Pocas veces un automóvil americano reclama el protagonismo en la Monterey Car Week con la autoridad de un GTO o un 250 LM. Pero el ejemplar que Gooding & Christie’s sacará a subasta los días 14 y 15 de agosto de 2026 en el césped de Pebble Beach no es un gran turismo cualquiera: es el Shelby Cobra Daytona Coupé chasis CSX2300, la tercera de las seis unidades construidas, el único GT estadounidense campeón del Mundo de Marcas y el único que Carroll Shelby tuvo en su garaje personal durante más de dos décadas. Su estimación de «In Excess of $25,000,000» amenaza con pulverizar el récord del automóvil americano más caro jamás subastado.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: El chasis CSX2300, con una estimación que supera los 25 millones de dólares, aspira a convertirse en el coche americano más valioso de la historia de las subastas.
- No te lo puedes perder: Es el único Daytona Coupé que Carroll Shelby poseyó en propiedad, una procedencia que añade un valor emocional y documental extraordinario al remate.
- Cifras y producción: Solo se fabricaron seis Daytona Coupé. El récord actual del americano más caro lo ostenta el Duesenberg SSJ de 1935 con 22 millones de dólares, y el Shelby más costoso hasta ahora fue el prototipo 260 Cobra CSX2000 por 13,75 millones.
El chasis CSX2300 y la breve dinastía del Daytona Coupé
La historia del Cobra Daytona nace de una obsesión: derrotar a los Ferrari 250 GTO en el campeonato de gran turismo. Carroll Shelby encargó a Peter Brock un diseño aerodinámico que permitiera al roadster AC Cobra alcanzar velocidades punta competitivas en recta. El resultado fue una carrocería coupé cerrada de aluminio, fabricada por la italiana Carrozzeria Gransport, con una silueta de cola Kamm que reducía la resistencia sin sacrificar carga. De aquel proyecto surgieron apenas seis ejemplares entre 1964 y 1965; el chasis CSX2300 fue el tercero en ver la luz y uno de los pilares de la campaña europea que entregaría a Shelby el título de constructores en la temporada de 1965.
Su debut mundial se produjo en el Tour de France Automobile de 1964 con Bob Bondurant y Jochen Neerpasch al volante. Ganaron las dos primeras etapas antes de sufrir problemas mecánicos, un anticipo de la competitividad que desplegaría el coche en las pruebas de resistencia. Más tarde, con los colores del Alan Mann Racing, el Daytona se codeó con los mejores en el Nürburgring, Reims y las 12 Horas de Sebring, donde lució el dorsal 12 y la librea azul que hoy vuelve a vestir tras su última restauración.
Un palmarés forjado entre Sebring, Nürburgring y Fuji
A diferencia de otros Daytona que concluyeron su carrera deportiva en 1965, el CSX2300 prolongó su vida competitiva más allá del programa de fábrica. Cuando la normativa de la FIA para 1966 hizo obsoleto al modelo en favor del Ford GT40, este chasis emigró a Japón, donde siguió compitiendo hasta 1968 en circuitos como Fuji Speedway y el Gran Premio de Japón. Su palmarés incluye podios en las 24 Horas de Daytona (tercero de clase), en Sebring y en los 1.000 km de Nürburgring, así como un segundo puesto de clase en Reims, lo que le convierte en el Daytona con una hoja de servicios internacionales más extensa y diversa.
El papel del CSX2300 fue decisivo para que Shelby American se adjudicase el Campeonato Mundial de Marcas de 1965, el único título logrado por un gran turismo estadounidense. Ese hito, grabado en los libros de la FIA, dota a la unidad de un aura que ningún otro automóvil americano de competición puede igualar.

Carroll Shelby, el propietario que nunca vendió su Daytona
Si el palmarés ya es excepcional, la procedencia del chasis CSX2300 añade un relato casi mitológico. Entre 1975 y 1998, el coche perteneció al mismísimo Carroll Shelby, el único de los seis Daytona que el tejano mantuvo en su colección personal durante más de dos décadas. Durante esos años, el vehículo participó en concentraciones emblemáticas como la SAAC-9 en Anaheim y la reunión del 30.º aniversario del Cobra en Sonoma, y fue restaurado por el especialista Mike McCluskey para devolverlo a su especificación de 1965.
Una segunda restauración, llevada a cabo en el año 2000 bajo la dirección de Larry Bowman, preservó deliberadamente las huellas físicas de su historial de competición. Desde entonces ha pasado por manos de un único propietario que lo ha cuidado y utilizado con regularidad en los eventos de clásicos más prestigiosos de Europa: Tour Auto, Modena Cento Ore, el Goodwood Revival y, más recientemente, el Festival de la Velocidad de Goodwood en julio de 2026. La suma de competición, propiedad del creador y uso continuado configura una procedencia impecable, que los catálogos de las casas de subastas saben traducir en plusvalía.
No hay mayor plusvalía en el coleccionismo que un número de bastidor que Carroll Shelby guardó para sí mismo.
El mercado americano busca su techo: ¿batirá el Daytona al Duesenberg?
Conviene recordar que los automóviles de origen estadounidense apenas tienen representación entre el más del centenar de coches que han superado los diez millones de dólares en subasta pública. El Duesenberg SSJ de 1935, rematado por 22 millones de dólares en Gooding Pebble Beach 2018, sigue siendo el más caro, seguido a mucha distancia por modelos como el Shelby 260 Cobra CSX2000 (13,75 millones) o algún muscle car de concurso. Que un deportivo de los años sesenta plantee rebasar los 25 millones —sin comisión del comprador— equivale a redefinir la jerarquía del coleccionismo yanqui.
Un precio de martillo en ese entorno colocaría al Daytona Coupé no solo como el coche americano más valioso de la historia, sino como el Shelby más caro por un margen enorme, casi duplicando el récord de marca. Y lo haría con una combinación de pedigree de fábrica, historia en circuitos y propiedad icónica que muy pocas piezas del mundo pueden replicar. Mientras en la misma Monterey Car Week el McLaren F1 GTR de RM Sotheby’s aspira a cifras superiores gracias a un motor central británico, es el rugido del V8 de 4,7 litros de origen Ford el que encarna una narrativa de David contra Goliat que cala hondo en el coleccionista.
Según el catálogo de Gooding & Christie’s para el lote, la estimación se expresa como «In Excess of $25,000,000», sin límite superior declarado. Esa fórmula, habitual en piezas que pueden desatar una guerra de pujas, invita a pensar que el récord absoluto del coche americano está al alcance de la maza. Habrá que esperar al atardecer del 15 de agosto para saber si la historia se escribe con un nuevo rey en Pebble Beach.


