Imagina un vehículo de trabajo que apenas mide 165 centímetros de largo y puede cargar 454 kilogramos. El StepRanger, un microtruck eléctrico diseñado en Estados Unidos, no solo cabe en la cama de una pick-up como un carrito más, sino que además logra esquivar toda la normativa de matriculación para vehículos de carretera. Con un precio que arranca en unos 2.500 euros (2.700 dólares), y un coste de envío de 230 euros (250 dólares) dentro del país, la propuesta de la empresa fabricante ha conseguido llamar la atención de quienes necesitan mover mercancía en espacios imposibles para un coche o una furgoneta.
Qué es exactamente este microtruck
El StepRanger es, en esencia, una plataforma con cuatro ruedas, manillar y un pequeño escalón para el operario. La zona de carga mide 150 centímetros de largo y ocupa prácticamente toda su anchura —menos de 80 centímetros—, porque no hay cabina ni asiento para el conductor. La persona se sube de pie en la parte trasera y dirige el vehículo con el manillar, de forma similar a un patinete industrial, pero con capacidad de carga real.
El motor eléctrico le proporciona una velocidad máxima de en torno a 25 km/h, suficiente para trayectos de logística interna en almacenes, explotaciones agrícolas o recintos industriales. La batería de 48 voltios ofrece una autonomía de 25 kilómetros, que según el fabricante basta para toda una jornada de trabajo en movimientos cortos. Si se necesita más energía, existe la opción de instalar una segunda batería.
Las barandillas laterales de la plataforma se abaten, lo que facilita la carga y descarga de bultos voluminosos. Cuando se pliegan por completo, el StepRanger apenas ocupa el espacio de una carretilla, y su anchura de 79 centímetros le permite colarse por pasillos estrechos, entre edificios e incluso dentro de naves donde un vehículo convencional no gira. Todos estos datos proceden de la información oficial publicada por la empresa.
Mover media tonelada con un vehículo que cabe en la caja de una pick-up parece un truco de feria, pero el StepRanger lo consigue sin matrícula ni concesiones.
El truco normativo: cómo elude la matriculación en Estados Unidos
La clave está en su clasificación legal. Al no ser considerado un vehículo de carretera, el StepRanger no necesita matrícula, seguro obligatorio ni pasar las exigentes pruebas de homologación que sí rigen para coches y camiones ligeros en Estados Unidos. Su uso previsto fuera de la vía pública (en propiedad privada, obras, recintos acotados) lo coloca en una categoría similar a la de los carritos de golf o los ATV off-road, aunque con una filosofía más industrial que recreativa.
Esta singularidad normativa explica buena parte del interés que ha despertado. En un país donde los ‘kei trucks’ japoneses ganan adeptos pese a las restricciones estatales, el StepRanger demuestra que a veces la solución más sencilla (no pisar el asfalto) es la que sortea más papeleo. Eso sí, circular por una carretera abierta al tráfico con él acarrearía sanciones inmediatas.
Precios y extras: cuánto cuesta este microtruck en euros
Además de los 2.500 euros del modelo base y los 230 euros del envío, el catálogo de opciones es escueto pero funcional. La segunda batería suma otros 230 euros (250 dólares); cambiar los neumáticos de serie por unos específicos para nieve o barro añade unos 145 euros (160 dólares), y el mismo juego de ruedas montado en llanta cuesta 240 euros (260 dólares). Incluso se ofrecen unas pequeñas cadenas para nieve por 60 euros (64,95 dólares). Las cifras en dólares se mantienen entre paréntesis como referencia al mercado local.
La cuenta completa para un StepRanger con batería extra y envío se sitúa en torno a los 2.960 euros, una cantidad que lo acerca al coste de un carrito eléctrico industrial de gama media, pero con el añadido de poder desplazar cargas de casi media tonelada sin esfuerzo.
Lo que la fiebre del microtransporte dice sobre el futuro de la movilidad (también en España)
El fenómeno de los vehículos ultraligeros de trabajo no es exclusivo de Estados Unidos. En España, los cuadriciclos ligeros y los vehículos de movilidad personal están sujetos a normativas propias que diferencian entre uso privado y vía pública. Sin embargo, la irrupción de propuestas como el StepRanger plantea un escenario interesante: ¿existe espacio en nuestro país para microtrucks eléctricos que operen exclusivamente en fincas, polígonos o grandes instalaciones sin necesidad de homologación?
La respuesta corta es que sí, siempre que no circulen por carretera abierta. De hecho, ya se comercializan en Europa plataformas eléctricas de logística interior con características parecidas, aunque con un enfoque más industrial. Lo novedoso del StepRanger es su vocación todoterreno, su precio ajustado y la posibilidad de transportarlo en la propia pick-up, algo que en el ámbito agrícola o de mantenimiento de grandes propiedades puede ahorrar muchos desplazamientos en vacío.
Más allá de la anécdota, el microtruck estadounidense ilustra una tendencia global: la descarbonización de la última milla y las operaciones auxiliares empieza por vehículos pequeños, económicos y que no compitan con el tráfico rodado. Para el conductor o empresario español, el mensaje es claro: las soluciones de micromovilidad industrial ya no son un experimento de Silicon Valley, sino herramientas reales que están llegando al mercado con números que encajan.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: desde 2.500 euros (2.700 dólares) para el modelo base, más 230 euros de envío dentro de Estados Unidos.
- Consejo práctico: si gestionas una finca grande, un almacén extenso o necesitas mover materiales en espacios estrechos, un vehículo eléctrico no matriculable como el StepRanger puede sustituir a la pick-up para los trayectos cortos y ahorrar combustible y tiempos de maniobra.
- Así te afecta: aunque en España los vehículos de trabajo sin homologación para carretera están restringidos a recintos privados, la fórmula de microtruck sencillo y barato que evita burocracia empieza a calar en el sector logístico y agrario. El StepRanger es la prueba de que la descarbonización de las operaciones auxiliares no necesita grandes inversiones, sino una mentalidad diferente.


