50 historias sobre Ford Almussafes: Una por cada año de industria, innovación y sueños

La planta que la firma del óvalo azul tiene en Almussafes acaba de cumplir 50 años de vida. Medio siglo que le ha servido para convertirse en una parte fundamental de la evolución económica, tecnológica y social de España. Y para contar historias que seguro no conocías.

El 18 de octubre de 1976 marcó un antes y un después en la historia de la automoción española. Aquel día salió de las líneas de montaje de Almussafes el primer vehículo fabricado por Ford en la planta valenciana, culminando un proyecto industrial que había comenzado años antes entre naranjos, huertos y una firme apuesta por convertir Valencia en uno de los grandes centros manufactureros de Europa. Medio siglo después, Ford Almussafes no solo representa una fábrica de automóviles, sino también una parte fundamental de la evolución económica, tecnológica y social de España.

La relación de Ford con nuestro país, sin embargo, se remonta mucho más atrás. Ya en 1907 se abrió en Barcelona la primera agencia de la marca, capaz de vender cinco automóviles en su primer año y multiplicar rápidamente su actividad. Pocos años después, en Cádiz, comenzaron a ensamblarse los primeros Ford T y camiones TT, además de los tractores Fordson que ayudaron a mecanizar el campo español. Aquella primera aventura industrial dejó cifras que hoy parecen irreales: un Ford T costaba 5.100 pesetas cuando los trabajadores de la planta percibían apenas 12 pesetas diarias. Más tarde, la actividad se trasladó a Barcelona bajo la denominación Ford Motor Ibérica, hasta que la marca abandonó España durante décadas. El regreso se produciría en 1970, cuando Ford decidió buscar ubicación para una gran factoría que atendiera la creciente demanda europea. Tras estudiar diversas alternativas, Almussafes resultó elegida gracias a su terreno llano, la proximidad del puerto de Valencia y la cercanía de la industria siderúrgica de Sagunto. Allí, sobre 270 hectáreas ocupadas por 636 huertos, Henry Ford II colocó la primera piedra en marzo de 1974. Dos años y medio después, aquel enorme proyecto se convertía en realidad.

Almussafes se convirtió en la fábrica del legendario Ford Fiesta

Ford Almussafes, Ford Fiesta
En 1981 se habían fabricado 1 millón de unidades del Ford Fiesta. Foto: Ford

Antes incluso de que saliera el primer coche, la planta ya producía motores. El primer propulsor HCS fue fabricado el 1 de marzo de 1976, más de siete meses antes de que apareciera el primer vehículo completo. Ese coche era el Ford Fiesta, un modelo nacido bajo el nombre interno de «proyecto Bobcat» y rodeado de numerosas curiosidades. Durante su desarrollo se barajaron nombres como Amigo, Chico, Pony o Bravo, pero finalmente Henry Ford II se decantó por Fiesta, una denominación que incluso requirió negociaciones con General Motors. El éxito fue inmediato. En 1977 se fabricaron más de 213.000 unidades y las listas de espera llegaron a superar un año. Apenas cinco años después, la planta estaba a las puertas de producir su Fiesta un millón. Durante aquel periodo inicial, el pequeño utilitario fue el único modelo ensamblado en Almussafes y se convirtió en el gran embajador de una fábrica que comenzaba a ganar protagonismo internacional. Además, fue el primer Ford producido íntegramente en España, ya que los vehículos anteriores únicamente se ensamblaban con componentes procedentes del extranjero. Incluso uno de sus motores más populares terminó siendo conocido como “Valencia”, en homenaje a la factoría donde había nacido.

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Con el paso de los años, Almussafes fue ampliando su catálogo y consolidando su volumen productivo. En 1981 llegó el Escort y poco después el Orion, ampliando una gama que no dejaría de crecer. Los años noventa fueron especialmente intensos. En 1991 coincidieron hitos tan destacados como la fabricación del motor seis millones, el Fiesta tres millones, el vehículo cuatro millones y la exportación del primer millón de automóviles a través del puerto de Valencia. Pocos años después apareció uno de los modelos más revolucionarios de la marca: el Ford Ka. Diseñado bajo la filosofía New Edge, con formas curvas y un lenguaje visual rompedor, acabó convirtiéndose en uno de los iconos industriales de la década. Su éxito fue tan rápido que en apenas cuatro meses de producción ya había alcanzado cifras espectaculares. Paralelamente, la planta avanzaba en innovación logística mediante la creación del Parque de Proveedores Rey Juan Carlos I, conectado mediante un túnel por el que llegaban las piezas exactamente en el orden en que iban a montarse. Lo que hoy parece habitual era entonces una auténtica revolución en la industria.

Los años ’90 no dieron tregua a la planta de Ford en España

Ford Focus
El Ford Focus se fabricó en Valencia desde 1998. Foto: Ford

La llegada del Ford Focus en 1998 abrió otra etapa dorada para Almussafes. El compacto se convirtió rápidamente en uno de los grandes referentes comerciales de la marca y llegó a ser el automóvil más vendido del mundo en diversas ocasiones. Al mismo tiempo, la factoría demostraba su capacidad para adaptarse a nuevos retos industriales fabricando modelos tan diversos como el Mazda2, que supuso la primera producción de una marca ajena a Ford en Valencia y uno de los primeros vehículos de la firma japonesa ensamblados fuera de Japón. El año 2004 representó uno de los mayores hitos productivos de toda la historia del complejo, con más de 449.000 vehículos fabricados entre Fiesta, Ka, Focus y Mazda2. Años después llegarían el C-MAX, el Kuga, la Transit Connect, el Mondeo, el S-MAX y el Galaxy, permitiendo que en 2015 convivieran simultáneamente cinco modelos distintos en las líneas de producción. Esa expansión llevó también a un fuerte crecimiento del empleo, pasando la plantilla de algo más de 5.600 trabajadores en 2011 a más de 9.300 apenas cuatro años después.

Pero la historia de Ford en España no puede entenderse únicamente a través de los vehículos fabricados. También está profundamente ligada al mundo de la competición. Carlos Sainz conquistó su primer Campeonato de España de Rally al volante de un Ford Sierra RS Cosworth, junto a Antonio Boto. Más tarde llegaría la célebre asociación con Luis Moya, una de las parejas más exitosas de la historia de los rallyes nacionales. Incluso figuras tan relevantes como Carmelo Ezpeleta compartieron habitáculo con Sainz en algunas pruebas. Especialmente recordada fue la victoria conseguida en el Rally Acrópolis de 1997 con el Ford Escort WRC, un triunfo que otorgó a M-Sport su primera victoria mundialista y que inició una colaboración histórica con Ford. Paralelamente, iniciativas como la Copa Ford Fiesta o la Fórmula Ford ayudaron a descubrir y formar a generaciones enteras de pilotos. La implicación de la marca también se extendió a otros ámbitos deportivos mediante patrocinios vinculados a la Champions League, la Vuelta Ciclista a España, competiciones de remo o la Copa América celebrada en Valencia.

En Almussafes se fabricó el primer híbrido de Ford en Europa

Ford Almussafes
Foto: Ford

Durante estas cinco décadas, Almussafes ha sido sinónimo de innovación constante. Allí se produjo el primer híbrido de Ford fabricado en Europa, el Mondeo Hybrid, y también han nacido numerosos proyectos tecnológicos reconocidos internacionalmente. Los premios Henry Ford de Tecnología recibidos por iniciativas como AiTRIZ, ASPS, AI ToolSense o Galata son una demostración del papel pionero que sigue desempeñando la planta. A ello se suman infraestructuras formativas como el Centro de Formación y la Escuela Universitaria impulsada por la compañía, concebidas para garantizar el desarrollo continuo de talento especializado. El apartado mecánico también ofrece cifras impresionantes: más de 18 millones de motores fabricados y ejercicios que superaron las 686.000 unidades producidas en un solo año.

La dimensión internacional de Almussafes queda reflejada en otro dato extraordinario: casi ocho de cada diez vehículos fabricados han sido exportados. Más de once millones de automóviles han salido rumbo a mercados de todo el mundo, convirtiendo a la planta valenciana en uno de los grandes motores exportadores de la industria española. El récord llegó en 2017, con más de 398.000 vehículos enviados al extranjero. Sin embargo, quizá el legado más importante tras estos cincuenta años no pueda medirse ni en unidades producidas ni en cifras económicas. Se encuentra en el impacto humano generado por varias generaciones de trabajadores, proveedores y colaboradores que han hecho posible esta historia. Iniciativas como el convenio desarrollado junto a ONCE e ILUNION para favorecer la integración laboral de personas con discapacidad demuestran que el éxito industrial también puede ir acompañado de un fuerte compromiso social. Cincuenta años después de aquel primer Fiesta, Ford Almussafes sigue siendo mucho más que una fábrica: es un símbolo de innovación, empleo, progreso y capacidad de adaptación que forma ya parte de la memoria colectiva de España.