El Stanley Steamer Model 810 de 1913 sale a subasta en Bring a Trailer con un primer premio nacional de la AACA en su historial.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: no es un superviviente intacto, sino una reconstrucción documentada: el especialista Carl Amsley lo armó a partir de un conjunto de piezas y cerró el proyecto en 1976.
- No te lo puedes perder: el puesto de conducción conserva un silbato de vapor accionado con el pie y una bocina de mano J. Piel & Co. a la derecha del conductor.
- Datos y producción: el Mountain Wagon se fabricó entre 1909 y 1916 sobre una batalla de 136 pulgadas (3.454 mm); este ejemplar monta el bicilíndrico de doble efecto de 20 hp, unos 20,3 CV, que sustituyó al motor de 30 hp original.
De un montón de piezas al primer premio de la AACA
La biografía de esta unidad no empieza en 1913, sino en un almacén de piezas sueltas varias décadas después. El especialista en la marca Carl Amsley adquirió el conjunto a lo largo de los años setenta y acometió una reconstrucción completa en la que instaló componentes actualizados del tren motriz. El proyecto se cerró en 1976.
El resultado obtuvo el primer premio nacional de la AACA, el reconocimiento con el que el Antique Automobile Club of America sanciona la fidelidad de un vehículo restaurado. Después pasó a manos de un propietario de Idaho y, en 1981, se incorporó a la colección de Stan Lucas, donde permaneció 44 años almacenado en Long Beach, California. En 2025 lo adquirió el actual vendedor, que ejecutó una puesta a punto para devolverlo a un estado operable.
Esa puesta a punto incluyó, según la descripción del lote, el servicio de la caldera y de los circuitos de combustible y agua. En 2026 el coche volvió a rodar en público: participó en el Audrain Motor Week de Newport, Rhode Island, completó el Tour d’Elegance y se exhibió en el Concours d’Elegance. Cuatro décadas de silencio cerradas en un fin de semana.
Se ofrece ahora desde Alexandria, Virginia, con fotografías históricas, documentación del propietario, el documento de compra de 1981 y un título de Montana que lo identifica como ‘1913 SMCC’, es decir, con las siglas de la Stanley Motor Carriage Company. La ficha del lote detalla también la configuración que lo hace singular: doce plazas, carrocería de madera y un motor que no es el de fábrica.
Cuarenta y cuatro años de almacenamiento no borran un historial: lo condensan en el argumento de venta más difícil de rebatir.
El Mountain Wagon, vapor para los hoteles de montaña
La Stanley Motor Carriage Company nació en 1902 impulsada por los gemelos Francis E. Stanley y Freelan O. Stanley, que llevaban desde finales del siglo XIX construyendo automóviles de vapor. Entre sus primeros coches figura el primero en subir por la Carriage Road del monte Washington, un hito que la compañía explotó durante años como certificado de robustez.
En 1908 la empresa empezó a desarrollar el Mountain Wagon, un modelo pensado para los hoteles y las compañías de excursiones que trabajaban en zonas de montaña. Se fabricó entre 1909 y 1916 y su rasgo definitorio eran los asientos desmontables: colocados, era un transporte de pasajeros; retirados, un camión o un vehículo de reparto. La polivalencia respondía a una clientela que no podía permitirse mantener dos vehículos.
El chasis declara 136 pulgadas de batalla (3.454 mm) y la carrocería de madera fue repintada en rojo con filetes negros y dorados durante la reconstrucción de Amsley. Monta faros Rushmore de acetileno, lámparas de cola y de capó alimentadas por aceite, parabrisas abatible, estribos, portón trasero y capota negra con ventana trasera de seis cristales.
Caldera delante, motor detrás
Bajo la carrocería de madera, el esquema mecánico es el canónico del vapor de la época: una caldera en el morro genera el vapor que alimenta un motor bicilíndrico de doble efecto montado horizontalmente bajo la parte trasera. Trabaja en ciclo Rankine, con distribución por correderas y mando Stephenson; las bielas sobre rodamientos giran un único cigüeñal cuyo piñón central engrana directamente con el diferencial. No hay embrague ni caja de cambios: la transmisión es, literalmente, un engranaje.
Este ejemplar monta ahora 20 hp, unos 20,3 CV, en lugar de los 30 hp originales, junto a un quemador Baker de doble combustible con piloto Coleman y bombas de fluidos actualizadas. Son soluciones de época, no añadidos modernos, y condicionan la lectura del coche: estamos ante una restauración funcional, no ante una pieza de museo congelada.
El puesto de mando exige aprendizaje. Volante de madera, salpicadero rojo con válvulas, mirilla de nivel de agua y manómetros, más una lámpara de aceite fijada a la columna de dirección. Una palanca central acciona la bomba manual de combustible, el acelerador se gobierna con una palanca tras el volante, el pedal derecho atiende los frenos y el doble pedal izquierdo selecciona la marcha atrás. En el suelo, un botón hace sonar el silbato de vapor; a la derecha del conductor descansa una bocina de mano J. Piel & Co.
La frenada corre a cargo de tambores traseros de accionamiento mecánico, con zapatas de expansión interna movidas por pedal y bandas de contracción externa gobernadas por palanca; pisar el pedal de marcha atrás también frena. La suspensión recurre a ejes rígidos con ballestas semielípticas y hojas auxiliares anidadas en el tren posterior. Las ruedas de artillería de madera, de 28 pulgadas, calzan neumáticos 38×5 de banda blanca, 965 mm de diámetro exterior.
Qué compra quien compra vapor
En el mercado del veterano anterior a 1918 el vapor ocupa un compartimento estanco. El comprador no busca prestaciones ni comodidad, sino un objeto mecánico que exige conocimiento y mantenimiento constante, y ese filtro reduce la demanda en la misma medida en que reduce la oferta. Los Mountain Wagon son, además, una rareza dentro de la propia producción Stanley: carrocerías de madera concebidas para trabajar, con una tasa de supervivencia más castigada que la de un torpedo de turismo.
El premio nacional de la AACA aporta algo que ninguna restauración reciente puede comprar: fecha y sanción externa. Amsley era especialista en la marca y su trabajo quedó documentado en 1976; el coche conserva papeles desde 1981 y una continuidad de custodia que en el coleccionismo de veteranos pesa más que el brillo de la pintura.
Ahora bien, conviene no confundir antigüedad con valor. Quien compre un Stanley debe presupuestar la caldera como capítulo aparte: la inspección, la certificación y el mantenimiento de un sistema de presión son tan determinantes como el estado de la carrocería o la autenticidad de los faros. La puesta a punto de 2025, con servicio de caldera y de los circuitos de combustible y agua, es el mejor argumento del lote y, al mismo tiempo, el que exige una verificación independiente antes de pujar.
Que el Mountain Wagon vuelva a rodar es, en sí, un mérito. Con la era del vapor reducida a un puñado de ejemplares operativos, cada uno que arranca tiene algo de arqueología en marcha.

