Toyota desplegará 400.000 robots y humanoides en sus fábricas desde 2028: qué cambia en tu coche

El fabricante japonés calcula una inversión anual de un billón de yenes, unos 5.400 millones de euros, para renovar maquinaria en plantas y proveedores. La robótica podría convertirse además en una nueva línea de negocio.

Toyota calcula que necesitará cerca de 400.000 robots, industriales y humanoides, para renovar su parque industrial desde 2028. La cifra, que incluye también a otras compañías del grupo y a sus principales proveedores, se acompaña de una inversión estimada de un billón de yenes anuales, unos 5.400 millones de euros, destinados a sustituir maquinaria antigua y automatizar tareas nuevas.

No es un pedido cerrado ni un gasto aprobado: es la medida del tamaño que puede alcanzar la transformación industrial del mayor fabricante de coches del mundo, y está todavía pendiente de aprobación formal. Dentro cabe de todo, desde un brazo articulado que releva a otro con veinte años de servicio hasta un humanoide que se mueve por un pasillo diseñado para personas.

La automatización es la parte de la tecnología del automóvil que menos se ve y más se nota. No aparece en el catálogo, pero decide el ajuste de una puerta, la repetición de un cordón de soldadura y la capacidad de una planta para cambiar de modelo sin parar la línea. Por eso el movimiento de Toyota importa incluso a quien nunca comprará un Toyota.

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Cuántas de esas máquinas son humanoides y cuántas no

Conviene deshacer el malentendido antes de que crezca. De los 400.000 robots, la inmensa mayoría serán máquinas industriales de toda la vida: brazos, pórticos, sistemas de transporte y equipos de manipulación. Una parte importante del plan consiste, simplemente, en sustituir equipos antiguos. La otra pata es incorporar operaciones que hoy no están automatizadas en producción, logística y manejo de materiales.

El tamaño del mercado pone cada cosa en su sitio. Los registros de la Federación Internacional de Robótica sitúan en torno a 7.000 unidades los humanoides vendidos en todo el mundo en 2025 para uso industrial y servicios profesionales. En 2024 se instalaron unos 542.000 robots industriales convencionales y se vendieron otros 199.000 robots de servicio. La distancia entre una cifra y otra explica por qué el humanoide es hoy una apuesta de futuro y no el grueso de ninguna plantilla.

Un robot humanoide no vale por caminar, sino por trabajar donde ya hay una persona, sin obligar a rediseñar la fábrica entera.

Buena parte de los robots humanoides que ya trabajan no están realmente en una línea de producción. Se emplean en investigación, en recopilación de datos y en el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. El salto pendiente no consiste en que caminen o cojan una pieza durante una demostración, sino en que repitan esa operación miles de veces con precisión, seguridad y un coste asumible.

Ahí está la ventaja concreta del humanoide frente al robot clásico: se adapta a fábricas, herramientas y pasillos concebidos para personas, sin obligar a reconstruir una línea entera. En una industria con instalaciones envejecidas y escasez creciente de trabajadores, ese detalle pesa tanto como la precisión.

Qué cambia en tu coche sin ver un solo robot

El efecto más directo de la robotización no es el precio. Es la consistencia. Cuando una operación se repite con la misma máquina, el mismo par de apriete y la misma trayectoria, la dispersión entre unidades se estrecha: menos ruidos parásitos, mejores ajustes de chapa, soldaduras más homogéneas. En uso real, eso se traduce en un coche que envejece de forma más previsible.

La segunda consecuencia es la flexibilidad. Una planta más automatizada y con logística robotizada asume más versiones —acabados, mecánicas, equipamiento— sin perder ritmo. Para quien espera una configuración poco habitual, eso significa menos meses de espera y menos cambios de última hora en el pedido.

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Y una tercera, que conviene no exagerar: la contención de costes. Automatizar tareas pesadas no abarata un coche de un día para otro, pero sostiene la capacidad productiva cuando falta mano de obra. La alternativa suele ser producir menos y encarecer lo que sale de la línea.

Lo que no cambia es el tacto. El robot no decide el tarado de la suspensión ni la respuesta de la dirección: trabaja antes, en la chapa, en la soldadura y en la secuencia de montaje. Su huella llega al concesionario en forma de regularidad, no de carácter.

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La carrera del humanoide y el siguiente hito

Toyota no juega sola. Hyundai quiere empezar a introducir humanoides en sus operaciones estadounidenses en 2028. Mercedes-Benz, Tesla y BMW llevan tiempo probando. La marca bávara arrancó en 2024 en su planta de Spartanburg con el Figure 02, un robot de unos 1,70 metros y capacidad para manipular cargas de 20 kilos, pensado para aliviar posturas forzadas. El pasado mes de marzo puso en marcha un piloto con humanoides de inteligencia artificial física en Leipzig y el pasado julio incorporó a su sucesor, el Figure 03, en secuenciación logística.

La industria del automóvil tiene una posición privilegiada en esta carrera: ya cuenta con fábricas muy automatizadas, volúmenes altos y miles de operaciones repetitivas donde resulta sencillo medir si una máquina aporta valor. Y para Toyota hay un premio extra. Si aprende a integrar y producir sistemas que funcionen de forma fiable en sus plantas, la robótica puede convertirse en una nueva área de negocio, igual que en su día lo fue la fabricación de componentes.

El paralelismo con otra tecnología de fabricación ayuda a situar el momento. El megacasting —la fundición de grandes piezas estructurales en una sola colada, que sustituye decenas de componentes soldados— persigue lo mismo por otra vía: menos operaciones, menos tiempo de ciclo y más repetibilidad. Los humanoides atacan el problema desde el extremo opuesto. Donde no tiene sentido rediseñar la pieza, se rediseña quien la manipula.

Ahora bien, los 400.000 robots son una estimación, no un gasto aprobado. Toyota habla de un billón de yenes anuales desde 2028 sin concretar cuánto tiempo mantendría ese ritmo. El indicador que conviene seguir no es el anuncio, sino cuántas unidades aparecen de verdad en las plantas del grupo y de los proveedores, y en qué operaciones concretas.

🛠️ Tecnología a examen

  • Dato a tener en cuenta: unos 400.000 robots industriales y humanoides, con una inversión estimada de un billón de yenes anuales —unos 5.400 millones de euros— a partir de 2028.
  • Lo que equipa: robots industriales convencionales que sustituyen maquinaria antigua, humanoides de nueva generación para logística y manipulación de materiales, y sistemas de visión e inteligencia artificial física que coordinan la célula de trabajo.
  • Así te afecta como conductor: ajustes de carrocería más homogéneos, menos variación entre unidades de un mismo modelo y plazos de entrega más cortos para configuraciones poco habituales.