El Tesla Roadster volador gasta 10.000 dólares por cada cinco segundos: así funcionan sus propulsores de gas frío

El sistema de gas frío desarrollado con SpaceX entrega cinco segundos de empuje por un repostaje de 10.000 dólares, unos 9.200 euros. Tesla sitúa la producción a partir de 2028, con la homologación todavía sin respuesta.

El Tesla Roadster volador entrega cinco segundos de empuje por un repostaje de 10.000 dólares, unos 9.200 euros al cambio. La cifra convierte la función más espectacular del futuro deportivo de Tesla en el equipamiento más caro por uso que se recuerda en un coche destinado a la calle.

Se llama cold gas thruster en la jerga de ingeniería y se ha desarrollado junto a SpaceX. En castellano, propulsores de gas frío: un conjunto de toberas que expulsan aire comprimido a presión extrema para empujar el coche, ya sea hacia delante o hacia arriba. No hay combustión ni motor térmico, solo descompresión controlada.

Qué hace exactamente el sistema de gas frío

Sobre el papel, el resultado es una aceleración imposible. Con los propulsores activos, el Tesla Roadster firma un 0 a 100 km/h en menos de un segundo, un registro que ningún coche de producción se acerca a igualar hoy. Y hay una segunda consecuencia, la que ha dado la vuelta al mundo: el vehículo puede despegar y desplazarse unos instantes con las ruedas en el aire.

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La energía se almacena en un depósito de fibra de carbono que hay que llenar con una bomba capaz de suministrar 200 litros a 690 bares de presión. Ese es el dato que explica casi todo lo demás. Completar la carga lleva entre dos y seis horas, y el consumo en modo vuelo es tan desproporcionado que el depósito entero se agota en los cinco segundos de la función.

En la práctica, el coche no está pensado para el trayecto corto ni para la exhibición improvisada. Está pensado para una demostración muy concreta, en un espacio cerrado y con el reloj en la mano.

Diez mil dólares por cinco segundos convierten la función más espectacular del Roadster en el extra más caro por uso de todo el catálogo.

Tesla sostiene que trabaja en simplificar el sistema para rebajar la recarga hasta el entorno de los 30 minutos y abaratar el proceso. Es la parte de la promesa que falta por demostrar: pasar de seis horas a media hora exige una instalación de compresión muy distinta a la de un simple enchufe.

Lo que cuesta cada despegue y qué cambia al volante

Aquí está la letra pequeña que de verdad afecta a quien se siente al volante. El repostaje de aire comprimido no se resuelve en una estación de servicio convencional: hace falta una bomba de altísima presión y un protocolo de llenado específico. Ese cóctel explica el precio final.

Diez mil dólares, unos 9.200 euros al cambio, por cinco segundos. Traducido a coste por uso, la función voladora se convierte en un extra de exhibición más que en un equipamiento recurrente. Nadie va a plantearse despegar en un atasco con esa factura detrás.

Las versiones que montan este sistema, denominadas Thrust y Rocket, no se venderán en abierto. Su compra va por invitación estricta, lo que confirma el enfoque: pocas unidades, escaparate técnico y una imagen de marca que vale más que la facturación del propio extra.

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propulsores aire comprimido

Conviene separar dos cosas. La tecnología de gas frío es real, se ha visto funcionar y abre un debate interesante sobre cómo gestionar energía a bordo cuando no se usa para rodar. El uso cotidiano es otra historia: en ese terreno el Roadster se juega la partida con autonomía, tiempo de carga y precio, no con cinco segundos de vuelo.

Homologación, 2028 y el problema de la letra pequeña

El calendario tampoco ayuda. La producción del nuevo Roadster se sitúa a partir de 2028, con el desarrollo aún sin cerrar y casi una década de retrasos acumulados desde aquella presentación de 2017, cuya historia completa puede repasarse en la entrada del modelo. Entre hoy y esa fecha tienen que cuadrar la industrialización del sistema, el suministro de baterías y la citada simplificación del repostaje.

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Queda el asunto más espinoso: la homologación. Ninguna normativa describe hoy un turismo que despegue del asfalto y se desplace unos metros por el aire, y la pregunta de quién responde si algo falla durante esos segundos sigue sin respuesta pública. Tampoco está resuelto qué permiso haría falta ni cómo reaccionaría una aseguradora ante un incidente en vuelo. El próximo hito con fecha es 2028, y antes hará falta una respuesta regulatoria que hoy no existe.

El debate se parece al de otros extras que aterrizan antes que la norma que los regula: primero llega la demostración, después la discusión. Para el conductor, la conclusión es sencilla. La función voladora será durante años una curiosidad de catálogo, mientras el resto del sector concentra el esfuerzo en asistencia a la conducción y conectividad de serie, que es donde se libra la batalla real del equipamiento.

🛠️ Tecnología a examen

  • Dato a tener en cuenta: 10.000 dólares (unos 9.200 euros) por cada cinco segundos de vuelo, con recargas de entre 2 y 6 horas y una bomba de 200 litros a 690 bares.
  • Lo que equipa: depósito de fibra de carbono, propulsores de gas frío desarrollados con SpaceX, lógica de empuje para aceleración y despegue, y versiones Thrust y Rocket con acceso por invitación.
  • Así te afecta como conductor: esta función no entrará en tu rutina: su coste por uso y sus tiempos de recarga la dejan como escaparate técnico, así que la decisión real de compra seguirá dependiendo de autonomía, carga y asistentes.
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