El mercado del automóvil en Irán ofrece coches de producción nacional desde 3.960 euros, aunque solo accede a ese precio quien gana la lotería estatal. En el mismo país, un Toyota Land Cruiser VXR de 2026 roza los 276.000 euros.
Ambos datos conviven en el mismo escaparate y describen un mercado que funciona al revés que cualquier otro. Irán tiene una industria automovilística considerable y sostenida con dinero público, con marcas propias como Iran Khodro, Saipa, Pars Khodro o Bahman Motor, licencias de diseños chinos y modelos veteranos de Peugeot fabricados localmente.
El problema no está en la oferta. Está en el precio. Las autoridades de Irán fijan un precio de fábrica por debajo del valor de mercado para que los coches nacionales sigan siendo, sobre el papel, asequibles. Como la demanda real empuja ese umbral hacia arriba, el acceso a la ganga se sortea entre los ciudadanos.
Una lotería estatal para poder pagar el precio de fábrica
El sistema tiene dos columnas de precios. La primera es la de la lotería, fijada por decreto y por debajo del valor real. La segunda es el mercado abierto, donde el mismo coche cambia de manos por mucho más. Comprar un coche en Irán sin pasar por el sorteo significa pagar ese segundo precio, y entre uno y otro aparece el negocio: quien gana la lotería puede revender casi de inmediato con un margen enorme.
La escalera de precios ayuda a entenderlo. Un sedán nacional Shahin supera los 12.400 euros; un crossover Reera se coloca por encima de los 17.200 euros; un Peugeot 207 automático ronda los 11.200 euros. En la parte alta, el Land Cruiser VXR de 2026 se vende por unos 276.000 euros, en torno a 287.000 dólares, mientras ese mismo modelo se ofrece por unos 80.000 euros en Emiratos Árabes Unidos.
El precio oficial de los coches en Irán lo fija un decreto; el real, la escasez. Comprar deja de ser una decisión y pasa a ser un privilegio.
El coche como refugio: cuando el usado no pierde valor
Con una moneda que se debilita, los coches han dejado de comportarse como bienes que se deprecian. Funcionan como un activo refugio, igual que el oro o la divisa extranjera. Un utilitario modesto sirve para protegerse de la inflación, una lógica que en Europa solo se aplica a los clásicos de colección.
Los datos recogidos sobre el terreno permiten ponerle números. Un empleado de oficina con ingresos medios conduce un Peugeot 206 manual antiguo que podría vender por unos 4.000 euros. Dar el salto a un Peugeot 207 automático le costaría unos 11.200 euros. Después de vender su coche tendría que gastar más de 20 meses de su salario íntegro para subir de categoría. Y seguiría conduciendo un Peugeot antiguo.
Qué dice el caso iraní sobre los aranceles y el valor del coche
La distorsión no viene solo del precio intervenido. Viene también de la frontera. Solo un puñado de empresas vinculadas al Estado y algunos intermediarios tienen permiso para importar vehículos, y entre los aranceles y el IVA la factura final puede inflarse hasta un 200%, según los datos del sector publicados en Irán. Eso explica que el Land Cruiser cueste allí más del triple que en el país vecino.
En la Unión Europea, la importación de turismos procedentes de terceros países paga un arancel común que ronda el 10%, y el mercado funciona con reglas de competencia, etiquetas ambientales y una fiscalidad previsible. En España, un coche es un gasto que se deprecia desde el primer día, salvo en el segmento de clásicos y colección, donde la escasez sí sostiene el valor. El caso iraní lleva esa lógica al extremo: cuando el precio oficial y el precio real se separan demasiado, aparece un mercado paralelo.
Nadie plantea en Europa sortear el derecho a matricular un utilitario. Pero el ejemplo iraní muestra por qué los aranceles de importación de coches son una herramienta política y no un trámite: elevan el precio final, protegen la producción local y crean, de paso, una minoría con acceso privilegiado al producto. Los análisis del sector sitúan el negocio del automóvil en Irán en unos 41.700 millones de euros para 2026 y proyectan más de 64.000 millones en 2031.
El próximo hito será comprobar si esa proyección se sostiene con la producción nacional tirando del volumen o si el mercado abierto marca el ritmo. El detalle que conviene retener es otro: desde el inicio del conflicto armado en la región, los precios de los coches nacionales han subido entre un 40% y un 80%, y algunos modelos se venden más de un 130% por encima de lo que costaban en septiembre de 2025.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: coches nacionales desde 3.960 euros vía lotería estatal frente a los 276.000 euros del Land Cruiser importado, con recargos de hasta el 200% entre aranceles e IVA.
- Consejo práctico: si alguna vez importas un coche desde fuera de la Unión Europea, calcula arancel, IVA y homologación antes de firmar: en Irán ese sobrecoste puede duplicar el precio de salida.
- Así te afecta: en España el coche pierde valor desde el primer día, así que un mercado donde el usado se revaloriza solo se entiende mirando la inflación y la falta de alternativas de ahorro.

