Red Bull GmbH ha rechazado una oferta de 3.000 millones de dólares por su equipo filial en la Fórmula 1, Racing Bulls, y la decisión tiene más que ver con la cantera que con el dinero, por más que la cifra sea mareante. La propuesta, vehiculada por el inversor estadounidense Andrew Herriot en nombre de un fondo de Abu Dhabi, no ha tentado a Oliver Mintzlaff, el ejecutivo que supervisa las operaciones deportivas de la marca de las bebidas energéticas.
El movimiento confirma que Racing Bulls no se vende a cualquier precio: es la pata que sostiene el programa de jóvenes pilotos más exitoso de la parrilla y un laboratorio técnico que alimenta al equipo grande con datos, piezas y personal. Y en un campeonato donde las normas de límite presupuestario estrangulan la inversión directa, tener un segundo equipo es un multiplicador de recursos.
La oferta de Abu Dhabi y el inversor Andrew Herriot
Según el diario británico The Times, la oferta por Racing Bulls llegó a los representantes de Red Bull GmbH a través de Andrew Herriot, un reconocido inversor estadounidense, que actuaba en nombre de un grupo financiero de Abu Dhabi. La cifra: 3.000 millones de dólares, la más alta jamás registrada para un equipo de la zona media de la F1. Como referencia, otros equipos de media tabla han recibido ofertas que apenas rondaban los 800 o 900 millones.
Detrás de la propuesta también aparece Dean Attew, ex asesor de Bernie Ecclestone y figura clave en la venta de los derechos comerciales de la Fórmula 1 a Liberty Media en 2016. Su implicación sugiere que el interés no es meramente financiero, sino que hay una visión de largo plazo sobre el valor del activo Racing Bulls, sobre todo si el equipo sigue escalando en la clasificación.
La verdadera valoración de Racing Bulls: mucho más que un equipo de media tabla
El rechazo de Red Bull no es una sorpresa para quienes siguen de cerca la estructura de la empresa. Ya en 2024 hubo sondeos por 2.000 y 2.300 millones de dólares, rechazados con el mismo argumento: el valor del equipo es superior y su papel estratégico infla cualquier cálculo puramente financiero. La escudería con sede en Faenza, antigua Minardi, emplea a más de 400 personas y ha sido modernizada con inversiones millonarias en los últimos cinco años.
Además, en la temporada 2026 Racing Bulls apunta a superar los 100 puntos en el mundial de constructores, disputando palmo a palmo la quinta plaza con Alpine. Eso supone un retorno en premios muy saneado: unos 85-90 millones de dólares en ingresos por derechos comerciales y constructores, según estimaciones de paddock, lo que convierte al equipo en un activo autofinanciable. Así que la prisa por vender es inexistente.
Racing Bulls no es una escudería en venta, es un centro de formación y testeo que sostiene la ventaja competitiva de Red Bull Racing.
El programa de jóvenes pilotos y la sinergia técnica marcan el precio mínimo
Deshacerse de Racing Bulls sería renunciar al programa de formación más exitoso de la historia reciente de la F1. De su cantera han salido Sebastian Vettel, Max Verstappen, Daniel Ricciardo, Pierre Gasly o Carlos Sainz. La estructura permite probar pilotos en condiciones reales de carrera sin quemar etapas en el equipo principal, y además facilita la comparación de motores y componentes entre las dos escuderías, una ventaja técnica que otros equipos no tienen.
No es extraño que Oliver Mintzlaff, el ejecutivo de Red Bull responsable de la división deportiva, haya desestimado esta oferta con la misma contundencia con la que archivo la rumorología previa que involucraba a Christian Horner y al fabricante chino BYD. Entonces, la cifra que se mencionó era sensiblemente inferior y también fue descartada porque el valor del equipo se consideró muy superior.
Análisis de impacto
El verdadero titular no es la cifra récord de la oferta, sino que Red Bull prefiere mantener un equipo que le cuesta gestionar pero que le da ventaja competitiva estructural. Es la misma lógica que llevó a Mercedes a rechazar intereses de inversores sobre su proyecto: en una F1 donde los límites de gasto asfixian el desarrollo, tener dos equipos coordinados vale más que cualquier cheque. La diferencia es que Red Bull tiene un segundo equipo real, con motor, chasis y personal, no solo un acuerdo de suministro.
Además, hay un dato de mercado que pasa desapercibido: las valoraciones de los equipos de F1 se están inflando al ritmo que la categoría gana audiencia global y nuevos patrocinadores. Si Racing Bulls se consolida entre los cinco primeros, su precio dentro de tres años podría ser de 4.000 o 4.500 millones. Con esa perspectiva, vender ahora a 3.000 millones sería una urgencia innecesaria.
Por último, queda el rumor —sin confirmación oficial— de que el grupo inversor de Abu Dhabi podría presionar con una oferta mejorada que incluya plusvalías por rendimiento. Pero Mintzlaff tiene claro que el mando de la venta solo lo accionará Red Bull cuando el precio encaje con su hoja de ruta industrial, no antes. Y esa hoja de ruta pasa por seguir siendo el único equipo de la parrilla con un filial que realmente funciona como tal.


