Fabio Quartararo no se mordió la lengua en Mugello. El campeón de 2021 admitió que Yamaha está ‘completamente perdida’, y que su prioridad ahora es evitar lesiones en lugar de buscar resultados imposibles. La frase, que suena a rendición anticipada, refleja la profundidad de una crisis que el fabricante japonés arrastra desde su arriesgado giro al motor V4.
El fin de semana del Gran Premio de Italia fue un calvario para el francés. Clasificó 18º, a casi un segundo de la pole, y en la carrera sprint apenas pudo remontar hasta la 14ª posición. Peor aún: ni siquiera fue la Yamaha más rápida. Su compañero Alex Rins fue 12º en ambas sesiones, y Jack Miller, con la montura satélite de Pramac, lo superó en la parrilla de salida.
La cosa pudo ser todavía más grave. El viernes, Quartararo se fue al suelo en la curva 4 al perder el tren delantero, y en esa misma sesión estuvo a punto de repetir la caída. El gesto de frustración al golpear el depósito de su M1 se convirtió en la imagen del desencanto. No hay peor señal que un piloto compitiendo contra su propia máquina.
El espejismo de Jerez se desvanece en Mugello
Tras el test de Jerez del mes pasado, el garaje de Yamaha creyó haber dado con una dirección acertada. Quartararo habló de una sensación mucho mejor, de un paso adelante que, aunque modesto, permitía cierta esperanza. Sin embargo, el asfalto toscano ha devuelto al equipo a la casilla de salida, y el propio piloto lo resumió sin paños calientes: ‘hemos perdido completamente esa sensación’.
El problema de base no es la puesta a punto del fin de semana. Es la falta crónica de piezas nuevas. Quartararo lamentó que llevan meses rodando prácticamente con la misma moto, sin que el departamento técnico logre inyectar mejoras significativas. El motor V4, que debía catapultar a la fábrica de Iwata hacia los puestos de honor, sigue generando más incertidumbre que velocidad punta.

Del ‘dar el máximo’ a la supervivencia
‘No hay oportunidades’, sentenció ante los micrófonos de Canal+. ‘Lo principal es evitar hacerse daño. Por mi futuro, al menos quiero mantenerme en forma. Superaremos esta carrera de alguna manera. De todos modos, incluso puntuar va a ser difícil’. La declaración cambia el foco: del ataque al podio a una mera gestión de riesgos.
Un campeón del mundo que renuncia a soñar con posiciones de privilegio para centrarse en salir ileso no es solo un dato estadístico; es el síntoma de un proyecto que ha perdido el rumbo.
El de Niza reconoce que ni siquiera su trabajo como piloto puede ya inclinar la balanza. ‘Como pilotos, creo que estamos poniendo una enorme cantidad de esfuerzo e intensidad. Ahora ya no me corresponde realmente a mí hacer el trabajo de mejorar la moto’. La frase apunta directamente al seno de la estructura japonesa: hay un déficit de evolución técnica que excede al talento del piloto.
Los precedentes que Yamaha no puede ignorar
La deriva de la marca de los diapasones recuerda a otros tropiezos industriales del campeonato. Honda vivió una travesía similar con su RC213V, tardando años en recuperar competitividad. La diferencia es que entonces Marc Márquez apuraba hasta el límite físico, mientras que ahora Quartararo, con 27 años, prefiere preservarse. La apuesta por el propulsor en V4, lejos de acortar distancias, está cavando una brecha cada vez más profunda con los fabricantes europeos, especialmente Ducati.
El dato de Mugello es demoledor: del orden de cuatro décimas por vuelta cedidas solo en el primer parcial frente a las Desmosedici, sin contar con la degradación del neumático trasero, muy superior en la M1. En un circuito donde la potencia y la estabilidad en frenada marcan diferencias, la Yamaha se mostró irreconocible, incluso respecto a la versión que se vio en Jerez.
El calendario no da tregua. La próxima cita, en Sachsenring, exige agilidad y paso por curva, características que teóricamente deberían favorecer a la moto japonesa. Pero si la crisis es de concepto y no de trazado, como apunta Quartararo, el calvario se repetirá independientemente del asfalto.
Análisis de Impacto Motor16
- Dato de mercado: Yamaha es actualmente el último fabricante en la clasificación de constructores de MotoGP, por detrás de Aprilia, y acumula ya dos temporadas sin victorias. La renovación de Quartararo hasta 2026 está en riesgo si el rendimiento no despega.
- El rumor del paddock: En los corrillos de Mugello se habla insistentemente de un posible acercamiento de Quartararo a KTM para la próxima campaña, aunque su contrato vigente con Yamaha dificulta cualquier movimiento inmediato.
- Veredicto Motor16: Si la estructura de Iwata no entrega al menos dos actualizaciones aerodinámicas y un nuevo mapa motor antes del Gran Premio de Austria (finales de junio), la ruptura con su piloto franquicia será casi inevitable. Mientras tanto, el discurso de Quartararo es de auténtica autoprotección.

