Honda pausa planta de EVs en Canadá tras pérdidas de 2.700 millones

Honda congela su proyecto de gigafactoría en Ontario tras registrar las primeras pérdidas netas de su historia reciente. La decisión no afecta al empleo actual, pero sí redirige el foco industrial hacia los híbridos, que ya suponen el 60% de su producción en Canadá.

Honda ha pulsado el botón de pausa en su gran apuesta eléctrica norteamericana. No es un compás de espera menor: la suspensión indefinida del proyecto de gigafactoría en Alliston, Ontario, llega tras registrar las primeras pérdidas netas de su historia reciente, un agujero de 2.700 millones de dólares que ha llevado a Toshihiro Mibe, CEO global, a replantear el calendario. La instalación iba a integrar ensamblaje de vehículos y producción de baterías con una capacidad de 240.000 unidades al año. Canadá se quedaba sin su primer ecosistema EV completo.

La decisión, confirmada en una rueda de prensa esta misma semana, convierte el ‘retraso táctico’ anunciado en 2025 en una suspensión indefinida. El proyecto, valorado en 15.000 millones de dólares canadienses (unos 10.800 millones de dólares estadounidenses), había sido presentado como el pilar industrial de Honda en Norteamérica para la próxima década. Ahora, la hoja de ruta se reescribe desde los híbridos.

No hay despidos sobre la mesa ni se ha ejecutado la financiación pública que Ottawa y la provincia de Ontario habían comprometido (en torno a 5.000 millones de dólares canadienses). Las líneas actuales de Civic y CR-V, que en 2025 produjeron cerca de 400.000 unidades en Canadá, con un 60% de versiones hibridadas, continuarán activas. El golpe es estratégico, no laboral.

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Las cifras que han torcido el plan

Las pérdidas de 2.700 millones de dólares de Honda no son un accidente contable. La compañía las atribuye, en parte, a los elevados costes asociados al desarrollo y la industrialización de vehículos eléctricos, combinados con un cambio de política en Estados Unidos que ha alterado el tablero. La administración Trump ha relajado los límites de emisiones y ha retirado los incentivos a la compra de EVs, modificando las proyecciones de demanda. La ecuación económica que sostenía la inversión en Ontario ya no cierra.

El comunicado oficial habla de un proceso de reestructuración del negocio de automoción que durará tres años, con recursos redirigidos de forma prioritaria hacia los modelos híbridos. Honda no abandona el coche eléctrico, pero rebaja drásticamente la velocidad de crucero con la que planeaba alcanzarlo. La señal es potente: el mercado norteamericano no está absorbiendo los volúmenes de EV que los fabricantes proyectaban hace apenas tres ejercicios.

El giro hacia la hibridación como tabla de salvación

La decisión de Honda no es un fenómeno aislado. Durante los últimos dos años, Ford, General Motors y Toyota han moderado sus objetivos de electrificación pura mientras aceleran las variantes híbridas e híbridas enchufables. En el caso de Honda, el viraje tiene una traducción industrial inmediata: la planta de Alliston, que iba a ser el buque insignia eléctrico, se mantiene como centro de producción de los Civic y CR-V híbridos, los modelos que realmente están sosteniendo el negocio.

Los prototipos recientes del próximo Acura RSX híbrido y de la nueva berlina Honda también hibridada confirman que la casa japonesa no se queda quieta. Está reasignando músculo de ingeniería hacia una solución intermedia que ya domina el 60% de su producción canadiense. A corto plazo, la hibridación ofrece márgenes más predecibles y una demanda consolidada, mientras el eléctrico puro sigue dependiendo de ayudas públicas y de una infraestructura de recarga que en Norteamérica avanza a un ritmo notable pero aún insuficiente para los volúmenes planeados.

Honda pérdidas EV

Análisis de Impacto Motor16

La suspensión de la gigafactoría de Ontario es mucho más que una noticia corporativa: es el termómetro de una transición energética que avanza con más fricciones de las previstas por los grandes centros de decisión. Honda, que nunca ha sido de las marcas más agresivas en electrificación total, paraliza un proyecto que iba a generar 1.000 empleos directos y que contaba con un respaldo político y financiero de primer nivel. El sector debe leer esto como un síntoma de estrés estructural, no como un repliegue táctico de un solo actor.

El dato de mercado es elocuente: la demanda de EV en Norteamérica se está enfriando en el segmento de volumen, y los fabricantes que habían realizado inversiones millonarias en baterías y plataformas dedicadas empiezan a protegerse. Honda pospone la fábrica y se abraza a los híbridos. Toyota, con su apuesta histórica por esta tecnología, observa cómo el resto del sector valida su estrategia con hechos, no con comunicados. Es una victoria silenciosa para los que frenaron la electrificación total.

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¿Y ahora qué? La gran cuestión es si Honda retomará el proyecto de Ontario en un plazo de tres a cinco años o si este movimiento es el primer paso hacia un rediseño completo de su estrategia EV. De momento, el mercado laboral no sufre, pero la credibilidad de las hojas de ruta eléctricas a diez años vista queda tocada. La transición sigue, pero a un ritmo más lento del que las cuentas de resultados parecen poder soportar.