La apuesta por el 928 S2 automático
Harry Metcalfe, alma de Harry’s Garage, no compra cualquier coche. Cuando se hizo con este Porsche 928 S2 de 1986, ya tenía la intención de analizarlo a fondo. En su vídeo más reciente, nos lleva de excursión a Londres para un exclusivo evento de la Honourable Artillery Company y luego se lanza por sus carreteras secundarias preferidas para extraer conclusiones.
El coche no venía solo: su otro Porsche, un 930S de la misma época, también acudió al London Concours. Allí, la clase dedicada a coches con especificaciones especiales (pintura a la carta, interiores inusuales) encajaba como un guante con el 928, cuyo color exterior y cuero integral no figuraban en el catálogo de 1986. Metcalfe explica que el primer dueño encargó el coche con esa tapicería de piel que cubre salpicadero, puertas, techo y hasta los parasoles, un verdadero capricho.
Un vistazo al London Concours
La lluvia no impidió que la muestra de coches amarillos deslumbrara. El creador de Harry’s Garage recorrió joyas como un 959, un Ruf CTR o un precioso S4 de 1986 que, según él, «si no gana un premio, me indignaré». Pero el foco estaba en la categoría de coches únicos, donde su 928 luchaba contra un 911 flat‑nose descapotable o un precioso 911 RS spider de colores personalizados. Al final, el ganador fue un Porsche 992 25 aniversario, pero el viaje sirvió para contextualizar lo especial que es este 928 dentro de su segmento.
El secreto del motor y los frenos del 86.5
Ya de vuelta en su ruta habitual, Metcalfe detalla las particularidades mecánicas que diferencian a este 928 S2 «86 y medio» de cualquier otro. El motor V8 de 4.7 litros alcanza los 310 CV gracias a un doble distribuidor, inyección electrónica y un perfil de levas distinto. «Tiene una chispa adicional en la zona alta del cuentavueltas», comenta, algo que notó inmediatamente al compararlo con el 928S manual del Museo Porsche que probó en el Festival de Velocidad de Goodwood.
Además, los frenos son una bendición. Al adoptar las pinzas de doble pistón del posterior S4, este coche detiene sus 225/55 con una mordiente moderna, muy superior a la de un S2 anterior. El chasis también hereda suspensiones Bilstein y otros ajustes pensados para la versión deportiva que estaba a punto de llegar.
El eterno debate: ¿automático o manual?
El corazón del vídeo es la comparativa entre el cambio automático de cuatro velocidades y la caja manual del ejemplar de Goodwood. Metcalfe no se anda con rodeos: el manual del 928 tiene un tacto «impreciso y algo suelto, especialmente de primera a segunda». Frente a él, el autómata se muestra sorprendentemente reactivo, sobre todo si se usa el bloqueo de tercera para salir desde parado en primera y luego se devuelve a D sin mover la palanca.
«Basta con poner la palanca en 2 antes de arrancar; la caja engrana primera y luego puedes pasarla a 3 sin cambiar de marchas, y arrancarás en primera», explica. Aunque entre segunda y tercera hay un escalón largo, el kick‑down funciona tan bien que casi nunca necesita retener una marcha manualmente. Harry lo resume: este coche es un GT, no un 911. Prefiere el confort y la suavidad del automático.
El experto en restauración de 928 que asesora a Metcalfe coincide plenamente. «Yo elegiría el automático cualquier día de la semana», afirma. El cambio automático funciona practicamente impecable en la mayoría de las situaciones, lo que refuerza la elección racional de un coche pensado para devorar kilómetros.
«Elegiría el automático siempre. El manual no es especialmente bueno y este coche es un GT; casi me parece un error ponerle una caja manual».
— Harry Metcalfe, Harry’s Garage
Confort y comportamiento en carretera
El puesto de conducción es «uno de los mejores de todos mis coches», con el volante perfectamente centrado y unos asientos de tela que sujetan mucho mejor que los de cuero. El aire acondicionado funciona impecable incluso en los días de calor extremo del verano británico, y la conexión Bluetooth le permite emplear todo el ecosistema de streaming y manos libres. La insonorización y la suavidad se alían para que las largas distancias pasen sin fatiga.
En carretera revirada, el 928 exhibe un aplomo extraordinario. El reparto de pesos 50:50 y la dirección rápida y comunicativa le dan un nervio inesperado. «He apretado de verdad y en ningún momento he sentido que el coche se descompusiera», cuenta Metcalfe. La banqueta trasera y los numerosos huecos portaobjetos subrayan la vertiente práctica de un clásico que apenas consume 22 mpg (unos 11 l/100 km reales) y puede con todo.
Un clásico que se siente casi moderno
Pese a haber nacido en 1978, este 928 S2 de 130.000 km transmite una sensación de coche de finales de los 90. ABS, airbag y un cambio automático que responde con brío lo alejan de la imagen arcaica de otros deportivos ochenteros. «Es asombroso lo bien que envejece», insiste el veterano youtuber, que apunta que un coche así es mucho más utilizable hoy que un 911 clásico para el día a día.
El precio pagado por esta unidad, 55.000 libras (unos 65.000 euros al cambio), refleja el nivel de restauración. El anterior dueño invirtió una cantidad similar en dejarlo impecable, lo que lo convierte en una especie de 928 «como nuevo». Para Metcalfe, el sobreprecio queda justificado por el estado y la rareza de un 86.5 que apenas suma 2.000 unidades en todo el mundo.
Reflexión final
La experiencia de Harry’s Garage deja un poso claro: el Porsche 928 S2 automático es uno de esos clásicos que ganan con el tiempo. Si se busca un GT refinado, cómodo y con un chasis sorprendente, la receta del 86.5 con caja automática es difícil de batir. Y frente a la escalada de precios de los 911, este transaxle se erige como una alternativa con personalidad propia. Las preguntas que flotan en el ambiente son inevitables: ¿realmente se valora lo suficiente un coche así? ¿Volverá el mercado a descubrirlo?
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Harry’s Garage:


