Ben Sulayem propone eliminar los límites de mandato presidencial de la FIA

La propuesta de derogar el límite de 12 años reabre el debate sobre la gobernanza de la FIA, mientras el actual presidente careció de rivales válidos en su última reelección. La modificación se votará en la Asamblea General y necesita el aval de los Consejos Mundiales.

Mohammed Ben Sulayem acaba de hacer un movimiento que redefine el tablero de la gobernanza del automovilismo mundial. El presidente de la FIA ha propuesto eliminar el límite de tres mandatos —12 años como máximo— que fijan los estatutos desde la era Todt. La cuenta atrás para perpetuarse ya ha comenzado.

La propuesta, confirmada por Autosport tras un avance de la BBC, pasa por derogar el artículo 20.10, que establece que ‘el Presidente de la FIA no podrá ejercer más de tres mandatos, consecutivos o no, es decir, un máximo de 12 años’. Ben Sulayem, reelegido sin oposición en diciembre de 2025, agotaría su límite en 2029, pero con este cambio podría presentarse indefinidamente.

El precepto nació bajo la presidencia de Jean Todt, que decidió blindar los mandatos después de los 16 años de Max Mosley al frente de la federación. Jean-Marie Balestre, su predecesor, había abandonado el cargo tras dos legislaturas sin necesidad de cláusula expresa. La enmienda pretende, según un portavoz de la FIA, homogeneizar la duración de todos los cargos electos: ‘similar a lo que ya existe para los Consejos Mundiales y el Senado’. Pero el argumento chirría si se observa que la presidencia no es un escaño más; es la silla desde la que se negocian los Acuerdos de la Concordia y se gestiona un presupuesto que supera los 200 millones de euros anuales.

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La paradoja de una oposición que no pudo competir

El último proceso electoral ya dejó grietas profundas. Ninguno de los aspirantes —Tim Mayer, ex comisario de F1; la piloto Laura Villars o la periodista Virginie Philippot— logró reunir las siete vicepresidencias regionales (dos de Europa y una del resto de zonas definidas por la FIA) exigidas para formalizar la candidatura. Fabiana Ecclestone, única representante disponible por Sudamérica, se alineó con la campaña de Ben Sulayem. Villars ha llevado el caso a los tribunales, y el eco de aquella exclusión aún no se ha apagado.

El contexto no es menor: si el órgano que fiscaliza la votación mundial está diseñado de modo que solo un candidato consigue cumplir los requisitos, la capacidad de desafío real es casi simbólica. Y sin alternativa viable, la decisión de suprimir los límites de mandato tiene menos de reforma técnica y más de consolidación de poder.

Eliminar el límite de mandatos sin una oposición que haya podido competir en la última elección es blindar el despacho antes de que nadie pueda llamar a la puerta.

Qué significa esto para la Fórmula 1 y la credibilidad de la FIA

La propuesta se votará en la próxima Asamblea General, que necesita el respaldo de los Consejos Mundiales. En términos formales, es una mudanza estatutaria como cualquier otra. En la práctica, abre una pregunta que ya sobrevuela el paddock: ¿qué incentivos tiene un presidente sin horizonte de salida para negociar con la independencia que exigen los equipos de la parrilla?

La relación de Ben Sulayem con la Fórmula 1 ya ha atravesado varios terremotos —desde la polémica con los derechos comerciales hasta el choque por la regulación de las joyas y la ropa interior de los pilotos—. La percepción de que el cargo se blinda justo cuando más tensiones hay entre la federación y el Gran Circo no ayuda a la imagen de imparcialidad que necesita la institución.

De hecho, la FIA es un organismo con 244 miembros de clubes de movilidad y deportivos de todo el mundo, y la F1 solo una de las categorías bajo su paraguas. Pero el peso mediático de los grandes premios condiciona cualquier decisión presidencial. Si los equipos y los promotores interpretan este movimiento como un precedente que alarga el pulso entre la pista y la Place de la Concorde, la estabilidad a largo plazo del Acuerdo de la Concordia podría resentirse.

Análisis de impacto

  • El dato de mercado: La Federación Internacional de Automovilismo maneja un presupuesto que ronda los 230 millones de euros, nutrido en buena parte por los royalties de la Fórmula 1. Cada relevo presidencial supone un reajuste de prioridades que impacta directamente en la inversión de los fabricantes en competición. La falta de alternancia prolonga la hoja de ruta actual, pero también ahuyenta las voces que piden una fiscalización más transparente del gasto.
  • El rumor del paddock: Fuentes consultadas por Motor16.com apuntan a que varios directores de equipo han recibido la noticia con recelo. Aunque ningún equipo se ha pronunciado oficialmente, la inquietud reside en que un mandato perpetuo diluye la presión para renovar los órganos de gobierno que, al fin y al cabo, son los que redactan las reglas técnicas y deportivas. La sensación de que la presidencia se aleja del espíritu rotatorio instaurado por Todt no es un secreto en los pasillos de los circuitos europeos.
  • Veredicto: La eliminación del artículo 20.10 es técnicamente coherente si se mira solo la literalidad de los estatutos. Pero la historia reciente de la FIA —con Mosley aferrado 16 años y Balestre saliendo con la federación en llamas— demuestra que los límites no son un capricho burocrático, sino una salvaguarda. Borrarlos justo cuando ningún candidato alternativo ha podido siquiera reunir los avales necesarios para competir no es normalizar los plazos; es hacerle un traje a medida al inquilino que ya está dentro. La Asamblea General tiene en su mano demostrar si es un órgano de control o un trámite de ratificación.