Hay mantenimientos del coche que solemos tomarnos en serio… y otros que vamos dejando “para más adelante”. El cambio de aceite pertenece, muchas veces, a este segundo grupo. Entre prisas, falta de tiempo o simplemente por ahorrar unos euros, muchos conductores alargan más de la cuenta este proceso básico.
Sin embargo, lo que parece una decisión sin importancia puede acabar convirtiéndose en un problema muy serio. El aceite es, literalmente, la sangre del motor. Y cuando deja de cumplir su función correctamente, las consecuencias no tardan en aparecer. Desde un simple aumento del consumo hasta averías que pueden dejar el coche inservible.
2El desgaste invisible que empieza mucho antes de la avería
Uno de los grandes problemas de retrasar el cambio de aceite es que los daños no siempre son inmediatos ni evidentes. El deterioro comienza poco a poco, de forma silenciosa.
A medida que el aceite envejece, se vuelve más espeso y pierde su capacidad de lubricación. Esto provoca un aumento de la fricción entre las piezas internas del motor, lo que acelera su desgaste.
El resultado es un motor que trabaja más forzado, con más esfuerzo y menos eficiencia. Y aunque al principio no lo notes, ese desgaste acumulado puede acabar pasándote factura en forma de averías costosas.


