De los 1.232 Mercedes 280SE 3.5 Cabriolet fabricados entre 1969 y 1971, uno con un único dueño hasta 2017 busca comprador en Bring a Trailer.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el último descapotable de cuatro plazas derivado de una berlina de lujo de Mercedes, con el V8 M116 y una producción de solo 1.232 unidades en su versión de 3,5 litros.
- No te lo puedes perder: la placa de datos conserva los códigos de fábrica —Dark Olive 291, cambio automático 420, aire Behr 586— y el coche permaneció en manos de su primer propietario hasta 2017, con apenas 600 millas añadidas desde entonces.
- Cifras y cotización: 200 hp y 286 Nm de fábrica, 77.000 millas (unos 124.000 km) y un anuncio con historial de servicio; el lote está abierto en Bring a Trailer y el precio se fijará al cierre de la puja.
El último descapotable de la saga W111
El ejemplar, terminado en Dark Olive (291) sobre cuero Cognac y con capota de lona marrón, conserva el manual del propietario, el historial de servicio y un título de Florida a nombre de su actual dueño, que lo adquirió en 2017. El vendedor lo ofrece en Colorado por cuenta de este, con la documentación a la vista en el anuncio del lote y la posibilidad de inspeccionarlo antes de pujar.
La parrilla baja —más ancha y tendida que la de los 280SE de seis cilindros— identifica de un vistazo a los 3,5 litros, la versión que en 1969 estrenó en esta carrocería la familia de motores con la que Mercedes generalizó el V8 en su gama alta. Los faros de especificación estadounidense, los ventiletes delanteros, los dos retrovisores exteriores y la antena eléctrica remiten a la dotación original; la antena suplementaria montada en la aleta trasera derecha es el añadido que el próximo dueño probablemente quiera eliminar.
El vendedor reconoce indicios de pintura en las aletas delanteras —las lecturas del medidor de espesor están en la galería del anuncio— y ese detalle, lejos de descalificar al coche, orienta la conversación hacia lo que de verdad importa en un W111: si el bastidor, la mecánica y la tapicería conservan la coherencia que el historial promete. En un modelo cuyo atractivo depende de la autenticidad, la transparencia documental pesa más que un barniz impecable.
Dentro, los asientos delanteros individuales y la banqueta trasera van tapizados en cuero Cognac, con molduras de madera en el salpicadero y en los montantes A, elevalunas eléctricos, cinturones de cadera y la radio Becker Europa. Las tareas de 2026 se han limitado a recargar el aire acondicionado Behr, sustituir la bomba de combustible, reparar desgarros en el respaldo del acompañante y en el centro del asiento trasero, y confeccionar una funda tonneau nueva.
Un descapotable de cuatro plazas con V8, aire acondicionado y libro de mantenimiento: la combinación que el coleccionista europeo busca y que el clima estadounidense conservó mejor.
M116, Jetronic y eje oscilante: la ficha técnica
El V8 M116 de 3,5 litros recurre a la inyección Bosch Jetronic y declaraba 200 hp con 211 lb-ft de par —unos 203 CV y 286 Nm— en la ficha de fábrica estadounidense. En 1971 esas cifras no servían para ganar carreras: servían para cruzar un continente a 140 km/h con el motor girando por debajo de 3.000 vueltas, que era exactamente el argumento de venta de la casa de Stuttgart.
La transmisión es la automática de cuatro relaciones con mando en el suelo (código 420). La placa de datos resume la dotación de fábrica: 291 para la pintura Dark Olive, 491 para la versión estadounidense, 503 para el retrovisor izquierdo, 513 para la radio Becker Europa, 531 para la antena eléctrica y 586 para el aire acondicionado Behr con elevalunas eléctricos. Una lectura que en el coleccionismo de Mercedes vale tanto como el propio estado del coche.
El chasis mantiene el doble triángulo delantero con muelles y el eje oscilante trasero de articulación única, un esquema que exige respeto sobre asfalto mojado y que forma parte del carácter del coche. Frenos de disco asistidos en las cuatro ruedas, dirección asistida, llantas de acero de 14 pulgadas con tapacubos y neumáticos 205/70. El cuentakilómetros de cinco dígitos marca 77.000 millas —unos 124.000 km—, de las que solo 600 se han sumado desde 2017, y el velocímetro alcanza 160 mph, unos 257 km/h.
Por qué el 3.5 Cabriolet es el W111 que todos quieren
Nacido en 1961 con la firma de Paul Bracq, el descapotable W111 respondía a una idea poco frecuente entonces: trasladar el lujo de la berlina a una carrocería abierta de cuatro plazas sin renunciar al confort ni a la insonorización. Durante una década convivieron las versiones de seis cilindros, incluido el 300SE con suspensión neumática, hasta que en 1969 el 3,5 los desplazó de la cúpula de la gama. De ahí que sea el más buscado: reúne el último refinamiento de la serie con la mecánica más potente que recibió.
La prima del V8 sobre el seis cilindros ha sido una constante en el mercado, y la parrilla baja —exclusiva de los 3,5— actúa como certificado visual. Un ejemplar con historial desde el primer dueño, placa de datos completa y aire acondicionado de fábrica se sitúa en la parte alta de la horquilla del modelo; uno repintado y sin papeles, en la baja. La puja abierta en Bring a Trailer tiene además un valor añadido: fija una referencia pública y fechada que los aficionados europeos usarán para negociar sus propios coches, donde el cabriolé es mucho más escaso.
Conviene detenerse en el dilema de siempre. Los talleres alemanes que injertan mecánicas modernas en los coupés W111 han demostrado que el chasis admite mucho más motor y mucho más freno, pero el resultado es otro coche: más usable, menos fiel. En un descapotable de 1.232 unidades, la autenticidad es el activo. Y este conserva lo esencial: el M116 original, la caja de cuatro marchas, los códigos de fábrica intactos y un historial que no hay que reconstruir.
Mercedes no volvió a ofrecer un descapotable de cuatro plazas hasta el Clase E de los noventa. Entre medias, el SL R107 y sus descendientes ocuparon el escaparate, pero nunca con la lógica de esta serie: la de un coche de representación al que se le quitaba el techo sin perder nada. Ese paréntesis de dos décadas explica la devoción y sostiene la cotización. El resto lo dirá la puja.

