Cada operación salida repite la misma escena: carreteras llenas, prisas por llegar al destino y miles de conductores que siguen «un poco más» antes de parar. Unos retrasan el descanso para ganar tiempo, otros creen que detenerse rompe el ritmo del viaje, y la DGT lleva años insistiendo en la recomendación de hacer una pausa cada dos horas o cada 200 kilómetros.
Para Tráfico, este consejo es una medida directa para reducir la fatiga, mejorar los reflejos y reducir la siniestralidad en carretera. Pero aunque muchos conductores lo conocen, pocos lo cumplen con disciplina. En trayectos largos, precisamente cuando es más necesario, es habitual apurar hasta el límite. El problema es que el cansancio no siempre avisa, y cuando lo hace, a menudo ya es tarde.
3¿Por qué casi nadie cumple con esta recomendación?
Pese a la insistencia de la DGT, muchos conductores siguen viendo las pausas como una pérdida de tiempo. Existe una falsa idea muy arraigada: cuanto menos se pare, antes se llega. Pero esa lógica suele ser engañosa. Un descanso de diez o quince minutos apenas altera la duración total del viaje y, en cambio, mejora notablemente la seguridad.
También influye el exceso de confianza. Muchos conductores experimentados creen que pueden aguantar más sin problema; otros se apoyan en el café o en bajar las ventanillas para combatir el sueño. Son soluciones temporales, pero que no sustituyen una parada real. Según la DGT, ningún truco improvisado reemplaza el descanso. Si el cuerpo necesita parar, no hay atajo que lo compense.


