El ‘Humungus Machine’ de Mad Max, construido sobre un Ford F-150, sale a subasta en Estados Unidos

Se trata de una réplica fiel del vehículo de Lord Humungus, con seis ruedas, un solo asiento y llamaradas por los tubos de escape. La puja permanece abierta hasta el 23 de septiembre y el importe final todavía está por ver.

Estados Unidos subasta el Humungus Machine, el vehículo apocalíptico de Mad Max construido sobre un Ford F-150 de 1984. La puja se cierra el 23 de septiembre y el precio final todavía está por ver.

Un Ford F-150 de 1984 convertido en el coche de Lord Humungus

No es una pieza de museo al uso ni un coche guardado bajo llave. Es una réplica fiel del vehículo que conduce Lord Humungus, el villano de la segunda entrega de la saga cinematográfica, estrenada en 1981. Lo construyó un especialista de Tacoma, en el estado de Washington, dedicado precisamente a reproducir vehículos de cine. Y todo parte de una base reconocible: una pickup Ford F-150 de 1984 que conserva su mecánica original.

El motor es un V-8 de 5,8 litros que de fábrica entregaba alrededor de 200 caballos. Hoy no impresiona a nadie, pero el par motor sigue siendo útil cuando hay que arrastrar una carrocería descomunal. El habitáculo es de un solo asiento, con sitio en los laterales para quien se agarre como pueda. Del alerón trasero mejor no fiarse: no genera carga aerodinámica alguna y cumple una función puramente estética.

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Hay además una plataforma delantera donde, en la ficción, se ataba a los exploradores enemigos capturados. Lo que sí funciona es el sistema que escupe llamas por los tubos de escape, junto a un equipo de megafonía pensado para lanzar amenazas. La información publicada en el anuncio de la subasta describe el conjunto como un vehículo de cosplay de carretera, no como un coche para circular con normalidad.

Hay objetos que se compran por lo que son y otros por lo que evocan, y este Ford de seis ruedas pertenece sin discusión al segundo grupo.

La puja permanece abierta en una plataforma estadounidense de subastas online especializada en coches de colección, muy seguida por aficionados de todo el mundo, y se cierra el 23 de septiembre. Hasta entonces, cualquier coleccionista con espacio en el garaje y paciencia para el papeleo puede pujar. El importe final es una incógnita, y esa incógnita forma parte de la noticia: este mercado vive de la nostalgia y de la puja de última hora.

Seis ruedas, un asiento y llamaradas por el escape

Seis ruedas reparten el peso de una carrocería descomunal, con una trasera que parece sacada de un camión y una delantera baja y agresiva. La dirección y los frenos proceden de la pickup original, así que maniobrar con semejante conjunto es una experiencia física antes que mecánica. El resultado es un vehículo de una sola plaza que no pasa desapercibido en ninguna parte.

Sirve para desfiles, para rodajes, para convenciones de cine y para eventos de motor. No sirve, en cambio, para aparcar en el centro de una ciudad ni para hacer un viaje familiar. Ahí está su gracia y también su límite.

Del garaje de un especialista al mercado global de coleccionistas

Las réplicas de coches de cine han dejado de ser una afición de nicho para convertirse en una categoría propia dentro del coleccionismo internacional. Los originales de rodaje apenas salen al mercado y, cuando lo hacen, alcanzan cifras reservadas a patrimonios muy altos. Las réplicas bien construidas, como la de este Ford, ocupan un escalón intermedio: conservan el impacto visual y el valor nostálgico de la saga, con un desembolso previsiblemente más contenido que el de una pieza de rodaje auténtica.

Para un aficionado español, comprar una pieza así implica algo más que pujar. El vehículo está en Estados Unidos, lo que añade transporte marítimo, aranceles e IVA a la importación, además del papeleo aduanero correspondiente.

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Después llega el capítulo más delicado: la homologación individual. Un Ford F-150 de 1984 transformado en vehículo de cine no encaja en los parámetros habituales de la inspección técnica española, así que tendría que pasar por un proceso con reformas documentadas y un informe técnico que avale el conjunto. En la práctica, muchas de estas piezas terminan en garajes privados, en circuitos cerrados o en exposiciones, nunca en la vía pública.

Mientras la puja sigue su curso, el interés del caso trasciende el objeto. La saga Mad Max volvió a la actualidad con nuevas entregas y con un público que no había nacido cuando se estrenó la segunda película. Eso explica que una réplica de un vehículo de 1981 siga encontrando compradores cuarenta y cinco años después. El cine fabrica nostalgia, y la nostalgia, hoy, tiene precio de subasta. Habrá que ver cuál es el que marca el 23 de septiembre.

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📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: seis ruedas, un V-8 de 5,8 litros y unos 200 caballos de fábrica, con una subasta que cierra el 23 de septiembre y un precio final aún sin desvelar.
  • Consejo práctico: si te planteas pujar desde España, calcula antes el transporte, los aranceles y el IVA de importación, y asume que homologar un vehículo transformado para la vía pública exige informe técnico y tiempo.
  • Así te afecta: confirma que el coleccionismo de coches de cine ya es un mercado global en el que participan compradores europeos, y que el valor de estas piezas depende más de la nostalgia que de la mecánica.