Una moto artesanal con el motor V10 de 8,0 litros de un Dodge Viper acaba de venderse en Reino Unido por casi 175.000 euros. No es una pieza de exposición: la Millyard Viper V10 ha rodado 17 años y unos 14.500 kilómetros por carreteras reales, incluidas la isla de Man y la isla de Wight.
El artífice es Allen Millyard, constructor británico acostumbrado a meter mecánicas de automóvil en chasis de moto. Terminó el proyecto en 2009 y lo mantuvo en uso hasta la subasta celebrada en Solihull. La puja en sala se cerró en 130.000 libras, en torno a 152.000 euros al cambio, y la factura final con comisiones y gastos rozó los 175.000 euros.
El motor de un deportivo americano en un chasis de moto artesanal
El corazón del proyecto procede de un Dodge Viper GTS de segunda generación de los años noventa. No hay una moto de serie debajo: la Millyard es un compendio de piezas adaptadas. El motor es un bloque atmosférico de gasolina con diez cilindros en V, 8,0 litros, 20 válvulas y distribución mediante varillas y balancines. Entrega 507 CV y 712 Nm de par máximo.
Esa contundencia obligó a fabricar casi todo a medida. El propulsor pesa por sí solo más de 318 kilos, y la moto completa supera ligeramente los 600 kilos. Para gestionar el par, Millyard prescindió de una caja de cambios convencional y montó una relación fija. Con distintas coronas traseras puede configurarse para rondar los 257 km/h o superar en teoría los 434 km/h.
Más de 600 kilos, 507 CV y una velocidad de récord

La construcción mecánica es tan peculiar como el motor. El tren delantero emplea barras de 75 milímetros procedentes de cilindros hidráulicos de maquinaria JCB, varillas internas de amortiguadores de un Opel Omega y muelles Hagon. Detrás utiliza dos amortiguadores modificados de Yamaha R1. Los colectores de escape artesanales llevan revestimiento cerámico para resistir altas temperaturas y limitar la transmisión de calor.
Uno de los detalles más llamativos tiene que ver con la seguridad del piloto. Millyard sustituyó el volante de inercia original de hierro fundido por una pieza de aluminio fabricada a medida, después de que el par de reacción del motor estuviera a punto de tirarlo al suelo durante las primeras pruebas. La solución aligera el conjunto y reduce la brusquedad del V10 a bajo régimen.
Las cifras de velocidad no son simples estimaciones. En 2009, la moto alcanzó 333,3 km/h con un solo ocupante en el circuito de Bruntingthorpe. En 2023, Allen Millyard y Henry Cole registraron 295,3 km/h en el aeródromo de Elvington y lograron el récord Guinness de velocidad para una motocicleta con dos ocupantes.
Más de media tonelada, un V10 de ocho litros y 17 años de kilometraje real convierten a esta moto en una pieza difícil de explicar como simple capricho de coleccionista.
La subasta, celebrada en Solihull, despertó el interés de coleccionistas europeos y británicos. El nuevo propietario es Tim Whittaker, un profesional de la ingeniería del automóvil. Su plan es aprender del propio Millyard a manejar la moto y continuar utilizándola, no encerrarla en una vitrina de forma inmediata. Durante el invierno cederá temporalmente la máquina para su exposición en un museo británico de referencia.
Lo que esta venta dice del coleccionismo artesanal
El precio final de casi 175.000 euros confirma el atractivo de las motos artesanales raras cuando existe una historia verificable de uso real. No es la típica moto de subasta con poco kilometraje y documentación breve: Millyard la condujo durante más de una década y media, la llevó a la isla de Man y la puso por encima de los 330 km/h. Esa biografía técnica vale tanto como el motor.
La elección de un V10 de ocho litros tampoco es casual. En un mercado europeo dominado por motores cada vez más pequeños y electrificación, el contraste entre la norma y la excepción artesanal explica parte del interés. Los compradores de piezas únicas pagan por lo que ya no se fabrica: mecánicas atmosféricas, par en bajos y una personalidad imposible de replicar en serie.
En España, el coleccionismo de piezas únicas sigue moviéndose en un escalón más discreto, pero el patrón británico se repite: el comprador no busca solo poseer, sino participar del conocimiento del constructor. La venta no es un punto final, sino una financiación para los futuros proyectos de Millyard, según explicó durante la operación.
El nuevo propietario tendrá que aprender una ergonomía límite y un mantenimiento casi artesanal, sin red de concesionarios ni manual de taller al uso. Eso forma parte del atractivo y del riesgo. La moto, además, volverá a rodar: la intención declarada es continuar utilizándola, algo poco habitual en este tipo de piezas.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: 175.000 euros, el precio final de la Millyard Viper V10 con comisiones incluidas.
- Consejo práctico: si buscas una moto artesanal británica única, sigue la escena británica de subastas de coleccionismo y exige historial documentado de uso, no solo fotos de taller.
- Así te afecta: la revalorización de las rarezas artesanales con mecánica de automóvil demuestra que el valor ya no depende solo de la marca, sino de la historia técnica y del constructor.

