Lo confieso: llevo varias semanas esperando a que Car Wizard subiera este vídeo. Su Audi R8 de 2008, ese que rescató de Hoover’s Garage tras una larga financiación en especie, me tiene enganchado. Ya sabíamos que el motor había quedado impecable tras una cirugía a corazón abierto, pero el propio creador admite en su último episodio que la restauración sigue dando guerra: ahora toca lidiar con la estética y, de paso, con los nervios del taller.
Un corazón a prueba de balas (y de cartera)
Conviene recordar que Danielson, el mecánico de confianza, desmontó el V8 por completo. Car Wizard enumera los trabajos: nuevas bombas de alta presión, todas las cadenas de distribución, guías, tensores, embrague, los dos retenes del cigüeñal, válvula PCV, motor de arranque y compresor del aire acondicionado. Y, por si fuera poco, los cuatro amortiguadores Magride fueron reconstruidos a través de Magride.com. El resultado, según sus palabras, es que el coche «va como la seda» y que en modo Sport la cosa cambia radicalmente.
El kilometraje —86.000 millas— invitaba a ser generoso con la lista de piezas. El propietario del canal reconoce que podría haber ahorrado bastante omitiendo algún componente, pero sentencia que «una vez que el motor sale, no es momento de racanear». A su juicio, la inversión brutal en repuestos le garantiza otros 86.000 o incluso 100.000 millas sin tocar nada grave. Y lo cierto es que, escuchándole, uno termina dándole la razón: a veces picar piedra ahora es la única forma de no maldecir después.
La batalla estética: PPF, parabrisas y aletas
Pero la mecánica es solo la mitad del camino. Mientras Danielson ultimaba los detalles, Ronnie —rebautizado cariñosamente como «Ronny Tron» por su pericia con la electrónica— se enfrentaba a la odiosa película de protección de pintura (PPF). La lámina de las puertas estaba tan cuarteada que parecía un desconchón. Ronny Tron explica en el vídeo que, cuando el PPF está quemado por el sol, hay que usar calor con mimo, agua jabonosa y herramientas de plástico. «Si empiezas a tirar de trozos grandes porque te confías, es cuando arrancas pintura», advierte.
La sorpresa llegó al levantar por completo el film: el coche había pasado de un tono amarillento al Arctic Silver original. Car Wizard confiesa que ni siquiera era consciente de ese cambio de color. En el capó, sin embargo, ha decidido dejar puesto el protector para seguir evitando los impactos de piedras, ya que la pintura bajo él está en muy buen estado.
No ha faltado tampoco la visita de Masia Glass, la cristalería de confianza, que cambió un parabrisas rajado por casi tres mil dólares. El cristal anterior estaba practicamente despegado; el sellado era tan precario que los operarios apenas necesitaron herramientas especiales. El dueño del canal subraya que, en este modelo, el parabrisas es un elemento estructural y exige un procedimiento concreto, algo que el anterior instalador pasó por alto olímpicamente. Por su parte, las aletas delanteras pintadas a brocha en un intento casero que salió fatal serán lijadas y repintadas con pincel de espuma para lograr un acabado uniforme sin enguarapinar todo el paragolpes.
‘Sé que no tendré que tocar nada de esto durante muchísimo tiempo. Ha sido morder la bala, pero una vez que el motor vuelve a su sitio, te olvidas’
— Car Wizard
Cuando el negocio se repliega: ni exóticos, ni clásicos
Entre lijado y lijado, el vídeo deja un anuncio importante: el taller ha dejado de aceptar Ferraris, Lamborghinis, Bentleys y cualquier cosa anterior a 1990. El argumento es tan sensato como poco habitual en YouTube. Car Wizard explica que, aun teniendo un seguro impecable, si un coche de medio millón de dólares se cayera del elevador, la aseguradora podría cancelarle la póliza y él tendría que asumir la pérdida. «Se acabó el arriesgar la jubilación por una avería ajena», resume.
La nueva política también veta las grandes despiezadas y las restauraciones completas. Las mecánicas añosas, con sus tornillos tozudos y paradas de semanas en el elevador, no encajan en un taller que ya tiene la agenda completa hasta septiembre y que aspira a una operativa más ligera. Aunque, como él mismo bromea, el Corvette del 63 que duerme en un rincón es suyo y no tiene cliente alguno que le apremie.
La filosofía del «ya que estamos»: picar piedra para no volver
La historia del R8 resume a la perfección el talante con el que Car Wizard encara sus proyectos personales. El coche ha exigido una inversión en piezas descomunal, pero su dueño insiste en que ahora conduce como recién salido de fábrica. El embrague Velocity AP, el acumulador del bloque hidráulico y los nuevos sensores convierten cada engranaje en una delicia, muy lejos del quebradero de cabeza que era cuando llegó de manos de Tyler Hoover.
A mí, personalmente, me ha gustado ese subidón de honestidad con el que admite que preferiría no haberse gastado tanto dinero, pero que lo ha hecho para no volver a mirar atrás. La próxima cita con el R8 será en alguna concentración local, donde él y su mujer exhibirán sus coches ya definitivamente rematados. Si después de todo lo que ha pasado el Audi no gana algún premio de público, será porque el jurado no ha visto este vídeo.
El episodio completo, con el PPF saltando a pedazos y la satisfacción de Ronnie Tron al volante, lo tienes aquí mismo:

