Ferrari 250 GT California Spider y 275 GTB: las joyas de la subasta Ferrari en Monterey 2026

RM Sotheby's concentra los lotes más relevantes de la casa de Maranello en su venta de agosto. Las cifras superan los diez millones de dólares para los modelos contemporáneos, pero el regreso a la esencia lo firman dos berlinettas que hicieron historia.

Monterey 2026 no será una subasta más de RM Sotheby’s. En el Portola Hotel, entre el 13 y el 15 de agosto, la casa canadiense despliega la que quizá sea la mayor concentración de Ferrari contemporáneos jamás reunida bajo un mismo martillo, pero son dos clásicos —el Ferrari 250 GT California Spider y el Ferrari 275 GTB— los que concentran la atención de los coleccionistas más puristas. De la electricidad inaugural del Luce al rugido del V12 atmosférico de los sesenta, la venta traza la parábola completa del Cavallino Rampante.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: RM Sotheby’s encabeza la Monterey Car Week 2026 con una concentración sin precedentes de Ferrari modernos y clásicos, incluyendo por primera vez en una misma puja los cinco hiperdeportivos de la serie «Big Five».
  • No te lo puedes perder: La coexistencia en una sola venta de un 250 GT California Spider, un 275 GTB y el primer Ferrari eléctrico de producción, el Luce, ilustra el salto generacional del mito y la irrupción de la electrificación en la casa de Maranello.
  • Cifras y cotización: El Daytona SP3 arranca con una estimación de 10-12 millones de dólares; los cinco «Big Five» suman cerca de 40 millones. El 250 GT Cabriolet Series I, más raro que el California Spider, parte de 4-5 millones.

La batalla de Maranello sobre el asfalto de California

El lote que encabeza el catálogo es un Ferrari Daytona SP3 de la exclusiva serie Icona, acabado en Giallo Triplo Strato con apenas 227 millas. Solo tres unidades han pasado por subasta pública hasta la fecha, y la de Monterey es la cuarta. La estimación de 10-12 millones de dólares refleja la rareza de un modelo que rinde homenaje al triplete de la casa en las 24 Horas de Daytona de 1967 y que extrae 829 CV de su V12 atmosférico, pero también la presión de una producción limitada a 600 ejemplares, adjudicados casi íntegramente a clientes del Monza SP1 y SP2.

Junto a él, los cinco hiperdeportivos de serie que el coleccionismo ha bautizado como los «Big Five» comparecen por primera vez en una sola subasta. El 288 GTO de 1985, con solo 1.541 kilómetros, es uno de los seis ejemplares con menos de 1.000 millas que se conocen y parte con una horquilla de 5,75-6,75 millones. El F40 de 1991, encargado por Lee Iacocca y equipado con unos singulares patines de monopatín bajo el frontal para proteger los bajos, apenas ha recorrido 320 millas; su estimación ronda los 5,5-6,5 millones. Completan el quinteto un F50 ex-Mike Tyson con 6.196 millas (5,25-6,25 millones), un Enzo de 2003 que con 9.834 millas y sin opciones especiales parece modesto frente a los récords de enero de 2026 (6,75-7,5 millones) y un LaFerrari monopropietario con solo 711 millas (5,5-6,5 millones).

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La puja se completa con un lote benéfico que ya es noticia: el primer Ferrari Luce de producción, el chasis 0 del primer eléctrico de Maranello. Ataviado con una pintura Madreperla Semi-Gloss y un interior de cuero metalizado Perla, sale a escena con una estimación superior a 1,1 millones de dólares, una cifra que podría dispararse si repite el efecto del Daytona SP3 Tailor Made caritativo de 2025, rematado por diez veces su precio de fábrica.

La caída del martillo sobre el California Spider no medirá solo un automóvil: medirá la resistencia del mito frente a una era que ya no fabrica doce cilindros atmosféricos.

Los clásicos que desafían al tiempo

Frente al brillo de la fibra de carbono y los motores híbridos, los dos gran turismo de los sesenta que asoman en el catálogo devuelven al coleccionista la textura de la chapa artesanal y la respiración del Colombo V12. El 250 GT California Spider (1957-1963) fue la respuesta de Scaglietti al sueño americano: 106 ejemplares, batalla corta, líneas de Pinin Farina que convirtieron a este descapotable en el símbolo de la Dolce Vita. El 275 GTB (1964-1968), con su frontal afilado y la zaga truncada, llevó la escuela de carrocería berlinetta a una madurez aerodinámica que aún hoy impresiona.

RM Sotheby’s no ha desvelado las estimaciones precisas de estos dos lotes, pero cualquier aficionado sabe que un California Spider con números coincidentes no baja de los ocho dígitos, mientras que un 275 GTB de primera serie puede rondar los siete en función de su historial. La presencia de ambos en Monterey es un guiño calculado al purista que ya tiene el F40 en el garaje y busca un discurso más íntimo.

Junto a ellos, el 250 GT Cabriolet Series I de 1958 añade una nota de distinción silenciosa. Solo se fabricaron 40 unidades de este Pinin Farina abierto, lo que lo hace más escaso que el California Spider, aunque su cotización —estimada entre 4 y 5 millones— apenas alcance un tercio de la de aquel. Un recordatorio de que la leyenda, en el mercado, pesa más que la escasez sobre el papel.

Lo que la Monterey Car Week revela del mercado

La arquitectura de la venta de RM Sotheby’s confirma la fragmentación del coleccionismo de Ferrari en tres estratos cada vez más nítidos. La cima la ocupan los hiperdeportivos de tirada corta y kilometraje irrisorio, respaldados por compradores que llegan al clásico desde el ecosistema del lujo contemporáneo. Por debajo, los «Big Five» se han convertido en la nueva divisa de refugio: el hecho de que cuatro Enzo superaran por primera vez los cinco millones en enero de 2026, once años después del récord del vehículo papal, indica que la generación que empapeló su cuarto con estos coches dispone ya de la capacidad financiera para cumplir el sueño.

El coleccionista de hoy persigue la emoción del cartel de su adolescencia; el de mañana aspirará al primer Ferrari que se movió en silencio. Entre ambos extremos, al 250 GT California Spider le basta con seguir siendo lo que siempre fue.

En contraste, el gran turismo clásico de los sesenta apela a un comprador más formado, menos sensible a las modas de Instagram. Un California Spider correcto se movía en el entorno de los 18 millones de dólares en 2008; la corrección posterior devolvió las cotizaciones a un cauce más sensato, y esta subasta será el termómetro que mida si el mercado está dispuesto a recuperar aquellos máximos. El Cabriolet Series I, con su estimación discreta, representa una ventana de oportunidad para quien valore la rareza documental por encima del aura mediática.

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La irrupción del Luce benéfico, mientras tanto, es más que una anécdota: Maranello elige la pasarela de Monterey para legitimar su primer eléctrico ante la comunidad que dicta las tendencias del coleccionismo global. Si el martillo supera con holgura el millón de dólares, el mensaje será inequívoco —el futuro de Ferrari también puede cotizar en subasta— y convertirá a este 2026 en el año en que la Monterey Car Week dejó de mirar solo al retrovisor.