Lucid prescinde del 18% de su plantilla y de un turno en Arizona: la calidad de sus eléctricos no basta para generar ventas.
El fabricante californiano anunció el lunes 22 de junio un nuevo recorte de personal que afecta a tiempo completo, contratistas y trabajadores por horas en Estados Unidos. La medida, que supone eliminar un turno completo en la planta de Casa Grande (Arizona), incluye la supresión del puesto de director de operaciones (COO) y la salida inmediata de Marc Winterhoff, antiguo CEO interino. Lucid espera ahorrar 158 millones de dólares anuales con esta reestructuración, aunque asumirá un coste de unos 32 millones en indemnizaciones. Se trata del segundo ajuste laboral en apenas cuatro meses: en febrero ya había despedido al 12% de los empleados.
La llegada de Silvio Napoli como consejero delegado el 1 de junio ha acelerado un plan de simplificación que busca alinear producción y demanda. El propio fabricante admitió en su comunicado que las decisiones responden a “condiciones de mercado en declive” y a la necesidad de reducir inventario. Y es ahí donde la noticia deja de ser una reestructuración más para convertirse en una radiografía cruda del momento que atraviesa la movilidad eléctrica premium.
El verdadero lastre: la demanda, no la producción
Lucid ha demostrado que sabe fabricar coches excelentes. El Air es una berlina que rivaliza sin complejos con los mejores del segmento; el Gravity traslada esa misma filosofía a un SUV de tres filas con una autonomía y prestaciones sobresalientes. Sin embargo, el mercado no responde. Durante el primer trimestre de 2026, la compañía produjo 5.500 vehículos pero apenas entregó 3.000 unidades. La diferencia se traduce en stock acumulado y en una fábrica que funciona por debajo de su capacidad.
Eliminar un turno de producción es la consecuencia lógica de ese desequilibrio. Ninguna planta recorta turnos si los pedidos aprietan. Lucid, que aspiraba a ser un competidor serio de Tesla, se enfrenta a una realidad más prosaica: el nicho de los eléctricos de lujo es pequeño, muy disputado y extremadamente sensible a los vaivenes de la economía.
La supresión del cargo de COO y la salida de Winterhoff apuntan en la misma dirección. Nápoles concentra poder para ejecutar una cura de adelgazamiento que permita a la marca llegar viva al lanzamiento de su próximo modelo, el Cosmos.
Lucid domina la tecnología y el diseño, pero no ha conseguido que el mercado le premie con el volumen que necesita para ser rentable.
El Cosmos, la baza que puede cambiarlo todo
El crossover eléctrico Cosmos será el primer producto de Lucid con un precio de partida por debajo de los 50.000 dólares. Un escalón muy inferior al del Air y el Gravity, que se mueven en rangos de entre 70.000 y más de 100.000. Abrir la marca a un público más amplio es, ahora mismo, la única vía para aumentar la demanda y absorber la capacidad productiva ociosa de Arizona.
Los bocetos registrados en la oficina de patentes muestran un vehículo de líneas modernas que mantiene el ADN estético de la casa. Si la ejecución técnica es correcta y los costes de producción se controlan, el Cosmos podría robar ventas a modelos como el Tesla Model Y o el Hyundai Ioniq 5, dos referentes indiscutibles del segmento. Pero el margen de error es mínimo. Un retraso, un sobrecoste o una recepción tibia del mercado colocarían a Lucid en una situación aún más delicada.
Por eso los despidos de ahora no se leen solo como un recorte. Son una apuesta: adelgazar al máximo la estructura para invertir cada dólar disponible en el lanzamiento del Cosmos.

Análisis de Impacto
El caso de Lucid no es aislado. En los últimos 18 meses, fabricantes exclusivamente eléctricos como Rivian, Fisker o Polestar han tenido que aplicar EREs, detener inversiones o solicitar financiación de emergencia. El denominador común es un mismo desajuste: la curva de adopción del vehículo eléctrico es más lenta de lo que los planes de negocio dibujaron entre 2020 y 2023, sobre todo en el segmento premium, donde la decisión de compra se enfría cuando los tipos de interés suben y la incertidumbre económica aprieta.
El precedente más incómodo para Lucid lo puso Fisker, que quebró a principios de 2025 porque su SUV Ocean no consiguió los pedidos esperados. Con una diferencia fundamental: los productos de Lucid están mejor resueltos, pero el problema de fondo —la incapacidad de escalar las ventas al ritmo que exige una fábrica dimensionada para un éxito que no llega— es el mismo. La comparativa con Tesla, que también sufrió un “infierno de producción” con el Model 3, no es un consuelo automático: Elon Musk contaba con un ecosistema de inversores, una red de supercargadores y un liderazgo de marca que Lucid no tiene.
La reestructuración que ahora ejecuta Silvio Napoli parece dolorosa pero inevitable. Concentrar recursos en el Cosmos es una decisión sensata si se cumple el calendario y el crossover convence a los compradores. Si falla, el recorte del 18% no será la última noticia que demos sobre los despidos en la compañía americana. La ventana de oportunidad se estrecha y el próximo hito —la llegada del Cosmos al mercado, prevista para finales de 2026 o principios de 2027— será el momento de la verdad para la marca californiana.

