El 56% de las empresas españolas tiene previsto aumentar su flota de vehículos eléctricos durante los próximos dos años. El dato, extraído de un estudio de DKV Mobility a partir de 1.732 entrevistas a gestores de flotas de ocho países europeos, muestra que la transición eléctrica ya no es una opción a largo plazo, sino una realidad inmediata. Pero la misma encuesta revela que el precio de adquisición y una infraestructura de carga pública percibida como insuficiente siguen siendo los frenos más citados por quienes todavía dudan.
El estudio, realizado en 2026, sitúa a España en una posición intermedia dentro del continente. Mientras que Países Bajos lidera la presencia de eléctricos en flotas corporativas, los países del este de Europa mantienen una fuerte dependencia del diésel. En España, el 56% de las compañías consultadas afirma que ampliará su parque eléctrico, un porcentaje que escala al 70% en grandes corporaciones y empresas de transporte. Solo un 7% planea reducirlo.
La recarga propia, el as bajo la manga de las empresas
El informe de DKV Mobility pone el foco en un dato revelador: nueve de cada diez empresas que ya utilizan vehículos eléctricos cuentan con puntos de carga en sus instalaciones. Esa cifra no es casualidad. Para cualquier compañía que dependa de una flota operativa, la certeza de tener los vehículos cargados al inicio de la jornada marca la diferencia. De ahí que el 70% de los encuestados declare su intención de ampliar esa infraestructura propia durante los próximos dos años.
Esta apuesta por la carga privada —en el lugar de trabajo o en la base logística— permite controlar mejor el gasto energético, optimizar las rutas y sortear las incertidumbres de una red pública que muchos gestores ven aún escasa para un uso intensivo. De hecho, la Agencia Internacional de la Energía recuerda que la inmensa mayoría de las recargas del eléctrico se realiza en el hogar o en el centro laboral.

El ancla que todo lo ralentiza: precio y autonomía
Pero no todo es una carretera despejada. El mismo estudio señala que el coste de adquisición de los vehículos eléctricos sigue siendo la barrera principal para el 68% de los gestores de flota. A eso se suman el incremento de la tarifa eléctrica en los últimos meses y la percepción de una autonomía todavía limitada para determinados usos profesionales. Todo ello conforma un cóctel que explica por qué, aunque las intenciones de electrificación crecen, muchas pymes posponen la decisión a la espera de que los números cuadren mejor.
“Ya no discutimos si el coche eléctrico entra o no en la flota. Discutimos cómo hacer que cueste lo mismo —o menos— que el diésel”, resume un gestor de flotas entrevistado para el estudio, en una frase que bien podría extrapolarse a todo el sector.
La electrificación de flotas ya no es una cuestión de voluntad, sino de números. El que encuentre la fórmula para abaratar cada kilómetro recorrido se llevará la partida.
Esa ecuación explica por qué el renting eléctrico ha ganado peso en los últimos años. Las cuotas fijas, que incluyen mantenimiento y seguro, simplifican la decisión al convertir un gran desembolso inicial en un gasto mensual predecible. Las grandes corporaciones son las que más tiran de esta fórmula, pero las pymes empiezan a interesarse por ella a medida que las ofertas se adaptan a flotas de menor tamaño.
Las pymes, en cambio, se mueven con más cautela. La inversión inicial sigue siendo una losa, y la falta de acceso a crédito verde en condiciones ventajosas retrasa la renovación. Pero la dirección está marcada: los próximos dos años serán decisivos para ver si el eléctrico logra desbancar al diésel en los parques de vehículos de empresa.
Información útil para el conductor
- Base legal: El Reglamento europeo sobre normas de emisiones de CO2 para vehículos nuevos obliga a los fabricantes a reducir las emisiones medias, lo que acelera la oferta de modelos eléctricos asequibles.
- Incentivos vigentes: El Plan MOVES III (o sus sucesores) ofrece ayudas de hasta 7.000 euros para la adquisición de furgonetas eléctricas, siempre que se achatarre un vehículo antiguo. Conviene revisar la convocatoria autonómica activa.
- Ahorro potencial: Según datos de la OCU, el coste por kilómetro de un vehículo eléctrico en uso urbano puede ser hasta un 50% inferior al de un diésel equivalente, gracias al menor gasto energético y al mantenimiento reducido.
- Curiosidad: Países Bajos, líder en electrificación, tiene más del 30% de sus flotas corporativas compuestas por vehículos eléctricos. En España, el porcentaje ronda el 12%, aunque la tendencia es al alza.
- Consejo de Motor16.com: Si gestionas una flota, calcula el Coste Total de Propiedad (TCO) incluyendo consumo, mantenimiento y ayudas. Un eléctrico puede salir más rentable que un diésel si los recorridos son cortos y se recarga en horario nocturno.


