Cada operación salida repite la misma escena: carreteras llenas, prisas por llegar al destino y miles de conductores que siguen «un poco más» antes de parar. Unos retrasan el descanso para ganar tiempo, otros creen que detenerse rompe el ritmo del viaje, y la DGT lleva años insistiendo en la recomendación de hacer una pausa cada dos horas o cada 200 kilómetros.
Para Tráfico, este consejo es una medida directa para reducir la fatiga, mejorar los reflejos y reducir la siniestralidad en carretera. Pero aunque muchos conductores lo conocen, pocos lo cumplen con disciplina. En trayectos largos, precisamente cuando es más necesario, es habitual apurar hasta el límite. El problema es que el cansancio no siempre avisa, y cuando lo hace, a menudo ya es tarde.
2La fatiga: el enemigo invisible en carretera
Uno de los problemas de la somnolencia es que aparece de forma gradual. No llega con señales evidentes, sino como pequeñas pérdidas de concentración. Miradas más largas al vacío, parpadeos frecuentes, errores al mantener la trayectoria o la sensación de haber recorrido kilómetros sin recordarlo son señales claras de peligro.
La DGT advierte de que conducir cansado puede ser equiparable a hacerlo bajo los efectos del alcohol. Los tiempos de reacción aumentan y el juicio se deteriora. El riesgo se multiplica especialmente en verano, cuando las temperaturas y el tráfico se intensifican y los trayectos suelen ser más largos. En esa época es cuando la regla de oro cobra aún más sentido.


