Si estás pensando en comprar coche, los números acaban de dar la vuelta como un calcetín. El precio medio de un eléctrico ya es inferior al de un híbrido: 37.000 dólares frente a 39.000, según los datos recopilados por Mobility Global y publicados por Nikkei Asia. Te lo cuento porque es la primera vez que ocurre a escala global y porque cambia por completo la ecuación que muchos conductores tenían en la cabeza.
Hace cinco años la historia era muy distinta. En 2020 un eléctrico costaba de media un 9 % más que ahora, mientras que los híbridos se han encarecido un 16 % en el mismo periodo. El culpable de este vuelco tiene nombre y apellido: las baterías de iones de litio han bajado un 37 % entre 2020 y 2025. Y cuando la pieza que supone entre el 30 y el 40 % del coste total del vehículo se desploma, el precio final no puede hacer otra cosa que seguirla.
El sorpasso que nadie esperaba
Los datos de Mobility Global, ponderados por volumen de ventas y sin contar subvenciones, muestran una fotografía clarísima. El eléctrico medio se vende hoy por 37.000 dólares (unos 33.000 euros al cambio), mientras que el híbrido convencional ronda los 39.000 dólares. La diferencia parece pequeña, pero es simbólica: la tecnología que siempre fue la más cara ha adelantado a la que se vendía como la opción razonable. Y lo ha hecho sin ayudas públicas de por medio.
Detrás de esta caída está, sobre todo, el abaratamiento de las celdas. Según BloombergNEF, el coste de las baterías de ion-litio se ha reducido un 37 % en esos cinco años. Gran parte del mérito lo tiene un exceso de capacidad productiva en China, que controla el 80 % del mercado mundial de baterías. Cuando las fábricas producen más de lo que el mercado local absorbe, los precios se hunden… y el resto del mundo se beneficia.
Además, cada vez más modelos apuestan por las baterías de fosfato de hierro y litio (LFP), libres de cobalto, un material que sufría oscilaciones brutales de precio. Las LFP eran menos densas energéticamente, pero su rendimiento ha mejorado tanto que marcas como Renault y Volkswagen anunciaron el año pasado que las adoptarán en sus próximos eléctricos. Otro clavo en el ataúd de los precios altos.
La inundación china que ha cambiado el tablero
Pocos datos reflejan mejor lo que está pasando que las exportaciones de coches eléctricos desde China. En 2020 salieron del país menos de 100.000 unidades. El año pasado, 1,64 millones de coches eléctricos chinos llegaron a concesionarios de todo el mundo. Un aluvión que ha empujado los precios a la baja incluso en mercados donde la electrificación todavía gatea.
Mercados emergentes como el Sudeste Asiático y Sudamérica ya viven su propio punto de inflexión. En Tailandia, por ejemplo, las marcas chinas copan casi el 30 % de las ventas de coches nuevos, y el eléctrico medio es más barato que el híbrido medio. La receta es simple: escala industrial, baterías baratas y una agresividad comercial que los fabricantes tradicionales no han sabido contrarrestar.

En Europa, aunque las cifras exactas varían, la presión de los nuevos actores asiáticos ya se siente. Modelos como el MG4, el BYD Dolphin o el futuro Zeekr están obligando a las marcas de siempre a replantear sus tarifas y sus márgenes. Y eso, para el comprador, es una noticia excelente.
¿Y el resto de tecnologías? Gasolina, diésel y PHEV
Mientras los eléctricos y los híbridos intercambiaban posiciones, los coches de combustión pura (gasolina y diésel) han visto cómo su precio medio subía ligeramente en estos cinco años. No es un aumento escandaloso, pero sí lo bastante para que el diésel de toda la vida ya no sea la opción económica por defecto.
Los híbridos enchufables (PHEV), por su parte, también han registrado un descenso considerable de precio. Al compartir batería con los eléctricos puros, se han beneficiado de la misma caída del 37 % en el coste de las celdas. La diferencia es que un PHEV lleva una batería más pequeña, así que el impacto en el precio final es menor, pero suficiente para arañar unos cuantos miles de euros al ticket de compra.
Y hay un factor externo que está echando gasolina —nunca mejor dicho— a la demanda de eléctricos: el precio del crudo. El conflicto en Oriente Medio ha disparado el barril, y cada vez que la gasolina sube, las cuentas que muchos conductores se hacen al decidir entre un eléctrico y un híbrido se inclinan un poco más hacia el enchufe.
Lo que parecía imposible hace un lustro ya es una realidad: la electrificación no solo ha alcanzado a la combustión, sino que la ha superado en precio medio, y el fenómeno no tiene pinta de frenarse.
China controla aproximadamente el 80 % del mercado de baterías, y su posición es tan dominante que cualquier movimiento en su capacidad de producción se traduce en una onda expansiva global. Eso sí, la dependencia tiene sus riesgos, pero de momento el consumidor es el que gana.
Para los que todavía miran un eléctrico con desconfianza por el precio, los números ya no respaldan el argumento. Con 37.000 dólares de media, muchos modelos se sitúan en el mismo escalón que un híbrido bien equipado, pero con costes de uso y mantenimiento notablemente inferiores. Y si a eso le sumas que la electricidad suele ser más barata que la gasolina, el ahorro anual puede rondar los 400-500 euros solo en combustible.
Información útil para el conductor
- Cifra clave: 37.000 dólares (≈33.000 €) de precio medio global para un eléctrico, frente a 39.000 $ del híbrido, sin contar ayudas.
- Comparativa: Respecto a 2020, el precio del eléctrico cayó un 9 %, mientras el híbrido subió un 16 %. Las baterías se abarataron un 37 %.
- Ganadores / perdedores: Las marcas chinas (BYD, SAIC, Geely) ganan cuota global; los fabricantes tradicionales ajustan márgenes y aceleran sus planes eléctricos.
- Lectura: Si estás dudando entre un eléctrico y un híbrido, el ticket de compra ya no es el obstáculo que era. Mira costes de uso, autonomía real y disponibilidad de carga: ahí sigue estando la clave.
- Curiosidad: Noruega y China ya son espejos donde mirarse: en ambos países el eléctrico es más barato que el híbrido y las ventas se han disparado. El efecto dominó avanza imparable.

