En Europa no dejan de insistir en que la circulación está llegando al colapso y que es necesario que dejemos de usar el coche particular. Para eso han lanzado medidas como las ZBE o incentivos para que compartamos coche.
Sin embargo, hay un país que ha tomado una medida aún más radical. Por primera vez, no se trata de castigar al conductor con más impuestos o restricciones de acceso, sino de recompensar a quien renuncia al coche particular.
1Un colapso que obliga a tomar medidas extremas
Para entender por qué un gobierno decide dar dinero a sus ciudadanos por no conducir primero hay que visualizar la situación de Malta. Este pequeño país insular tiene una realidad que lo convierte en un laboratorio perfecto para las crisis de movilidad. Con una población que ronda los 570.000 habitantes en una superficie muy reducida, su densidad de población es asfixiante, superando los 1.700 habitantes por kilómetro cuadrado. Comparado con España, donde apenas llegamos a los 96 habitantes por kilómetro cuadrado, es evidente que allí el espacio es un lujo que no se pueden permitir malgastar en carreteras saturadas.
El problema no es solo que haya mucha gente, sino que hay demasiados coches. Se calcula que circulan más de 450.000 vehículos por sus calles, lo que sitúa a Malta como uno de los lugares con mayor densidad automovilística del planeta. El resultado es un colapso circulatorio diario que afecta a la salud, a la economía y a la calidad de vida de sus habitantes.
Las autoridades advierten que construir más carreteras ya no sirve de nada porque el espacio es finito. Por eso, han pasado de la fase de gestión de tráfico a la fase de eliminación de tráfico, buscando incentivos tan potentes que sea casi imposible decir que no.


