Jaguar E-Type 1966 y Bristol 412 V8 turbo: dos clásicos británicos aparecen bajo el polvo de un cobertizo

The Late Brake Show localiza un Jaguar E-Type Series 1 de 1966 y un Bristol Beaufort V8 turbo, uno de los menos de veinte fabricados, en el cobertizo de una casa inglesa. Ambos llevan décadas parados y solo uno podría volver a arrancar.

El escenario no es un granero de película, sino el cobertizo adosado a uno, ese espacio doméstico donde una familia guarda las bicicletas de los niños. Ahí dentro, cubiertos de polvo y atados con cuerdas, esperan dos clásicos británicos: un Jaguar E-Type de 1966 y un Bristol Beaufort V8 turbo del que se fabricaron menos de veinte unidades en todo el mundo. Johnny Smith, presentador de The Late Brake Show, ha viajado hasta allí para sacarlos a la luz y, si hay suerte, arrancar uno. El primero es un icono universal. El segundo, casi un fantasma.

Un Jaguar E-Type con pasado kuwaití

El propietario se llama James y atiende a Smith con la tranquilidad de quien lleva años conviviendo con la culpa. Su E-Type es un Series 1, carrocería 2+2 y motor de 4.2 litros, y su historia no empezó en Reino Unido. El coche salió de fábrica con destino a Kuwait, donde British Leyland tenía presencia comercial y los clientes con dinero compraban deportivos británicos sin mirar el precio. Cuando llegó la crisis del petróleo en 1973 la marca siguió vendiendo a Israel, la Liga Árabe respondió cortando relaciones y muchos de aquellos coches se quedaron sin recambios y sin nadie que los moviera. Un militar destinado en la zona lo compró por muy poco y lo trajo de vuelta a Europa.

James entró en escena en 1980, cuando se lo compró a otro militar en Alemania. Han pasado 46 años y todavía recuerda lo que se sentía al pisar el acelerador en el Autobahn: adelantar a Mercedes y BMW con un deportivo británico de aspecto frágil. Vio 140 millas por hora marcadas en el velocímetro, unos 225 km/h, y sospecha que la leyenda de las 150 mph que rodea al E-Type es más mito que realidad.

Publicidad

El Jaguar dejó de circular alrededor de 1990. La razón no fue una avería, sino la vida: trabajo, familia, otras prioridades. Lo aparcó en un lugar sin protección contra la lluvia, el agua entró en el habitáculo y la corrosión hizo el resto. Cuando quiso reaccionar, el diagnóstico era contundente: aquello necesitaba mucho más que un repaso. Su plan era conseguir una carrocería nueva y trasplantar toda la mecánica, un trabajo que empezó y nunca terminó. En el vídeo se ve, de hecho, una puerta desmontada apoyada contra la pared.

Pese a todo, el E-Type aguanta la mirada. Smith lo recuerda como uno de los diseños más bellos jamás creados y, bajo el polvo, la silueta delata por qué. El coche lleva unos 29 años parado en ese cobertizo, protegido a medias por una lona y por la estructura del edificio. Nunca fue vendido ni desguazado. Simplemente, esperó.

Aquí hay dos coches británicos: uno está considerado el más bello jamás creado y del otro, que se vendió como el cuatro plazas más rápido de su época, casi nadie ha oído hablar.

— Johnny Smith, The Late Brake Show

Bristol Beaufort: el cuatro plazas más rápido que casi nadie conoce

El segundo coche es el que de verdad descoloca al presentador. Se trata de un Bristol, una marca nacida al calor de la industria aeronáutica británica: la empresa fabricaba aviones durante la Segunda Guerra Mundial y, cuando la demanda de aparatos cayó, reconvirtió parte de su actividad al automóvil a partir de 1945. El modelo que nos ocupa se llama Beaufort, toma el nombre de un avión de la propia compañía y deriva del Bristol 412, que vio la luz a mediados de los setenta.

La unidad del vídeo luce doble faro redondeado y un abultamiento en el capó pensado para alojar la tubería del turbo. Esa joroba es lo que lo distingue de un 412 convencional. Llega aquí el detalle incómodo: a este ejemplar le han quitado el turbo, así que su comportamiento se acerca más al de un 412 atmosférico que al del modelo del que presume la matrícula. En origen hablaba de un V8 sobrealimentado de unos 400 caballos, cifra descomunal para los frenos y las suspensiones de la época. Smith calcula que se fabricaron menos de veinte unidades en todo el mundo.

James lo compró en 1997 por una razón sentimental: de niño vivía frente a una casa donde aparcaban coches que no sabía identificar y que, años después, descubrió que eran Bristol. Cuando tuvo ocasión, se hizo con uno. Lo usó, lo disfrutó y también lo aparcó cuando la vida se puso por medio. La carrocería mezcla aluminio y fibra de vidrio, un cóctel que envejece mal cuando el agua entra por todas partes, y el techo engaña: parece un convertible y no lo es.

El plan de restauración que quedó a medias

El plan para el Jaguar era claro: conseguir una carrocería nueva y trasplantar la mecánica, los frenos y la suspensión del coche original. Una operación razonable cuando la chapa está demasiado castigada, pero que exige espacio, tiempo y dinero, y ninguna de las tres cosas sobraba. En el caso del Bristol, la intención es la misma: resucitarlo. El que dio el paso fue su hijo, que contactó con el programa para que un equipo con medios intentara algo que la familia ya no podía afrontar sola. En casa de James el gusto por los coches es contagioso: su mujer lo comparte y el hijo ha heredado lo que Smith llama, medio en broma, la enfermedad del automóvil.

Publicidad

Qué dice este hallazgo del mercado de clásicos

El E-Type es uno de los clásicos más perseguidos del planeta, pero no todas sus versiones cotizan igual. Las primeras series de dos plazas y techo fijo son las más deseadas; las variantes 2+2, con batalla más larga, siempre han ido un escalón por detrás en valoración. Eso convierte a una unidad como esta en candidata perfecta para una restauración con criterio, pero también en un proyecto donde es fácil invertir más de lo que el coche recuperará después. El Bristol juega otra liga: la marca cesó su actividad hace más de una década y su producción fue siempre artesanal y diminuta, así que cada ejemplar superviviente se ha vuelto más raro con el tiempo.

Para el lector que alguna vez ha dejado un coche parado temporalmente, este vídeo funciona como un espejo incómodo. Casi nadie decide abandonar un clásico; simplemente deja de tener tiempo un año, luego otro, y cuando quiere darse cuenta el agua ha entrado por la luna trasera y la corrosión ha ganado la partida. El coste de la restauración crece más rápido que el valor del coche, y ahí es donde muchas historias se quedan congeladas. Lo que distingue a James es la carga emocional: el Jaguar llegó a su vida en 1980 y el Bristol en 1997, y deshacerse de ellos no es una decisión contable.

Publicidad

¿Merece la pena devolver a la vida un 2+2 que nunca será el E-Type más deseado? ¿Y un Bristol al que le falta precisamente el turbo que lo hacía único? Smith no da respuestas definitivas, y probablemente ese sea el acierto del formato. Lo único seguro es que ambos coches han dejado de estar solos en el cobertizo.

Puedes ver la investigación completa en el vídeo original de The Late Brake Show en YouTube.

Youtube video