El museo Toyota en Nagoya (Japón) exhibe 150 coches que cuentan la historia del automóvil

El museo del gigante japonés, situado a las afueras de Nagoya, reúne cerca de 150 ejemplares que abarcan desde un Panhard de 1899 hasta el prototipo del Lexus LFA. La visita descubre la influencia mutua entre la industria nipona, Europa y Estados Unidos.

En Nagoya, a poco más de hora y media del centro de Tokio en el tren bala Shinkansen, se esconde uno de los santuarios más completos para cualquier aficionado al motor que pise Japón. El Museo del Automóvil de Toyota alberga casi 150 vehículos que trazan la evolución del coche desde 1899 hasta el Lexus LFA, y lo hace sin encerrarse en la marca: la colección despliega piezas europeas, estadounidenses y japonesas que convierten la visita en un atlas global sobre ruedas.

La planta baja del museo arranca con los albores del automóvil, y el protagonista no es japonés. Un Panhard et Levassor Type B2 de 1899 inaugura la configuración de motor delantero y tracción trasera, mientras que un Cadillac Model 30 de 1912 presume de ser el primero con motor de arranque eléctrico y faros de serie. La muestra reserva espacio para rarezas como el Stanley Steamer E2 de 1909, un vapor sobre ruedas que recuerda que los hermanos Stanley batieron un récord de velocidad a 204 km/h antes de que el motor de combustión los jubilara.

El recorrido cronológico destila diversidad. Un Bugatti Type 35B de 1927 en azul Francia, acompañado de un Bentley en verde británico, revive las carreras de los Gordon Bennett; el Cord 812 de 1937 exhibe tracción delantera, faros escamoteables y un V8 sobrealimentado, y el Tucker 48 ‘Torpedo’ de 1948, con su motor trasero de origen aeronáutico y su faro central direccional, demuestra que la innovación no siempre garantiza la supervivencia comercial.

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La sección europea guarda también joyas como el Hispano-Suiza 32CV H6b de 1928, con su motor de aluminio de 6,6 litros y frenos heredados de la aviación, y la elegante Lancia Astura cabriolet de 1936 diseñada por Pininfarina, ganadora en Pebble Beach y Villa d’Este. Según la información del propio centro, el museo acaba de sumar una Galería Cultural repleta de carteles, folletos de época y coches de juguete que completan el contexto sociológico de cada modelo.

La joya japonesa: del Toyoda AA al Lexus LFA

El segundo piso se zambulle en la identidad industrial nipona. Todo empieza con una réplica del Toyoda Model AA de 1936, el primer turismo de la compañía, que entonces fabricaba telares automáticos. Bajo la dirección de Kiichiro Toyoda, aquel sedán con motor de seis cilindros en línea y 3,4 litros calcaba las líneas aerodinámicas del DeSoto Airflow estadounidense. La única unidad original superviviente, en estado lamentable, descansa en el museo Louwman de Países Bajos.

A partir de ahí desfilan los pioneros japoneses: el diminuto Datsun Model 11 Phaeton de 1932, hermano del Austin Seven; el Toyopet Crown RS de 1955, primer coche desarrollado sin ayuda técnica extranjera, con puertas de apertura invertida inspiradas en templos budistas; o el mítico Toyota 2000GT de 1966, el deportivo que muchos consideran el primer verdadero GT japonés, con motor DOHC de dos litros y un cameo en la película de James Bond ‘Solo se vive dos veces’ que elevó su cotización hasta cifras de coleccionista.

No faltan rarezas como el Flying Feather de 1955, un microcoche de 350 cc con ruedas de bicicleta y sin frenos delanteros, ni el encantador Fujicabin 5A, un triciclo burbuja de 121 cc con carrocería de plástico. La evolución se cierra con el prototipo del Lexus LFA de 2009, el superdeportivo que resume la ambición técnica de la marca en un V10 atmosférico.

Visitar el museo de Nagoya es abrir un libro de historia del motor donde los capítulos europeos y americanos están tan subrayados como los japoneses, y donde cada coche habla de una época, no de una frontera.

El espacio expositivo deja claro que la automoción japonesa no nació en el vacío: bebió de Detroit, de Coventry y de Stuttgart antes de encontrar su propia voz. Y esa mezcla de influencias y respuestas locales es precisamente lo que convierte el museo en una lección de cultura del motor global. Para el aficionado español que planifique un viaje al archipiélago, merece la pena reservar medio día y sumergirse en una colección que, lejos de ser un altar corporativo, funciona como un espejo de la evolución industrial del siglo XX.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: casi 150 vehículos expuestos en dos plantas, desde un Panhard de 1899 hasta el Lexus LFA.
  • Consejo práctico: si viajas a Japón, incluye Nagoya en tu ruta; el museo se encuentra a 100 minutos del Shinkansen desde Tokio y la entrada se adquiere en taquilla sin complicaciones.
  • Así te afecta: amplía tu visión de la cultura automovilística mundial y te permite entender cómo se forjó la industria que hoy compite con los fabricantes europeos en todos los segmentos.