Conducir medicado: el riesgo invisible que uno de cada tres españoles asume al volante

El 34% de los conductores reconoce coger el coche bajo los efectos de fármacos que pueden afectar a la conducción, pero solo el 3% lo identifica como un riesgo cuando piensa en qué precauciones tomar. Así lo revela un nuevo estudio que también incide en que entre el 5% y el 10% de los siniestros de tráfico podrían estar relacionados con los efectos de los medicamentos al volante.

Tomarse una pastilla y ponerse al volante es un gesto cotidiano para muchos conductores que, sin embargo, puede esconder un gran riesgo para la seguridad vial si ese fármaco interfiere al conducir. Y es que, uno de cada tres conductores en España (34%) reconoce haber cogido el coche bajo los efectos de medicamentos que pueden afectar a su capacidad al volante. Y se estima que estos fármacos podrían estar detrás de entre el 5% y el 10% de los siniestros de tráfico.

Son algunas de las conclusiones a las que llega el estudio ‘Fármacos y Conducción’, elaborado por Fundación Mapfre y Fundación Bidafarma, en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y la consultora Salvetti Llombart, con el objetivo de radiografiar el nivel de conocimiento y concienciación de la población sobre el hecho de conducir bajo los efectos de la medicación.

Un riesgo que los conductores reconocen… pero no aplican

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Fuente: Fundación Mapfre

El estudio también concluye que la medicación sigue siendo un riesgo vial poco integrado en los hábitos preventivos, pese a que tres de cada cuatro conductores habituales (75%) han tomado en los últimos tres años algún fármaco que puede afectar a la conducción.

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Los datos del informe dibujan una contradicción reveladora. Cuando se pregunta directamente por el nivel de peligro de conducir tras tomar medicamentos, los conductores lo puntúan con un 6,9 sobre 9, y el 83% admite que representa un riesgo alto.

El problema aparece cuando esa percepción tendría que traducirse en comportamiento: solo el 26% dice extremar la precaución al medicarse y conducir, y apenas un 3% lo menciona de forma espontánea al pensar en qué le hace conducir con más cuidado. Es decir, la medicación no forma parte del ‘chequeo mental’ automático que sí activan otros riesgos como la lluvia (72%), la conducción nocturna (60%) o el cansancio (53%), que generan elevados niveles de alerta entre los conductores.

La trampa del «yo controlo»

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Los presentadores del estudio, de izda. a dcha: Jesús Monclús, director experto de Seguridad Vial y Prevención de Fundación Mapfre; Rita de la Plaza, tesorera del Consejo General de Colegios Farmacéuticos; Montserrat Pérez, subdirectora General de Formación y Educación Vial de la DGT; Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre; Manuela Villena, directora de Fundación Bidafarma; y Ida Castellsaguer, Business & Sales director de Salvetti Llombart. Foto: Fundación Mapfre

Detrás de esa desconexión hay una confianza excesiva en la propia capacidad de compensar los efectos de un fármaco. El 61% de los conductores medicados asegura que su tratamiento no afecta o afecta poco a su forma de conducir, una cifra que sube hasta el 73% entre quienes, pese a medicarse, deciden seguir al volante.

El matiz importante es que muchos de esos efectos —somnolencia, reflejos más lentos, menor atención— son precisamente los más difíciles de percibir por uno mismo. De hecho, casi la mitad (49%) de quienes conducen medicados admite haber notado alguno de estos síntomas, aunque la reacción habitual no es dejar de conducir, sino simplemente bajar el ritmo o «tener más cuidado».

Los medicamentos se asocian a mejoras en la salud, al ser prescritos por profesionales médicos, lo que puede reducir la percepción de riesgo de su impacto en la capacidad al conducir», explica Eva Arranz, médico de Fundación Mapfre. «Muchos conductores no identifican el riesgo o piensan que pueden compensar los efectos de la medicación al volante. Ese desconocimiento y esa falsa sensación de control es, precisamente, uno de los principales problemas que revela este estudio», añade. Arranz insiste en un mensaje claro: quien necesite conducir debe consultarlo con su médico para adoptar las medidas adecuadas, sin abandonar nunca el tratamiento por su cuenta.

No es solo ansiolíticos: otros fármacos habituales también afectan a la hora de conducir

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Foto: Europa Press

El estudio también desmonta otro mito frecuente. Los conductores identifican con relativa facilidad el riesgo de fármacos para dormir, la ansiedad, la depresión o el dolor intenso, pero tienden a infravalorar medicamentos mucho más normalizados en el día a día, como antigripales, antitusivos, antihistamínicos, relajantes musculares o incluso ciertos productos «naturales» para dormir o relajarse.

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A esto se suma un fenómeno en aumento: la polimedicación y el consumo cada vez más habitual de fármacos sin receta, que puede generar efectos acumulativos e interacciones farmacológicas peligrosas, especialmente si además se combinan con alcohol.

¿Quién conduce con más riesgo?

El perfil del conductor que más se expone a este riesgo tiene una media de 50 años, sin diferencias claras entre hombres y mujeres. Usa el coche sobre todo para gestiones diarias y personales (73%) y suele llevar muchos años conduciendo: el 64% tiene el carné desde hace más de dos décadas. Un perfil, en definitiva, alejado del estereotipo de conductor «de riesgo» y mucho más cercano al conductor medio.

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El problema no es la falta de información

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Fuente: Pexels

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que la falta de datos no es la causa del problema. El 93% de los conductores medicados asegura haber recibido alguna advertencia sobre los riesgos de conducir tras tomar ciertos medicamentos. Sin embargo, saberlo no basta para actuar: existe una brecha de 26 puntos entre conocer el riesgo y adoptar medidas preventivas, una distancia que se dispara hasta los 51 puntos entre quienes efectivamente conducen medicados.

«El estudio concluye que el principal desafío es transformar el conocimiento en acción preventiva, incorporando la medicación al mismo nivel que otros factores de riesgo ampliamente interiorizados por los conductores, como el alcohol, el sueño o las condiciones meteorológicas adversas», afirma Rita de la Plaza, tesorera del Consejo General de Colegios Farmacéuticos. «La cercanía y accesibilidad de las farmacias facilitan al ciudadano la consulta de todas las dudas en torno a los medicamentos y la conducción», añade.

La consulta médica y la farmacia, los momentos clave para prevenir

Según el informe, la prevención debería activarse en el momento de la prescripción médica (69%) y en la dispensación en farmacia (49%), identificados como los instantes más eficaces para transmitir información sobre riesgos y fomentar una conducta preventiva. El reto, coinciden los expertos, es que antes de arrancar el coche los conductores se pregunten no solo si han bebido o si están cansados, sino también si han tomado algún medicamento que pueda afectar a su seguridad y a la de los demás.

Las fuentes sanitarias —médicos especialistas, de atención primaria y farmacéuticos— son, además, las que generan más confianza y mejor recuerdo entre los conductores.

«Es fundamental que la información llegue antes de iniciar el tratamiento y por todas las vías posibles. Médicos, farmacéuticos, prospectos y envases tienen un papel decisivo en esa primera advertencia, y desde la DGT o los Centros de Reconocimiento de Conductores podemos contribuir a reforzar ese mensaje y convertirlo en un hábito más de seguridad vial», señala Montserrat Pérez, subdirectora General de Formación y Educación Vial de la DGT.

Un pictograma que pocos reconocen

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Fuente: DGT

Desde 2007, algunos medicamentos incluyen un pictograma de advertencia sobre su efecto en la conducción, pensado como recordatorio visual en el momento justo. Pero su eficacia depende de que se reconozca, y ahí está el problema: un 42% de los conductores dice no reconocerlo o no tener claro su significado.

Tampoco ayuda que buena parte de los conductores medicados solo consulte el prospecto de forma reactiva, cuando ya nota algún síntoma o duda, en lugar de hacerlo de forma preventiva antes de tomar el fármaco.

El estudio concluye que hace falta una estrategia coordinada y multicanal entre profesionales sanitarios, administraciones, autoescuelas, medios de comunicación y canales digitales, que combine información objetiva sobre los riesgos con mensajes emocionales, de forma similar a como se ha trabajado la concienciación sobre el alcohol, el sueño o el mal tiempo al volante.

Para reforzar ese mensaje en los puntos de contacto más cercanos al momento de uso —el envase, el prospecto, el ticket de compra y, sobre todo, la farmacia—, ya se ha puesto en marcha una campaña informativa que llegará a farmacias de toda España, con materiales de sensibilización para pacientes y una guía práctica para farmacéuticos.