Hagerty revela los coches clásicos WWII escondidos en Michigan

La exhibición Hidden Treasures del Gilmore Car Museum recrea los escondites europeos de tres clásicos de preguerra. Tom Cotter recorre sus historias y las de los coches convertidos en grúas para sobrevivir.

Pocas escenas resumen mejor el sinsentido de una guerra que un Duesenberg Model J escondido bajo una trampilla en un granero italiano. Hagerty, en su serie Barn Find Hunter, dedica un episodio completo a la exhibición Hidden Treasures del Gilmore Car Museum, en Michigan. Allí conviven tres clásicos de preguerra que sobrevivieron ocultos en Europa mientras las fuerzas nazis habrían podido convertirlos en chatarra.

El presentador Tom Cotter fue invitado por el Classic Car Club of America para ejercer de juez en dos categorías de coches preservados: clásicos y hot rods. Pero antes de repartir premios, el episodio se detiene en la historia de los tres supervivientes.

Qué es un clásico según el Classic Car Club of America

El director ejecutivo del club, John Hansen, explica ante cámara que para el CCCA un full classic es un coche de distinción fabricado entre 1915 y 1948. Producción limitada, rareza y tecnología avanzada para la época: árboles de levas en cabeza, frenos asistidos. Lo que hoy parece estándar, en los años treinta era vanguardia.

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La exhibición no se limita a aparcar los coches. Recrea los ambientes donde estuvieron ocultos: escaleras, sótanos, barriles. Según Hansen, la idea es contar la historia en el propio espacio escénico.

El Duesenberg escondido en un granero italiano

El primer protagonista es un Duesenberg Model J Tourster de 1931. Su dueño original, un norteamericano de Filadelfia descrito como un playboy que saltaba entre Estados Unidos e Italia, huyó rápidamente cuando Italia fue invadida. Dejó atrás el coche. Un segundo hombre lo escondió bajo una trampilla en un granero y, tras la guerra, lo vendió a un soldado estadounidense.

Hansen relata que el coche volvió a Estados Unidos y fue restaurado en los años sesenta. Hoy no es una pieza de vitrina: el Duesenberg ha participado en giras de 500 millas (unos 800 kilómetros) y se conduce con regularidad. Cotter subraya el contraste: un Ford Model A coetáneo rondaba los 30 o 50 caballos; este Duesenberg declara 265.

Pocas cosas definen mejor un barn find que intentar mantener un coche a salvo durante un conflicto armado.

— Tom Cotter, presentador de Barn Find Hunter

El Buick que nació como concept car y se ocultó en Dinamarca

El segundo coche es un Buick Special Touring de 1939 con carrocería de Maltby. Nació como ejercicio de diseño encargado por General Motors al carrocero, sin intención de venta. Un comprador lo vio en un salón del automóvil y presionó hasta que GM aceptó venderlo.

Seis meses después Dinamarca fue invadida. El dueño tenía una fábrica cerca del aeropuerto de Copenhague, zona de combate intenso. Su solución: esconder el Buick en el sótano de la fábrica, donde pasó el resto de la guerra. La exhibición recrea ese ambiente subterráneo con escaleras y sonido de bombas, apunta Hansen.

El Buick, con su motor de ocho cilindros en línea, ha participado en desfiles y giras. Cotter lo define como un crucero cómodo y dulce.

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El Packard del escritor marcado por los nazis

El tercer superviviente es un Packard Twelve Club Sedan de 1938. Su dueño fue el escritor Maurice Maeterlinck, presentado en el vídeo como un autor francés muy crítico con Hitler y con un precio por su cabeza.

Cuando Francia fue invadida, Maeterlinck huyó de su finca en el sur y escondió el Packard en un edificio anexo, detrás de unas barricas de vino. La zona quedó a unos 30 kilómetros de los combates de la Operación Dragoon, la retoma aliada del sur de Francia. El coche sobrevivió por poco.

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El destino de los que no tuvieron escondite

Cotter reflexiona ante un Lincoln de 1936 con motor V12: muchos coches como ese fueron desguazados en las campañas de recogida de chatarra de la Segunda Guerra Mundial. La industria necesitaba acero para tanques, aviones y munición. Los que no acabaron fundidos, a menudo fueron transformados en grúas: potentes, pesados, perfectos para remolcar.

El episodio encuentra a Adam, dueño de un Packard 640 coupe de 1929 que en 1936 pasó a trabajar como grúa. Lo compró tras ignorarlo durante meses en Facebook Marketplace y volver a verlo en un capítulo de American Pickers. No piensa restaurarlo: conserva la pintura blanca con la que se tapó el nombre del primer negocio y los restos de un letrero que dice Motor Motel. Las fugas de aceite y refrigerante no le molestan.

Preservar no es restaurar

La lección del episodio es doble. Por un lado, la restauración impecable de los tres europeos; por otro la conservación casi arqueológica del Packard grúa. Hagerty no toma partido explícitamente, pero la cámara se detiene en los detalles que cuentan: la lija que se detuvo a tiempo, los letreros superpuestos de dos negocios distintos.

Para quien quiera verlo en persona, la exhibición estará abierta hasta final de año, según confirma Hansen. Es una oportunidad de comprobar cómo la guerra moldeó el parque automovilístico clásico.

¿Qué habría pasado con estos coches si sus dueños no hubieran corrido? Probablemente nada bueno. La exhibición de Michigan lo deja claro: la historia del automóvil también se escribe con escondites, trampillas y barriles de vino.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Hagerty en YouTube.

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