El Cord Experimental Berline de 1936 condensa, en un único bastidor, dos audacias técnicas que la industria estadounidense tardaría décadas en adoptar de forma masiva: la tracción delantera y los faros escamoteables.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el prototipo nació sobre la base del Cord 810 y su evolución 812, y reunió la tracción delantera con faros escamoteables manuales en una carrocería experimental única.
- No te lo puedes perder: la columna Cumberford Perspective de Sports Car Market documenta con crudeza los defectos de proporción del prototipo: capó alto, parrilla anodina, aletas desproporcionadas y un techo abultado que estropea el perfil.
- Datos y producción: se trata de un ejemplar único, sin registro de serie; el Cord 810 se presentó en 1935 y se fabricó entre 1936 y 1937 antes de que el 812 con compresor cerrara la historia de la marca.
Un prototipo nacido sobre la base del 810
Basado en el Cord 810, el modelo que Gordon Buehrig diseñó para E.L. Cord, este sedán experimental tomó las aletas del 812 y las adaptó a una berlina de mayor altura interior. La marca Cord, integrada en el conglomerado Auburn Automobile Company, había sorprendido al Salón del Automóvil de Nueva York en noviembre de 1935 con una propuesta radical: tracción delantera, cambio semiautomático preselector y faros que desaparecían en las aletas mediante manivelas. Más contexto sobre la saga técnica en la entrada de Wikipedia dedicada al Cord 810.
La columna Cumberford Perspective, que publica Sports Car Market, no ahorra críticas al prototipo. El capó, demasiado alto y recto, termina en una parrilla dividida en dos piezas sin el menor carácter. Las ruedas y las aletas parecen pequeñas para la masa del conjunto, y el estribo corrido, por práctico que resulte, nace condenado estéticamente.
El techo abultado para ganar altura trasera choca con la curva de las puertas, reutilizadas de los modelos contemporáneos 810 y 812 para ampliar el volumen interior. La zaga tampoco convence: un maletero postizo y unos faros redondos sin integración alguna completan un ejercicio de diseño que la propia fuente califica de falto de gracia.
Tracción delantera y faros ocultos: el legado técnico
Conviene recordar que la tracción delantera no era una novedad absoluta en 1936. Citroën ya la había popularizado en Europa con el Traction Avant dos años antes. Ahora bien, Cord fue la primera firma estadounidense de prestigio en apostar por ella en un automóvil de lujo, y lo hizo con un motor V8 Lycoming situado muy por debajo de la línea del capó.
Los faros escamoteables, accionados a mano desde el habitáculo mediante sendas manivelas situadas a ambos lados del salpicadero, constituían la firma visual del 810. En el Cord Experimental Berline, según documenta la fuente, las manivelas se conservan en el panel de instrumentos de metal torneado, flanqueando un conjunto de ocho relojes dispuestos con esmero.
El Cord Experimental Berline no nació para ser bello: nació para explorar los límites del 810 y explicar, con sus errores, lo que la serie no se atrevió a tocar.

El interior, en cambio, sale mejor parado. La madera pulida corona la parte superior de las puertas y remata la base del parabrisas en V de doble cristal. El único pero relevante: pese a tratarse de una berlina de representación, el habitáculo trasero no parece beneficiarse de asientos plegables ni de un volumen especialmente generoso.
Lo que el prototipo revela del diseño Cord
El Cord Experimental Berline no debe leerse como una obra acabada, sino como un documento técnico de excepción. Su valor reside precisamente en la imperfección: la carrocería del prototipo deja al descubierto las dificultades de adaptar el lenguaje del 810 a una berlina de mayor altura sin la intervención de un carrocero capaz de armonizar las masas.
El contraste con el modelo de producción es elocuente. Gordon Buehrig consiguió en el 810 una silueta baja y tensa, con una parrilla envolvente y aletas bien plantadas. El experimental, al reutilizar aletas del 812 y elevar el techo, rompe ese equilibrio. Según la columna, ni siquiera las puertas encajan bien con el perfil del techo.
Merece la pena observar el interior para entender la dualidad del prototipo. El salpicadero de metal torneado con ocho instrumentos y la madera pulida delatan un nivel de ejecución elevado, propio de una marca que aspiraba a codearse con las berlinas de lujo europeas. La tracción delantera y el cambio preselector, heredados del 810, sitúan al conjunto en la vanguardia técnica de su época.
En la actualidad, piezas como esta sobreviven en colecciones privadas o en museos como el Auburn Cord Duesenberg Automobile Museum, que custodia el legado de la marca. Su rareza convierte cada observación en un acto de arqueología industrial: lo que en 1936 pudo parecer un ejercicio fallido es hoy un testimonio único de una ambición sin red.

