El Porsche 911 Slant Nose que Bring a Trailer tiene en puja es un M505 de fábrica, con 32.000 millas y más de 15.000 dólares de servicio en 2026.
Se trata de un 930 Turbo cabriolet de 1988 pedido en versión California —código C03 en la ficha— y hoy con título de Florida. Bajo el capó delantero sigue adherida la etiqueta de opciones, ese rectángulo de papel que en un coche de casi cuatro décadas pesa tanto como un historial de mantenimiento bien ordenado: allí constan el 505 – Slant nose, USA, el L80K de la pintura Guards Red, el 439 del techo eléctrico y el 975 de la moqueta de terciopelo del maletero.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: la etiqueta de opciones original acredita la carrocería Flachbau montada en fábrica, que es la frontera entre un M505 auténtico y una conversión posterior.
- No te lo puedes perder: el motor se reselló en mayo de 2026 con una factura superior a los 15.000 dólares que incluye retenes de cigüeñal, líneas de combustible, juntas de turbo y embrague completo.
- Cifras y cotización: 1988, flat-six turbo de 3.3 litros y 282 hp (unos 286 CV), cambio manual de cuatro relaciones, 32.000 millas (≈51.500 km) y puja abierta en Bring a Trailer.
El lote: la carrocería Flachbau y una cabina sin sorpresas
El kit Flachbau de fábrica comprendía faros escamoteables, aletas delanteras ventiladas, branquias laterales y faldones prolongados; a ello se añaden los antiniebla integrados y las dos salidas de escape. La capota negra es eléctrica y sus cables se sustituyeron en mayo de 2026, un detalle menor en apariencia que suele delatar el estado real de estos mecanismos.
Calza llantas Fuchs forjadas de 16 pulgadas con neumáticos Pirelli P Zero Rosso. La frenada corre a cargo de discos perforados y ventilados en las cuatro ruedas, y los Turbo recibieron de serie barras estabilizadoras delante y detrás, un refuerzo que muchas unidades han perdido en manos de preparadores entusiastas.
Dentro, los asientos deportivos delanteros con reglaje eléctrico en altura, tapizados en cuero negro con ribetes rojos, y un equipamiento coherente con 1988: reloj analógico, elevalunas eléctricos y radio Blaupunkt de CD. Aquí surge la primera discordancia documental, y tiene su gracia: la etiqueta consigna el código 158, la Blaupunkt Monterey de casete, de modo que el equipo actual no es el de fábrica. Nada grave; es el tipo de detalle que un juez de concurso anota en su libreta.
El volante de tres radios y cubo elevado (código 018) enmarca la instrumentación VDO: cuentarrevoluciones central con zona roja a 6.700 rpm, velocímetro de 170 mph —unos 274 km/h— y relojes de presión y temperatura de aceite, nivel, combustible y presión de soplado.
Un Flachbau sin su etiqueta de opciones es solo un 930 con faros que se esconden; el papel es la mitad del coche.
Bajo el capó, el 3.3 litros turbo anuncia 282 hp y 278 lb-ft, es decir, unos 286 CV y 377 Nm, administrados por un cambio manual de cuatro relaciones revisado en 2007. La unidad monta un intercooler de aftermarket y el módulo de control Permatune se sustituyó en 2008: dos desviaciones del original que conviene tener presentes al calcular el precio de la puja.
El Flachbau: la opción que Zuffenhausen montaba a mano
Conviene recordar qué era este capricho. El Flachbau nació como encargo especial dentro del programa de peticiones del cliente y no salía de la línea principal: la carrocería se montaba a mano, fuera del flujo estándar, lo que explicaba un sobreprecio considerable sobre el Turbo de catálogo. De ahí que la opción se asociara al comprador que quería distinguirse y no al que perseguía prestaciones.
El código 505, tal y como reza la etiqueta, identifica la versión destinada a Estados Unidos; en la jerga del coleccionismo se distingue entre las series de la opción según mercado, y la procedencia norteamericana explica también el C03 de la ficha y el sistema de alarma 533. La lista de opciones, leída entera, dibuja el retrato de un cliente muy concreto: asientos eléctricos a ambos lados, capota automática y hasta moqueta de terciopelo en el maletero.
Las cifras de producción que circulan no coinciden entre sí y casi nunca distinguen entre coupé, descapotable y Targa; cualquier recuento cerrado debe tomarse con cautela. Lo que sí sostiene la estadística es la paradoja del modelo: el Flachbau fue denostado durante años por la afición purista, que lo leía como un ejercicio de ostentación, y hoy es precisamente esa rareza la que firma su prima en el mercado.
El descapotable llegó tarde al catálogo del 930, ya en la segunda mitad de los ochenta y muy cerca del final de la serie G —más contexto sobre la saga, en la entrada dedicada al Porsche 911—. Un Turbo abierto y de morro plano reúne las tres condiciones por las que el coleccionista paga: la variante menos fabricada, la opción más discutida y el cierre de una generación.
La factura de 2026, el papeleo y lo que el mercado paga por la rareza
El apartado que decide la subasta no es el color, sino la carpeta de facturas. En mayo de 2026, Trophy Performance de Las Vegas ejecutó una intervención de más de 15.000 dólares —alrededor de 13.000 euros— que incluyó retenes de cigüeñal delantero y trasero, interruptor de presión de aceite, líneas principales de combustible, conducciones de aceite a los árboles de levas y juntas de turbo y de colector de escape.
En la misma factura figuran disco, plato y rodamiento de empuje del embrague, junta de la caja, acoplamiento trasero del mando de cambios y casquillos de la palanca. Nada de esto es glamuroso; todo es lo que separa un 930 que se puede usar de uno que solo se mira.
Los retenes de cigüeñal son la dolencia crónica de estos planos, y las líneas de combustible en un sistema de inyección mecánica con casi cuarenta años son una cuestión de seguridad antes que de estética. La conversión del aire acondicionado a R134a apunta en la misma dirección: hacer el coche habitable en verano, no solo fotografiable.
El coche se ofrece con juego de herramientas, historial de servicio, manual del propietario, un Carfax sin accidentes y título limpio de Florida. Sobre el Carfax conviene matizar: en un vehículo de 1988 su capacidad de acreditar el kilometraje es limitada, y las 32.000 millas —unos 51.500 km— deben cruzarse con las facturas y con el desgaste real de pedales, volante y asientos. También con un dato de contexto: lo vende un profesional que lo adquirió hace poco, es decir, alguien compró, invirtió en puesta a punto y ahora recoge.
Ahí está el juicio de valor. Un M505 con etiqueta original, papeleo ordenado y mecánica recién atendida es una pieza escasa; el intercooler de aftermarket y el módulo Permatune, en cambio, son cicatrices que un comprador de concurso descontará y que un usuario disfrutará sin remordimiento. La horquilla entre ambas actitudes es hoy el eje del mercado del 930: los originales suben, los modificados se estancan, y el Slant Nose, por su condición de objeto inclasificable, se mueve en una franja propia.
Queda la pregunta de hacia dónde va. El Flachbau ha pasado de patito feo de la saga a reivindicarse como la expresión más descarada de una época en la que Porsche vendía exceso con firma de ingeniero.
Con la generación G instalada ya en el territorio de los clásicos consolidados, cada unidad que aparece con su etiqueta intacta y su historial completo eleva un poco el suelo de la siguiente. La puja sigue abierta en la ficha del lote en Bring a Trailer, donde el reloj —y el mercado— dirán la última palabra.

