El aumento de las temperaturas ya nos va avisando de que llega el verano, y con él las ganas de viajar en familia. Miles de conductores ya están planeando sus escapadas y preparando el coche para salir de vacaciones.
Sin embargo, a menudo pasamos por alto un detalle. Bajo el sol, un coche puede convertirse en una trampa muy peligrosa, sobre todo para los más vulnerables. Si viajas con niños, la prioridad debe ser mantenerlos frescos y vigilados en todo momento, sin excepciones.
El coche en verano, un peligro mortal en potencial

La idea de que unos pocos minutos con las ventanillas bajadas son suficientes para que el coche mantenga una temperatura segura es algo que se debe olvidar. Cuando aparcas al sol, el interior del coche se convierte en pocos minutos en un invernadero. Los cristales dejan pasar la radiación, que calienta las superficies internas, como el salpicadero y los asientos. Este calor queda atrapado y no tiene forma de salir.
Los datos que manejan los expertos son escalofriantes. Si el coche está expuesto al sol, la temperatura interior puede subir entre diez y quince grados en menos de quince minutos. Si fuera hay 36 grados, dentro del coche podrías estar superando los 50 en un abrir y cerrar de ojos. Es un entorno donde el cuerpo humano, y en especial el de un niño, no puede sobrevivir. La hipertermia, que es cuando el cuerpo alcanza una temperatura peligros, se produce de forma extremadamente rápida.
Cuando un niño entra en un coche que ha estado al sol, su temperatura corporal puede pasar de los 36 o 37 grados hasta superar los 40 en muy poco tiempo. Este incremento descontrolado es lo que provoca el golpe de calor. La deshidratación ocurre a gran velocidad, y el daño en los órganos internos se produce casi de inmediato. Es una situación que puede llevar a la muerte en muy poco tiempo, mucho antes de lo que cualquier padre podría llegar a imaginar.
¿Cómo puede dejarse a un niño olvidado en un coche al sol?

Si eres padre o madre, seguro que estás pensando que a ti jamás te pasaría algo así, que serías muy consciente de si tu hijo está en el asiento trasero. Y aquí es donde reside el mayor peligro. Hay un fenómeno conocido como el “síndrome del niño olvidado” que no tiene nada que ver con querer menos a los hijos. Se trata de un error en nuestro cerebro provocado por el estrés, los cambios drásticos de rutina, la falta de sueño o el ir por la vida en modo piloto automático.
Si no sueles ser tú quien lleva al pequeño a la guardería, pero un día te toca hacerlo, tu cerebro puede saltarse ese paso por estar enfocado en llegar a tiempo a la oficina o pensando en la reunión de las diez. Es ahí cuando ocurre el descuido fatal. Factores como el agotamiento o las prisas son los peores compañeros de viaje. Por eso, el consejo es no confiar en tu memoria. Debes establecer rutinas de seguridad que te obliguen a verificar el asiento trasero siempre, antes de cerrar el coche, sea cual sea el motivo de tu parada.
Cómo prevenir el golpe de calor

La prevención es la única herramienta real para evitar los peligros del verano en un coche. La primera regla es innegociable: jamás, bajo ninguna circunstancia, dejes a un niño solo dentro de un vehículo. Ni cinco minutos, ni un segundo. Ni siquiera si el coche está a la sombra o si has dejado una rendija en la ventanilla para que entre aire. Nada de eso es suficiente para evitar que la temperatura suba a niveles letales.
Antes de subir al coche, asegúrate de que el habitáculo esté a una temperatura agradable, idealmente entre los 21 y 23 grados. Si el coche ha estado al sol, ventílalo abriendo todas las puertas y bajando las ventanas antes de sentar a los niños. Un detalle que a veces olvidamos es tocar las hebillas metálicas de la sillita o el cinturón. Si el sol les ha dado directamente, pueden estar ardiendo y provocar quemaduras en la piel del niño antes de que hayáis empezado a moveros.
Para evitar despistes, puedes utilizar trucos sencillos. Por ejemplo, deja tu bolso o tu móvil en el suelo del asiento trasero, justo a los pies de la silla de tu hijo. Esto te obligará, sí o sí, a abrir la puerta trasera al llegar a tu destino para recoger tus pertenencias. También es muy efectivo llevar una pequeña cinta con un juguete o un chupete en el espejo retrovisor. Al ver ese objeto, tu cerebro recordará automáticamente que hoy llevas a un pasajero especial que necesita ser bajado del coche.
Cómo actuar si el niño sufre un golpe de calor

Si alguna vez te encuentras en la situación de presenciar un golpe de calor en verano, lo primero que debes hacer es mantener la calma, aunque sea difícil. Llama de inmediato a los servicios de emergencias marcando el 112. Ellos te guiarán paso a paso.
Saca al niño lo más rápido posible y llévalo a un lugar fresco, preferiblemente a la sombra. Debes intentar bajar su temperatura corporal de forma gradual pero constante. Quítale la ropa que le sobre, abanícale con fuerza, utiliza compresas o trapos empapados en agua fresca sobre su piel. Nunca utilices agua helada, ya que un cambio de temperatura demasiado brusco también puede ser perjudicial. Si el niño está consciente, puedes ofrecerle agua, pero hazlo poco a poco y sin forzar.
Trasladarle a un centro médico es indispensable, ya que solo los profesionales pueden evaluar si ha sufrido daños internos que no son visibles a simple vista. Viajar con niños es una alegría, pero la seguridad es un trabajo de tiempo completo.


