La ficha rápida para el profesional
- Por qué es importante: El radar del kilómetro 326 de la A-7, en Valencia, es el más activo de España y sanciona cada seis minutos, lo que repercute directamente en los costes operativos de las flotas que circulan por este eje del corredor mediterráneo.
- Ventajas e inconvenientes: A favor: conocer la ubicación exacta permite planificar rutas alternativas y reforzar la formación de los conductores para evitar sanciones; la presencia del radar contribuye, en teoría, a moderar la velocidad. En contra: la elevada frecuencia de denuncias (una cada 6 minutos) puede suponer un desembolso mensual significativo para flotas con vehículos que operan de forma recurrente en la zona; además, la brusca frenada que algunos conductores realizan al avistar el dispositivo genera un riesgo de alcance.
- Datos técnicos clave: 90.766 denuncias en 2025 (primera posición nacional); límite de velocidad: 120 km/h; ubicación: kilómetro 326 de la A-7, a la altura de La Canyada (bypass de Valencia); recaudación total por radares fijos de la DGT en 2025: 246,8 millones de euros.
El radar situado en el kilómetro 326 de la A-7, a la altura de La Canyada (Valencia), se ha convertido en un quebradero de cabeza para las flotas de reparto y larga distancia: en 2025 impuso una multa cada seis minutos, un total de 90.766 sanciones que disparan los costes operativos de cualquier vehículo comercial que transite este tramo.
El dato, publicado por Automovilistas Europeos Asociados (AEA), revela que este cinemómetro –tras un 2024 casi inactivo con solo seis denuncias– batió todos los registros. Superó en más de 18.200 multas al segundo clasificado, el radar del kilómetro 7 de la CV-905 en Alicante, que sumó 72.557 infracciones en su primer año completo.
Un radar que no perdona y un historial de récords
El radar del bypass de Valencia no es un recién llegado a estos ránkings. En 2022 ‘cazó’ 50.387 infracciones y en 2023 otras 43.269, pero su reactivación en 2025 tras el parón de 2024 multiplicó por dos las cifras previas. La DGT ha desplegado más de 1.000 radares fijos, aunque el estudio de la AEA señala que solo 50 dispositivos concentran 1.342.285 denuncias, casi la mitad del impacto económico total.
Esa concentración tiene efectos directos sobre los profesionales del volante. El tramo valenciano forma parte del corredor mediterráneo, una arteria clave para el transporte de mercancías entre el Levante y el resto de la península. Los vehículos comerciales –desde furgonetas de reparto hasta camiones de larga distancia– circulan a diario por esos carriles, y cada exceso, por mínimo que sea, se traduce en una sanción que encarece el coste por kilómetro.
El impacto directo en las flotas de reparto y larga distancia
Para un gestor de flota, la actividad de este radar no es una anécdota. Una multa por superar los 120 km/h en autovía supone un desembolso de entre 100 y 200 euros, sin contar la posible pérdida de puntos. Si una flota de veinte furgonetas pasa dos veces por semana por el kilómetro 326 y solo una de cada diez recibe una denuncia, el gasto mensual se acerca a los 1.600 euros. A esa cifra hay que añadir el tiempo de gestión administrativa y el eventual encarecimiento del seguro de flota cuando se acumulan partes de tráfico.
La AEA subraya que la recaudación total por radares fijos alcanzó los 246,8 millones de euros en 2025, un 14 % más que el año anterior, y que la presión sancionadora se concentra en provincias como Valencia (18,9 millones), Madrid (17,9) y Cádiz (16,5). Para las flotas que operan en el arco mediterráneo, ignorar esta realidad es un lujo que deteriora el TCO.

El radar del km 326 de la A-7 no solo sanciona: condiciona la planificación de rutas y pone a prueba la gestión del riesgo en cualquier flota que opere en el corredor mediterráneo.
Estrategias para mitigar el riesgo y ajustar el TCO
La buena noticia es que el coste es evitable. Los sistemas de gestión de flotas con telematics permiten programar alertas de velocidad y geovallas que avisan al conductor cuando se aproxima a este tipo de puntos críticos. Combinar estas herramientas con sesiones periódicas de formación en conducción eficiente y cumplimiento de límites reduce la siniestralidad y las sanciones.
También conviene revisar las rutas habituales para, siempre que la operativa lo permita, evitar el paso por los kilómetros más ‘multones’. Un desvío de pocos minutos puede ahorrar cientos de euros al mes. Y, por supuesto, mantener una política de tolerancia cero con los excesos de velocidad: cada infracción que se evita es dinero que se queda en la cuenta de resultados.
Veredicto: conocer el radar para defender la cuenta de explotación
El radar del kilómetro 326 es, ante todo, un riesgo conocido y cuantificable. Ignorarlo solo conduce a que las multas se sumen a la partida de gastos imprevistos. Con un enfoque de gestión profesional –telemetría, formación y revisión de rutas–, el impacto se minimiza de forma sensible.
Ahora bien, la contundencia de las cifras también invita a una reflexión: cuando el 41,5 % de la recaudación por multas de tráfico procede de infracciones de velocidad en autovías, y el 70 % de los accidentes con víctimas ocurre en carreteras secundarias, el equilibrio entre seguridad y recaudación sigue siendo objeto de debate. Para el gestor de flota, la prioridad es clara: proteger los márgenes sin transigir con la seguridad vial. Y en la A-7, eso empieza por no pisar el acelerador después del kilómetro 325.

