El precio de los coches eléctricos cae un 18% desde 2020 mientras los de gasolina suben un 2% según ICCT

El estudio del ICCT y Fraunhofer revela que la batería es un 37% más barata, empujando a la baja el precio real de los eléctricos un 18% desde 2020. En España, la cuota de eléctricos puros supera el 8% y, junto a los híbridos enchufables, podría alcanzar un 28% en 2026.

La clave no está en el precio de tarifa, sino en el coste real corregido por inflación y prestaciones. El International Council on Clean Transportation (ICCT) y el instituto Fraunhofer ISI han analizado más de 100.000 configuraciones de vehículos en Alemania entre 2020 y 2025. La conclusión es nítida: el precio real de un coche eléctrico comparable ha caído un 18% en cinco años, mientras que el de un modelo de gasolina o diésel equivalente ha subido un 2%. La aparente paradoja —el PVP medio ha saltado de 37.000 a 53.000 euros— se explica por el cambio de mix de oferta, no por un encarecimiento intrínseco.

El efecto batería: -37% en coste por kWh desde 2020

El principal motor de la caída de precios es la célula. Según el mismo estudio, el coste de las baterías se ha reducido entre un 35% y un 37% en términos reales durante el periodo analizado. La cifra tiene un impacto directo en el precio final del vehículo, ya que la batería representa alrededor del 30-40% del coste total de fabricación. Cuando el kWh pasa de costar 110 euros a apenas 70 euros, el margen para abaratar el coche sin perder rentabilidad es abultado. En euros constantes, eso significa que el kilovatio hora de celda ha pasado de los tres dígitos a moverse por debajo de los 80 euros, una barrera psicológica que muchos analistas fijaban para alcanzar la paridad.

Sin embargo, parte de ese ahorro se ha reinvertido en packs de mayor capacidad, lo que explica que la rebaja no sea incluso más agresiva. Los fabricantes han optado por ofrecer más autonomía para despejar la ansiedad del potencial comprador, manteniendo los precios de tarifa en niveles que, a primera vista, parecen más elevados que hace un lustro. El coste de la célula ha bajado, pero el tamaño medio del pack ha subido, dejando la factura final del paquete parecida en euros, aunque con más energía a bordo.

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Las claves técnicas

  • Qué es: el abaratamiento estructural del vehículo eléctrico por la caída del coste de las celdas y la mejora de la eficiencia productiva, que reduce el precio real un 18% en cinco años.
  • Qué problema resuelve: reduce la brecha de precio con los coches de combustión, acelera la adopción y permite equipar baterías más grandes sin disparar el coste final.
  • Dónde y cuándo llega: el fenómeno ya se observa en la oferta europea, con 159 modelos eléctricos frente a 194 de combustión. En España, la cuota eléctrica alcanzó el 8,2% en 2025 y podría superar el 28% este año sumando híbridos enchufables.

El espejismo del precio de tarifa: cómo la gama alta disfraza la caída real

Los datos del ICCT muestran que el PVP medio de un eléctrico en Alemania pasó de 37.000 a 53.000 euros, una subida del 43% que parece contradecir la tesis del abaratamiento. El motivo, explican los autores, es un giro radical del catálogo: en 2020 los utilitarios básicos dominaban el mercado eléctrico, mientras que hoy el 73% de los modelos son de gama media y alta. Al mismo tiempo, la oferta total de eléctricos ha pasado de 38 a 159 modelos, al tiempo que la de combustión se ha reducido de 275 a 194. La consecuencia es clara: el comprador puede elegir entre muchos más coches eléctricos, con más tecnología y más autonomía, sin que el precio real del vehículo comparable haya subido.

La corrección por inflación y por mejora de producto —más potencia, más equipo, mayor tamaño— es lo que permite aislar el precio real. Y ahí es donde emerge la bajada del 18% en los eléctricos frente al encarecimiento del 2% en los de gasolina. Ese diferencial, de mantenerse en los próximos años, acercaría la paridad de coste total antes de lo que muchos informes previos anticipaban.

Lo que parecía una escalada imparable del precio de los eléctricos es, en realidad, el reflejo de un mercado que ha abrazado los SUV y las baterías de mayor capacidad; el coste real, sin embargo, no deja de bajar.

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Fuente: Freepik

Implicaciones para el conductor: más autonomía por menos dinero y un mercado español que acelera

El estudio se centra en Alemania, pero el patrón se repite en España con matices. El precio medio del coche nuevo alcanzó los 43.477 euros en julio de 2026, un 45,6% más que en 2019, según el barómetro de Coches.com y Ganvam. La subida se explica más por el endurecimiento de las normativas Euro y la avalancha de SUV que por una inflación generalizada, un proceso similar al ‘efecto mix’ detectado por el ICCT. Sin embargo, la penetración del eléctrico puro crece con fuerza: en 2025 se matricularon 101.627 unidades, una cuota del 8,21%, y los datos de 2026 muestran avances mensuales superiores al 50% interanual. Si se suman los híbridos enchufables, la patronal prevé que este año podrían suponer el 28% de las matriculaciones.

Para el conductor que duda, la traducción práctica es visible: hoy se puede acceder a un eléctrico con autonomías superiores a 400 km WLTP por un desembolso similar al de un diésel equivalente, una vez contabilizados los incentivos. El coste por kilómetro cargado sigue siendo inferior, y la menor depreciación esperada en los próximos años —gracias a baterías más duraderas— termina de cerrar la ecuación económica. Aun así, la distancia con los grandes mercados centroeuropeos persiste: los eléctricos representaban en 2020 apenas un 7,1% del catálogo español y hoy suponen un 36%, pero la infraestructura de carga y la percepción del consumidor aún lastran una adopción más rápida.

La conclusión del ICCT deja un horizonte optimista pero contenido. Peter Mock, su director europeo, advierte de que “el margen de bajada todavía no se ha agotado” porque los fabricantes no han trasladado toda la caída del coste de la batería al precio de venta. Si esa transferencia se acelera, los eléctricos podrían recortar otros diez puntos porcentuales de ventaja de precio. En un entorno donde el litio y el cobalto mantienen una presión estable, la variable que decidirá la velocidad de la transición no es la tecnología, sino la estrategia comercial de quienes ponen el coche en el concesionario.