El robo del Bugatti Chiron de Mate Rimac, valorado en más de un millón de euros, acabó en una persecución transfronteriza. El coche salió de un aparcamiento de la compañía en Croacia y fue recuperado en Austria, ya de noche, con la telemetría del vehículo como principaltestigo.
El hiperdeportivo estaba estacionado junto a un edificio de la empresa. Un empleado lo vio arrancar y salir a toda velocidad. En pocos minutos, un grupo de mensajes internos confirmó lo evidente: nadie del equipo conocía al conductor.
Cómo se roba un coche de siete cifras con las llaves puestas
La costumbre venía de lejos. Rimac tenía por norma dejar las llaves puestas en sus coches, incluido el Chiron que utiliza a diario, según relató él mismo en un vídeo publicado en sus redes sociales. Su razonamiento era sencillo: un vehículo de varios millones de euros resulta un objetivo demasiado codiciado como para que alguien se atreva. El cálculo falló. El modelo, uno de los hiperdeportivos más exclusivos del mercado, puede consultarse en sus datos técnicos e historia.
Las cámaras de seguridad grabaron la escena. Un hombre abre la puerta, arranca y se marcha sin forzar nada, como quien sale del garaje de su casa. La secuencia, difundida por el propio consejero delegado, es la definición visual de un robo oportunista: sin ganzúas, sin cristales rotos y sin alarma que saltara antes de tiempo.
Un hiperdeportivo de siete cifras no se protege con una alarma, sino con la certeza de que alguien está mirando sus datos en tiempo real.
La reacción fue casi instantánea. La plantilla avisó a las autoridades de Croacia y el equipo abrió un canal de mensajes donde ir compartiendo cada dato del vehículo. La telemetría del Chiron transmite posición, nivel de combustible, velocidad y prácticamente todo lo que ocurre a bordo.
La telemetría, un Porsche 911 y dos fronteras por medio

Rimac no esperó sentado. Se subió a su Porsche 911, con el depósito lleno, y salió a por el Chiron con una hora de desventaja. Su intención era que el ladrón fuera interceptado antes de cruzar a otro país. No sucedió: el coche entró en Eslovenia y después en Austria.
El combustible marcó el ritmo de la huida. El conductor paró en una estación de servicio, repostó medio depósito y siguió sin pagar, siempre según el relato del propio Rimac. Ahí entró en juego la coordinación entre países: un agente austriaco estaba dentro del grupo de mensajes y recibía la posición actualizada en tiempo real. La detención llegó antes de que el coche pudiera esfumarse.
La historia se difundió en un formato poco habitual: el propio protagonista, en primera persona y en un vídeo vertical, contando el robo de su coche. Un consejero delegado del sector del lujo exponiendo un fallo de seguridad propio, sin nota de prensa y sin gabinete de comunicación de por medio. Eso también explica por qué el caso ha dado la vuelta al mundo.
Lo que este episodio dice del coche conectado (y de España)
Más allá de la anécdota, quedan tres lecturas. La primera es tecnológica: los hiperdeportivos actuales son coches conectados que registran y transmiten datos de forma constante, y esa capacidad se ha convertido en la herramienta antirrobo más eficaz del mercado. La segunda es logística: recuperar un vehículo robado en menos de un día y en dos países distintos exige una coordinación entre cuerpos de seguridad que hace una década era impensable. La tercera es de manual: dejar las llaves puestas sigue siendo el agujero de seguridad más tonto y más caro del sector.
En España, un coche de este nivel se mueve en un círculo muy cerrado: unidades contadas, propietarios identificables y una red de talleres y aseguradoras que conoce cada matrícula. Eso no lo hace inmune al robo, pero complica mucho la salida. Un Chiron sin documentación, con la telemetría activa y con la marca siguiendo su rastro no vale nada en el mercado negro. Es, literalmente, un problema con ruedas.
Rimac decidió no presentar cargos. Reconoció sentirse mal por el ladrón, aunque el valor del vehículo hará que el caso siga su curso legal. Su conclusión fue más práctica que sentimental: en la fábrica ya no se dejan llaves al alcance y el mensaje para futuros candidatos es inequívoco. El coche guarda todos los datos y sin la marca no se puede hacer nada con él.
Lo que queda de esta historia es menos cinematográfico y más cotidiano. La revisión de protocolos de custodia en las instalaciones croatas de la marca, por un lado. Y un debate de fondo que afecta a cualquier coche nuevo vendido en Europa con conexión permanente, por otro. La pregunta ya no es si un vehículo puede avisar de que le están robando, sino cuánto tarda en hacerlo y quién está al otro lado para actuar.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: más de un millón de euros, el valor del Chiron que se robó con las llaves puestas en Croacia y se recuperó en Austria en menos de un día.
- Consejo práctico: si tu coche tiene servicios conectados, actívalos y comprueba quién puede ver su ubicación; es el rastro más rápido ante un robo, aquí y en cualquier país de Europa.
- Así te afecta: el episodio confirma que la telemetría pesa más que cualquier alarma y anticipa cómo se protegerán los coches nuevos que se matriculen en España.

