Zagreb estrena el primer robotaxi comercial de Europa: Croacia prueba el coche sin conductor con Uber

La capital croata opera desde abril de 2026 una flota de unos 30 SUV eléctricos con tecnología de Pony.ai y pedidos integrados en Uber. Las primeras carreras incluyen un operador de seguridad, aunque la compañía ya ensaya trayectos sin nadie al volante.

Croacia ya tiene robotaxi comercial en Zagreb. Desde abril de 2026, la capital croata opera un servicio de vehículos eléctricos con conducción autónoma en zonas estratégicas, incluido el centro y el aeropuerto internacional. Es el primer robotaxi comercial de Europa que funciona con pasajeros y se pide a través de Uber.

Qué es exactamente el robotaxi que ya circula en Zagreb

Detrás del proyecto está Verne, una compañía croata de movilidad autónoma nacida en el ecosistema del Grupo Rimac, conocido por sus hipercoches eléctricos. La flota ronda los 30 SUV eléctricos Arcfox Alpha T5, equipados con el sistema de conducción autónoma Gen-7 de la empresa china Pony.ai. La tecnología combina sensores LiDAR, cámaras y radar para leer el entorno a 360 grados en tiempo real. A eso se suma el respaldo de un centro de operaciones remoto que vigila cada trayecto.

  • Flota: alrededor de 30 SUV eléctricos Arcfox Alpha T5.
  • Tecnología: sistema Gen-7 de Pony.ai con LiDAR, cámaras y radar.
  • Zonas: centro de Zagreb y aeropuerto internacional.
  • Operación: pedido desde UberX o Uber Comfort, según disponibilidad.

El coche sin conductor en Zagreb ya no es una atracción de feria. Se integra en la aplicación de Uber y funciona como una opción más de movilidad: el usuario elige UberX o Uber Comfort y, si hay un vehículo autónomo disponible, la carrera se asigna a ese coche. La lista de espera para probarlo demuestra que la curiosidad pesa más que la desconfianza. En la práctica, el pasajero pide un trayecto normal y ve llegar un SUV en el que nadie toca el volante.

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La compañía no ha publicado tarifas específicas para el robotaxi. El servicio se cobra dentro de la aplicación de Uber, con la lógica de una carrera convencional, y la experiencia arranca antes de subir: la app avisa de que el vehículo asignado es autónomo. Esa transparencia es clave para que el pasajero no se lleve una sorpresa al ver el volante girar solo.

Lo disruptivo no es que el coche se mueva solo, sino que Zagreb haya convertido la conducción autónoma en un servicio cotidiano antes que otras capitales europeas.

Cómo se pide y qué ocurre durante el trayecto

robotaxi Europa

El primer trayecto de prueba en Zagreb recorre unos tres kilómetros por el centro. A bordo viaja un operador de seguridad en el asiento del conductor, una presencia exigida por la normativa actual en las primeras fases del servicio comercial. No toca los mandos, pero su figura sirve de red de seguridad. La sensación es extraña: los ojos buscan unas manos que no llegan a moverse.

El coche circula con una prudencia superior a la humana en algunos puntos. Frena con antelación ante los pasos de peatones, cede el paso a las bicicletas y convive con los tranvías de Zagreb, uno de los elementos más impredecibles del tráfico local. La pantalla central muestra lo que el sistema detecta: peatones, vehículos, carriles y obstáculos. Es una ventana a la percepción artificial del entorno.

El segundo trayecto cambia de escala: unos 22 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta entre la sede de Verne y el aeropuerto. En este caso no hay nadie en el puesto de conducción. La empresa croata ya ha empezado los tests del servicio completamente autónomo, sin operador a bordo, en vías interurbanas con menos tráfico y velocidades más altas. Es el paso previo a un robotaxi sin volante.

Verne también prepara un prototipo de dos plazas sin volante, con la consola dominada por pantallas y un planteamiento de viaje más cercano a la clase business sobre ruedas. No hay fecha de entrada en servicio. La compañía lo presenta como el horizonte del proyecto, no como el vehículo que hoy recoge pasajeros en Zagreb.

Lo que el caso croata dice del mercado europeo y de España

El acuerdo entre Verne y Uber se firmó en agosto de 2026 y supone la primera integración de vehículos autónomos en la plataforma de Uber en Europa. La compañía estadounidense no esconde su ambición: quiere estar operativa en 15 ciudades en el corto plazo. Manchester ya ha iniciado pruebas de coche autónomo, lo que dibuja un mapa europeo en el que Zagreb es la avanzadilla y no una excepción aislada.

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Uber insiste en que los conductores no desaparecerán. La empresa habla de una red híbrida: coches con conductor y vehículos autónomos conviviendo en la misma aplicación. Para el usuario, la diferencia será invisible hasta que el vehículo llega. Para el sector, el mensaje es que la conducción autónoma ya no se vende como un experimento de laboratorio, sino como una capa más del transporte urbano.

La conexión con España merece una lectura prudente. El caso croata demuestra que la tecnología ya circula en tráfico real, pero también que el despliegue depende del marco regulatorio, de la cartografía urbana y de la capacidad de operar una flota con supervisión remota. Para las ciudades españolas, la asignatura pendiente no es tanto el sensor como la norma que permita integrar estos vehículos en un servicio comercial abierto al público. Zagreb marca un precedente que se observará con atención: si el modelo funciona, la presión para acelerar la regulación crecerá.

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📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: alrededor de 30 SUV eléctricos y un objetivo de 15 ciudades para Uber; el primer servicio comercial de robotaxi de Europa arrancó en Zagreb en abril de 2026.
  • Consejo práctico: si viajas a Zagreb, prueba a pedir UberX o Uber Comfort y revisa si la app asigna un vehículo autónomo; en las primeras fases puede ir un operador de seguridad a bordo.
  • Así te afecta: aunque hoy sea una experiencia croata, el modelo anticipa cómo se pedirá movilidad en las ciudades europeas y qué debate regulatorio afrontará España.