Seguro que ya has ido conduciendo por esa autovía a 120 km/h y, de repente, te encuentras con una señal de 100 km/h que parece haber brotado de la nada. No es un error de visión ni una señal temporal por obra, sino la nueva realidad que la DGT está imponiendo en España desde que arrancó este 2026. Aunque el reglamento general todavía diga que en las vías de alta capacidad el límite es de 120, la práctica está dictando una sentencia muy distinta. Te están obligando a levantar el pie del acelerador en sitios donde, sinceramente, a veces cuesta entender el porqué.
Esta situación está generando un malestar creciente entre los conductores. Las carreteras por las que pagan impuestos, y que se supone que son las más seguras, se están convirtiendo en una ratonera de radares. La excusa oficial siempre es la misma: la seguridad. Pero cuando ves que tramos perfectamente rectos y con buena visibilidad pierden esos 20 km/h de margen, es normal que te preguntes si de verdad buscan salvar vidas o si lo que quieren es que las multas sigan fluyendo hacia las arcas públicas.
4El eterno debate entre seguridad real y el afán de recaudar
Cuando la DGT justifica estas medidas, siempre pone por delante las estadísticas de fallecidos y heridos graves. Es un argumento muy difícil de rebatir porque nadie quiere que haya accidentes. Sin embargo, muchos expertos sospechan que hay una motivación secundaria muy potente: el dinero.
Bajar el límite de 120 a 100 en una autovía amplia y segura es la forma más fácil de cazar a conductores que no son peligrosos, sino que circulan como lo han hecho toda la vida. Es una trampa legal que convierte a ciudadanos responsables en infractores de la noche a la mañana.
Si de verdad se buscara la seguridad, el dinero de esas multas debería invertirse en arreglar el firme de muchas carreteras convencionales que están en un estado lamentable, o en eliminar guardarraíles asesinos para los motoristas. Pero es mucho más rentable poner una señal de 100 en una autovía de tres carriles y esperar a que los coches pasen por delante del radar. Es una desconexión total entre la realidad de la tecnología automotriz y las leyes que nos imponen.


