Hagerty resucita un Camaro Pace Car de 1967 tras 50 años en un desguace

El equipo de Driveway Finds se dio seis años para poner en marcha un Pace Car de 1967 y acabó dándose un fin de semana. Entre un 396 correcto en números y una pintura aplicada sobre grava, el vídeo es menos una restauración que una apuesta contra el reloj.

Hagerty se ha puesto un ultimátum y lo ha grabado. El equipo de su serie Driveway Finds llevaba seis años prometiendo devolver a la carretera un Camaro Pace Car de 1967 y en el episodio más reciente se plantó una fecha: del viernes al domingo, sin excusas. Cuarenta y ocho horas para que un coche que llevaba medio siglo parado se mueva por sí mismo.

El protagonista es uno de los Camaros más singulares que han pasado por el taller del canal. Según explica el propio programa, se trata de una de las dos o tres centenas de unidades Pace Car fabricadas en 1967, una serie ligada a las 500 Millas de Indianápolis. Hagerty lo compró hace seis años y desde entonces había ejercido de adorno inmóvil en la nave. Antes, sostienen, llevaba desde los años 70 en el mismo desguace.

Un Pace Car de 1967 que llevaba medio siglo parado

El coche llegó al taller en un estado que el equipo describe sin dramatismo: carrocería sin pintura definitiva, piezas repartidas por ubicaciones distintas y un subframe provisional montado una noche a las once para poder empujarlo. Nada de eso era nuevo. Lo nuevo era la fecha marcada en el calendario.

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El subframe definitivo, también de Camaro de 1967, ya venía con rótulas y frenos nuevos. Las piezas, en cambio, llevaban seis años acumuladas en cajas. En el vídeo se nota la incertidumbre: nadie está del todo seguro de que esos contenedores guarden todo lo necesario para terminar el coche en un fin de semana.

48 horas y una fecha límite autoimpuesta

La premisa del capítulo tiene su gracia porque los dueños del coche son ellos mismos. Lo reconocen sin rodeos: durante años culparon al calendario, a otros proyectos y a la falta de tiempo. El problema eran ellos. Así que la solución fue la más simple y la más incómoda a la vez, fijar un objetivo público y trabajar contra el reloj.

El viernes se les echa la noche encima moviendo la carrocería hacia el interior del taller. El sábado aparecen los amigos, que es el momento en que el proyecto empieza a parecer viable. Todo el episodio se sostiene sobre esa tensión doméstica: coche, reloj y una lista de tareas que no admite distracciones.

Podíamos dejar que el Pace Car siguiera siendo adorno de jardín o usar las piezas que tenemos para devolverlo a la carretera y empezar a disfrutarlo.

— Hagerty

El 396 que pasó 30 años en un contenedor

La pieza más cara de todo el montaje es el motor. Se trata de un 396 big block de 1966 que, según el programa, estuvo tres décadas guardado en un contenedor sin que nadie lo tocara. Es un bloque correcto en números y en fecha para este coche, una condición que en el mundo de la restauración pesa mucho a la hora de valorar un ejemplar.

El motor dio guerra antes de arrancar. El equipo sacó el árbol de levas, montó uno nuevo y se topó con una particularidad de los big block de 1965 y 1966: necesitan una ranura en la parte trasera del árbol que permita subir aceite hasta los balancines. No la traía, así que la mecanizaron a mano. Es la clase de detalle que decide si un motor dura o se destruye en los primeros kilómetros.

Un shifter que no encaja y pintura sobre grava

Los problemas de encaje se acumulan. Querían montar un cambio Hurst porque funciona mejor, pero la varillaje no cuadra con el agujero practicado en el piso. Tocó recurrir al Muncie de fábrica, que tampoco parece compatible con la transmisión disponible. En el vídeo lo dejan caer con sinceridad: ya veremos si funciona.

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La pintura se aplicó al aire libre, sobre grava, una práctica que el propio canal desaconseja. El objetivo no era un acabado perfecto, sino dejar el coche de un solo color y en marcha. El frontal se compró por separado hace unos cinco años, localizado en un almacén, y las puertas y el maletero sí lucían pintura reciente.

La filosofía del que ruede frente a la restauración de concurso

Detrás de las prisas hay una decisión editorial interesante que Hagerty explica con calma en mitad del episodio. El Pace Car podía quedarse quieto esperando el momento y el presupuesto para una restauración de concurso, o podía montarse con lo que había y empezar a rodar.

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El equipo eligió lo segundo y lo justificó sin ambigüedades. La perfección puede esperar; la experiencia de conducir, no. Es una postura que choca con la ortodoxia del coleccionismo, donde el valor suele medirse por la fidelidad al estado original y por la documentación, no por los kilómetros acumulados.

Qué significa esto para el aficionado

El Camaro de 1967 fue el primer año de producción del modelo, un dato que explica buena parte de su peso en el mercado. La vinculación con Indianápolis se traduce habitualmente en valores superiores a los de un Camaro equivalente sin esa historia. En ese contexto, un coche como el de Hagerty vale más terminado y rodando que desmontado, aunque el acabado no sea de exposición.

Para el lector que sigue el mercado de clásicos, el episodio deja una lección práctica. La restauración perfecta es un horizonte que muchos propietarios nunca alcanzan, y mientras la persiguen sus coches se degradan en un garaje. El enfoque de Hagerty invierte el orden: primero devolver el vehículo a la circulación con lo que haya, después decidir si merece una intervención mayor. El riesgo es evidente, piezas provisionales que se quedan para siempre o trabajos de pintura que habrá que rehacer antes de lo previsto. El beneficio también lo es: un coche que se usa se mantiene mejor que un coche que solo se admira.

Hay además una dimensión de contenido que no conviene pasar por alto. La serie funciona precisamente porque convierte el proceso en el espectáculo, con sus errores, sus improvisaciones y sus plazos imposibles incluidos. El drama no está en el resultado final, sino en la posibilidad real de que llegue el domingo y el coche no arranque.

Queda la pregunta de siempre, la que divide a coleccionistas y conductores: ¿un coche histórico está para conservarse o para usarse? Hagerty ha respondido con hechos, aunque el veredicto definitivo lo dará el motor cuando gire la llave. Merece la pena comprobar si el plazo se cumplio.

Puedes ver el vídeo completo aquí: We built a 1967 Camaro Pace Car with a 396 big block in 48 Hours! | Driveway Finds.

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