la empresa croata aporta los coches y la tecnología. Es el mismo esquema que el gigante del transporte por aplicación ensaya en Estados Unidos con otros desarrolladores de vehículo autónomo, y que en Europa aterriza por primera vez en Zagreb.
Una capital de 800.000 habitantes ha resuelto el trámite antes que las grandes potencias europeas, con coches en la calle y pasajeros pagando.
Por qué una capital mediana y no una megalópolis
Aquí está la parte interesante. Las ciudades que dominan los titulares sobre conducción autónoma son San Francisco, Phoenix, Pekín o Wuhan: megalópolis con presupuestos millonarios, reguladores con equipos dedicados y una densidad de tráfico que convierte cada kilómetro en un examen. Zagreb tiene menos de 800.000 habitantes y un centro histórico manejable. Para una compañía joven, esa escala es una ventaja competitiva y no una limitación.
El marco legal acompaña. Las autoridades croatas han mostrado una disposición favorable a autorizar pruebas y operación con vehículos automatizados que en buena parte de la Unión Europea todavía se discute en comisiones parlamentarias. Alemania aprobó su ley de conducción autónoma hace años y, sin embargo, los servicios comerciales sin supervisor a bordo siguen brillando por su ausencia. Reino Unido avanza con un calendario regulatorio que aún no ha puesto un robotaxi de calle en manos de un cliente cualquiera.
Tampoco hay que desdeñar el factor industrial. Croacia ha construido en torno a Zagreb un ecosistema de ingeniería de vehículo eléctrico que le permite desarrollar el producto completo sin depender de proveedores externos. Eso reduce plazos, abarata la iteración y facilita hablar con el regulador local en su propio idioma técnico.
Cómo se mira esto desde España
España no es un erial en esta tecnología. Existen proyectos de vehículo automatizado en Barcelona, Madrid y otras ciudades, y el marco español permite pruebas en vías abiertas con autorización y, en la mayoría de los supuestos, con una persona de respaldo a bordo o supervisando en remoto. Lo que no hay todavía es un servicio abierto al público donde cualquiera pida un coche sin conductor y llegue a su destino sin tocar nada.
La distancia entre Madrid y Zagreb en este asunto no es tecnológica, es de decisión. Croacia entendió que una empresa como Verne necesitaba una ciudad mediana donde acumular kilómetros, datos y confianza regulatoria antes de saltar a mercados mayores. España, con una industria automovilística potente y capitales de tamaño comparable como Zaragoza, Málaga o Bilbao, reúne condiciones parecidas y, sin embargo, no ha atraído aún una operación de este calibre.
Para el viajero español el aliciente es inmediato. Zagreb es un destino de escapada urbana con conexiones aéreas desde España y un centro que se recorre a pie en un par de días. Sumar a ese fin de semana un trayecto en un coche sin volante es, de momento, algo que no se puede hacer en ninguna otra capital europea.
Lo que conviene saber antes de subirse: la operación cubre una zona limitada y una flota reducida, así que la disponibilidad puede ser irregular; la conducción es conservadora, como corresponde a un sistema que prima la seguridad sobre la fluidez; y en hora punta puede tocar esperar. El servicio está encuadrado dentro de lo que la normativa croata permite para vehículos automatizados, no como experimento a puerta cerrada.
El siguiente hito consiste en ver cuánto tarda Verne en replicar el modelo fuera de Croacia. La compañía ha hablado de ampliar el servicio a otras ciudades europeas, sin calendario cerrado ni lista pública definitiva. Mientras eso llega, la capital croata funciona como ensayo a escala real de una pregunta que Europa lleva años formulando sin respuesta práctica.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 800.000 habitantes tiene Zagreb, la primera capital europea con robotaxis sin conductor abiertos al público general.
- Consejo práctico: si viajas a Zagreb, reserva el trayecto desde la aplicación de Uber con margen horario: la flota es pequeña y la disponibilidad cambia a lo largo del día.
- Así te afecta: el pago se hace en euros, sin cambio de divisa, y el modelo que se prueba allí marcará el ritmo de la regulación que debatirán las ciudades españolas en los próximos años.

