Subastan en Francia el Lola T616, el prototipo con motor rotativo Le Mans que ganó en 1984 con neumáticos de calle

El chasis HU-2 se ofrecerá en la Monterey Car Week de 2026 con un precio estimado de unos 275.000 euros. Su gesta con neumáticos de calle BFGoodrich en el circuito de la Sarthe allanó la senda hacia la histórica victoria absoluta del Mazda 787B en 1991.

Una de las páginas más insólitas del automovilismo de resistencia acaba de ponerse a la venta. La casa de subastas Mecum Auctions ofrecerá en la Monterey Car Week de 2026 el chasis HU-2, el Lola T616 que ganó su clase en las 24 Horas de Le Mans de 1984 utilizando neumáticos radiales de calle. El precio estimado roza los 275.000 euros (en torno a 300.000 dólares), una cifra que refleja tanto su singularidad técnica como el lugar que ocupa en la escalera que llevó a Mazda a la victoria absoluta siete años después.

Una campaña de marketing que se convirtió en leyenda

A principios de los años ochenta, BFGoodrich necesitaba demostrar que sus neumáticos T/A radiales eran algo más que un producto de consumo. Las victorias del Mazda RX-7 en la clase GTU del campeonato IMSA no bastaban para captar la atención del gran público. La solución fue tan audaz como improbable: saltar a la categoría C2 del mundial de resistencia con un prototipo Lola T616 impulsado por el motor rotativo 13B de 1.3 litros del RX-7 y, sobre todo, equiparlo con los mismos neumáticos de calle que cualquier conductor podía comprar en una tienda.

El equipo, capitaneado por el piloto Jim Busby, sometió el conjunto a un programa de pruebas de 5.000 kilómetros. La normativa obligaba a montar llantas de 13 pulgadas con medidas 13×11 delante y 13×14 detrás, así que los ingenieros rediseñaron el perfil de la goma sin alterar su compuesto básico. En Sebring y Daytona, el Lola T616 se convirtió en el primer coche en rodar sobre neumáticos de calle en los peraltes del óvalo floridano. Pero el verdadero objetivo era La Sarthe.

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De la clase C2 al trono absoluto de Mazda

En la edición de 1984 de las 24 Horas de Le Mans, el chasis HU-2, pilotado por John Morton, John O’Steen y Yoshimi Katayama, se impuso en la categoría C2 y cruzó la meta en décima posición absoluta. Su hermano HU-3, con Busby, Rick Knoop y Boy Hayje al volante, llegó tercero de clase y duodécimo en la general. No fue una victoria por pura velocidad: el motor rotativo rendía menos y consumía más que la competencia, lo que obligó a pilotar de forma conservadora para ahorrar combustible. Paradójicamente, esa gestión pudo enmascarar cualquier diferencia prestacional entre los neumáticos de calle y los slick de competición que montaban los rivales.

Aquel doblete de los rotativos japoneses fue el segundo consecutivo en la clase C2 y sembró la semilla de lo que llegaría en 1991. La gesta del equipo BFGoodrich convenció a Mazda de que el motor rotativo podía aspirar a la victoria absoluta, y el Mazda 787B terminó cumpliendo el sueño en aquella mítica edición. Hoy, cuando los coches de competición y los de calle parecen vivir en universos paralelos, la historia del Lola T616 resulta casi imposible de repetir.

Una oportunidad que reúne pasado, ingeniería y rareza

Lo sorprendente es que ambos chasis hayan sobrevivido. Ni el HU-2 ni el HU-3 gozaron de la fama de los Porsche 956 o de otros Grupo C de la época, pero su historia merecía ser contada. Jim Busby y Rick Knoop adquirieron y restauraron las dos unidades a principios de los 2000, y desde entonces han participado con regularidad en carreras de clásicos. El HU-2 que ahora se subasta es, por tanto, un coche con pedigrí de Le Mans y con una hoja de servicios que sigue activa en el calendario vintage.

Lo que empezó como un truco de marketing para vender neumáticos acabó escribiendo uno de los capítulos más curiosos del automovilismo de resistencia.

La subasta de Mecum en Monterey incluye también el chasis hermano HU-3, aunque con una estimación de precio sensiblemente inferior, cercana a los 185.000 euros (unos 200.000 dólares). Para los coleccionistas españoles que siguen las grandes citas de la Costa Oeste, la venta representa una oportunidad única de adquirir una pieza de museo con motor rotativo, tecnología que en su día fue una rareza y que hoy se reivindica como un capítulo brillante de la ingeniería japonesa.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: 275.000 euros como precio estimado para el Lola T616 ganador de su clase en Le Mans 1984.
  • Consejo práctico: Si te interesa la competición histórica, sigue los catálogos de las subastas de Monterey. Ejemplares así no aparecen todos los días.
  • Así te afecta: Refleja cómo una campaña de marketing arriesgada puede cambiar el rumbo del automovilismo y nos recuerda la conexión entre los neumáticos que usamos a diario y la gesta de Le Mans.