La escena empieza a repetirse con más frecuencia de la que muchos conductores desearían: llegas a una gasolinera en carretera, reduces la velocidad, te dispones a repostar… y de repente aparece el temido cartel: «No hay combustible». Lo que hasta hace poco parecía una situación puntual se ha convertido en un fenómeno preocupante que afecta a miles de estaciones de servicio en Europa.
El caso más reciente tiene como protagonista a TotalEnergies, cuya red de gasolineras en Francia ha sufrido un desabastecimiento masivo tras una política de precios agresiva. El resultado ha sido un efecto dominó que pone sobre la mesa un problema mayor: el delicado equilibrio entre precio, demanda y suministro en el mercado de carburantes.
1Precios bajos, alta demanda: el origen del problema
La situación vivida en Francia no es fruto del azar. La decisión de TotalEnergies de fijar un tope en el precio de sus carburantes —por debajo del de la competencia— provocó un aumento inmediato y masivo de clientes en sus gasolineras. Conductores de todo tipo, desde particulares hasta profesionales del transporte, acudieron en masa buscando ahorrar unos euros por depósito.
Este incremento repentino de la demanda superó con creces la capacidad logística de reposición. Las gasolineras, preparadas para un flujo constante pero previsible, no pudieron adaptarse a una avalancha de vehículos en tan poco tiempo. El resultado fue inevitable: depósitos vacíos y surtidores cerrados en buena parte del país.


