Yamaha patenta un scooter híbrido con dos motores eléctricos: la alternativa a las ZBE

El sistema serie-paralelo permite funcionar en modo eléctrico puro, como range extender o con el motor de combustión asistiendo para máximo rendimiento. La patente muestra un empaquetado viable en un maxiscooter convencional.

Yamaha tiene una larga historia de prototipos híbridos que nunca llegaron a producción: el Gen-Ryu de 2005 y el HV-X de 2008 se quedaron en conceptos. Ahora, una nueva patente registrada por la marca japonesa revive la idea con un scooter híbrido serie-paralelo de dos motores eléctricos y un motor de combustión, pensado para sortear las restricciones de las Zonas de Bajas Emisiones sin sacrificar la autonomía.

La clave del invento es el uso de dos motores eléctricos que actúan como generadores. El primero, ubicado en la parte trasera del basculante, impulsa directamente la rueda posterior y puede mover el scooter en modo eléctrico puro; en ese caso, el motor de gasolina permanece apagado y desacoplado de la transmisión variable continua mediante un embrague electromagnético. Este motor también recupera energía en las deceleraciones, recargando la batería situada entre las piernas del conductor.

El segundo motor-generador va acoplado al cigüeñal del motor térmico. Cuando la carga de la batería baja de un umbral predefinido, el motor de combustión se enciende automáticamente, pero sin conectar a la transmisión: funciona a revoluciones constantes y óptimas para mover el generador y recargar la batería, actuando como un range extender mientras la rueda sigue girando en modo eléctrico. Es decir, el scooter nunca se queda tirado por falta de batería, y al mismo tiempo se emiten cero emisiones en el tramo urbano.

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Si el piloto exige más rendimiento del que puede ofrecer el motor trasero solo, el embrague se acopla, el motor de gasolina se une a la CVT por correa y empuja como un scooter automático convencional. A la vez, el motor delantero sigue recargando la batería. Y aún hay un modo boost que suma los dos motores eléctricos al de combustión para ofrecer el máximo par y potencia. Todo esto sucede sin que el conductor tenga que intervenir: la electrónica de a bordo gestiona la transición entre modos de forma transparente.

Del prototipo Proto HEV a un scooter de calle: empaquetado realista

La patente no solo detalla cómo funciona el sistema, sino que también incluye un esquema de implantación en un maxiscooter de aspecto totalmente convencional, con plataforma plana y el carenado habitual protegiendo las piernas. A diferencia del llamativo Proto HEV mostrado el año pasado, cuyo formato recordaba más a una moto, este diseño encaja a la perfección en la silueta práctica de un scooter urbano.

Los documentos registrados muestran que la batería de alto voltaje va alojada bajo el asiento, aprovechando el espacio que suele ocupar el hueco del casco. El depósito de gasolina se mantiene en su posición habitual, garantizando una autonomía total comparable a la de un TMAX, pero con la opción de circular durante muchos kilómetros en modo eléctrico cero emisiones. Para las ciudades europeas con ZBE cada vez más estrictas, es una solución que aúna el día a día limpio y la libertad de viajar sin planificar cargas.

Yamaha ya anticipó en 2022 que la electrificación pasaría por los híbridos antes que por las motos 100% eléctricas de gran autonomía. Con esta patente, la firma de Iwata demuestra que tiene la tecnología lista para un producto viable a corto plazo. La pregunta no es si funciona, sino cuándo veremos este híbrido en la red de concesionarios oficiales.

El contexto europeo empuja en esa dirección. Ciudades como Madrid, Barcelona, París o Milán ya aplican restricciones a los vehículos térmicos en sus áreas centrales, y las motos no son una excepción. Un scooter híbrido como el que dibuja la patente podría acceder a cualquier ZBE con la conciencia tranquila, y al mismo tiempo seguir usando gasolina para escapadas de fin de semana sin la ansiedad de la recarga. La idea fuerza lleva años sobre la mesa, pero ahora la tecnología de motores eléctricos compactos y baterías de alta densidad permite un empaquetado que en 2008 habría sido inviable.

Tu Mecánico de Confianza

Si Yamaha llevara este sistema a producción, el mantenimiento del scooter no sería mucho más complejo que el de un maxiscooter actual. Los motores eléctricos apenas necesitan atención, y el motor de gasolina, al funcionar en rangos de revoluciones óptimos cuando actúa como generador, podría alargar los intervalos de cambio de aceite. Eso sí, la batería de alto voltaje requerirá diagnóstico especializado, y su eventual sustitución será un coste a considerar a largo plazo. Ahora bien, el ahorro en combustible en ciclo urbano —donde el modo eléctrico cubriría la mayor parte de los desplazamientos diarios— compensaría en gran medida ese desembolso futuro. La clave estará en el precio de venta y en la política de garantía que ofrezca Yamaha para la parte eléctrica, que determinarán si este híbrido se convierte en un superventas o en otro prototipo que se queda en un cajón.

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