En un giro sorprendente que matiza la apuesta digital de los últimos años, el CEO de Mercedes-Benz, Ola Källenius, ha reconocido que la industria del automóvil fue ‘demasiado lejos’ al eliminar los botones físicos de los coches. La declaración no supone, sin embargo, una renuncia a las grandes pantallas: el directivo sueco asegura que la tendencia de superficies táctiles cada vez mayores continuará. La clave, a partir de ahora, estará en devolver al conductor los mandos que realmente importan sin renunciar a la espectacularidad visual.
El ‘punto bajo’ de los botones y el giro estratégico de Mercedes
La confesión de Källenius llega tras años de críticas de clientes y medios especializados por la excesiva digitalización de las cabinas. Modelos como el Clase S o el EQS eliminaban casi cualquier ruleta o pulsador en favor de superficies táctiles en el volante y menús laberínticos en el sistema MBUX Hyperscreen. El propio CEO admite ahora que ‘a veces te adelantas y haces tecnología por el simple hecho de hacer tecnología, y quizás te olvidas un poco del cliente. La solución está en marcha: desde los últimos lanzamientos, Mercedes ha reintroducido mandos físicos en el volante y confirma que volverán ‘los botones más sensatos’ en próximos modelos.
No se trata de un paso atrás completo. El responsable de la marca insiste en que la industria no ha tocado techo en cuanto a pantallas, pero sí ha alcanzado un ‘punto bajo’ histórico en botones. La intención es corregir el exceso sin renunciar a la competitividad digital. De hecho, la propia gama EQ ha sido laboratorio de esta evolución: las primeras unidades con superficies hápticas fueron reemplazadas por volantes con teclas físicas tras las quejas de uso involuntario. Ahora, esa lección se extenderá a toda la familia de producto.
El MBUX Hyperscreen y la apuesta por las grandes pantallas
A pesar del anuncio, el futuro visual del habitáculo no se encoge. El MBUX Hyperscreen —una superficie acristalada de hasta 1410 milímetros de ancho que integra tres pantallas OLED— sigue siendo la bandera tecnológica de la firma. La pantalla central alcanza las 17,7 pulgadas en diagonal, y todo el sistema se apoya en una interfaz con inteligencia artificial que aprende de las rutinas del conductor. La conectividad y el multimedia seguirán apoyándose en este lienzo digital, con actualizaciones OTA y asistentes de voz cada vez más precisos.
La arquitectura de este tablero inteligente, sin embargo, será menos dictatorial. Källenius ha bromeado con que la interfaz debe ser tan sencilla que ‘un niño de cinco años o un miembro del consejo de Mercedes puedan usarla’. Ese umbral de sencillez es el que guiará la integración de los futuros controles físicos, que no serán una vuelta al pasado analógico, sino un complemento muscular para las funciones más repetitivas: volumen, climatización o modos de conducción.
Equilibrio entre pantalla y botón: lo que el conductor debe esperar
La decisión de Mercedes no es aislada. Otros fabricantes premium como BMW o Audi ya habían matizado su apuesta táctil con mandos giratorios y superficies híbridas. La novedad es el reconocimiento explícito de un error de concepto: la simplificación visual no siempre mejora la experiencia de uso. En pruebas internas, la propia marca comprobó que tareas sencillas como bajar la temperatura exigían hasta tres interacciones en pantalla, frente al gesto instintivo de una ruleta física.
Para el conductor, el mensaje es doble. Por un lado, las pantallas panorámicas y la digitalización de la cabina seguirán creciendo, potenciadas por el infoentretenimiento de última generación y la conectividad total. Por otro, las funciones prioritarias recuperarán un acceso táctil inmediato que reduce la distracción. El reto de los diseñadores será incrustar esos mandos sin romper la estética limpia que demanda el mercado actual. Las primeras filtraciones de futuros interiores apuntan a botones metálicos de perfil bajo integrados en las molduras, como ya ocurre en el nuevo Clase E.
La obsesión por eliminar mandos llevó a una interfaz que exigía más atención a la pantalla; ahora Mercedes corrige el rumbo sin renunciar a la espectacularidad digital.
El fondo de la reflexión de Källenius va más allá del diseño: toca la seguridad activa real. Un botón físico permite mantener la vista en la carretera, mientras que un menú táctil obliga a fijar la mirada varios segundos. La futura regulación de la Unión Europea sobre distracciones al volante (parte del paquete GSR2) presionará aún más a los fabricantes para que los controles esenciales sean intuitivos y no requieran exploración visual. En ese contexto, Mercedes se anticipa a un requerimiento normativo que llegará antes de 2030.
Lo que parece claro es que el péndulo ha tocado fondo. La próxima generación de vehículos de la estrella seguirá ofreciendo hipersuperficies digitales, pero con un guiño táctil reconfortante. La tecnología, en palabras del propio CEO, debe estar al servicio del cliente y no al revés.
Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: el MBUX Hyperscreen mide hasta 1410 mm de ancho, la superficie táctil más grande en un coche de producción actual.
- Lo que equipa: triple pantalla OLED, procesador de ocho núcleos, inteligencia artificial predictiva, controles por voz y mandos físicos en volante de nueva generación.
- Así te afecta como conductor: disfrutarás de pantallas envolventes sin perder los botones para volumen y climatización, lo que reduce la distracción y mejora la seguridad al volante.

