A simple vista, el Mercedes-Benz Clase G parece un capricho de Hollywood. Pero Doug DeMuro, en su último análisis en profundidad, desmonta esa idea y defiende al G550 de 2014 como uno de los vehículos todoterreno más fascinantes para el entusiasta de verdad. Incluso lo califica como un ‘SUV entusiasta excelente’ que combina capacidad off-road real con una fiabilidad y una retención de valor sorprendentes.
Un legado que empezó como vehículo militar
El Clase G nació a finales de los años 70 como un robusto todoterreno alemán pensado en parte para uso militar. De hecho, la “G” proviene de Geländewagen, que literalmente significa vehículo todoterreno. Durante su primera década fue un coche bastante básico y espartano, pero con una capacidad campera extraordinaria, recuerda DeMuro. Los civiles empezaron a fijarse en él y, a principios de los 90, llegó una gran transformación con el modelo W463, que lo hizo más confortable y amigable. En Norteamérica, el año clave fue 2002, cuando Mercedes-Benz empezó a venderlo oficialmente en Estados Unidos y Canadá. Casi de inmediato se convirtió en el favorito de los famosos y en un auténtico accesorio de moda. Sin embargo, como apunta DeMuro, bajo esa fachada de lujo se esconde un coche con auténtico pedigrí entusiasta.
Motores V8 atmosféricos: un guiño al purista
Uno de los grandes argumentos de DeMuro es la mecánica. En Norteamérica, desde 2002 hasta 2018, ningún Clase G ofreció un motor inferior a un V8; incluso hubo versiones limitadas con V12. Este G550 de 2014 monta un propulsor M273 V8 atmosférico de 5,5 litros con unos 380 caballos. No es tan sólido como los legendarios M113 de 5 litros de las primeras unidades, pero sí mucho más ágil y adecuado para mover este vehículo relativamente pesado. El productor del vídeo, Sean, propietario de esta unidad, escogió expresamente el año 2014 porque fue el último del V8 atmosférico en las variantes G500/G550. A partir de entonces Mercedes pasó a motores turboalimentados. Para el entusiasta, sostiene DeMuro, los atmosféricos tienen un atractivo especial y, en teoría, menos complejidad mecánica.
Un todoterreno de verdad, no solo postureo
Mirar el G550 y pensar que es solo un SUV de ricos es un error. DeMuro subraya que se trata de una máquina off-road con argumentos muy serios. Sus voladizos delantero y trasero son mínimos, lo que se traduce en ángulos de ataque y salida fantásticos para la escalada de rocas. Además, incorpora tres bloqueos de diferencial (delantero, central y trasero) y reductora, una combinación que los verdaderos aficionados al todoterreno valoran por encima de casi todo. Otro punto sorprendente del análisis es el tamaño: el G mide solo unos cinco centímetros más de largo que un Toyota Corolla de 2014 y es más corto que un Honda Civic actual. Esa compacidad lo convierte en un aliado magnífico en pistas estrechas y, curiosamente, también en la jungla urbana, donde sortear baches y bordillos resulta sorprendentemente fácil.
Un diseño que no pide perdón: una caja con ruedas
La estética es otro de los puntales del G. DeMuro lo define como poco más que una caja, y ahí reside gran parte de su encanto. Las bisagras externas de las puertas, los paragolpes que no encajan milimétricamente con la carrocería y el característico sonido metálico al cerrar las puertas o al activar el cierre centralizado son detalles que los seguidores del modelo adoran. La rueda de repuesto va anclada al portón trasero, solución que impide disponer de cierre eléctrico; abrirlo en pendiente requiere luchar contra su peso. Mercedes ha ido adaptando el diseño a normativas y demandas modernas de forma casi artesanal: canaletas para la lluvia añadidas, intermitentes sobre el capó, un reflector lateral independiente y una cámara de marcha atrás colocada donde buenamente cupo. Incluso con esos remiendos, el conjunto mantiene un aire auténtico y mecánico.
En un mundo de líneas curvas y aerodinámica calculada, el Clase G no se anda con rodeos: es una caja, pura y dura. Y eso, precisamente, es lo que engancha a los entusiastas.
— Doug DeMuro, sobre el atractivo del G550
Adaptaciones modernas en un interior centenario
El interior del G550 de 2014 es otro ejemplo de cómo Mercedes supo actualizar un vehículo cuyo diseño básico es de los años 70. DeMuro destaca la pantalla de infoentretenimiento que Sean ha sustituido por una unidad de posventa con Apple CarPlay que imita a la perfección el aspecto del sistema original, incluso se conecta con la cámara de marcha atrás. La instrumentación combina relojes redondos de generosas dimensiones con una pantalla LCD central que muestra información variada, como la silueta del propio G al arrancar. Y en el centro del salpicadero, como mandan los cánones off-road, siguen mandando los tres mandos giratorios de los bloqueos de diferencial, que DeMuro confiesa usar a menudo en su propio Clase G. Adaptar este interior estrecho y vertical a los requisitos del siglo XXI fue un ejercicio de malabarismo, pero el resultado, aunque no sea la quintaesencia de la cohesión, resulta impresionante.
El lado oscuro: espacio trasero reducido
La compacidad que tanto beneficia al G cuando se sale del asfalto pasa factura en las plazas posteriores. DeMuro comprueba que, con el asiento delantero en su posición de conducción, las rodillas quedan ajustadas contra el respaldo. El espacio para las piernas es justo sin embargo la altura interior es generosa, por lo que cuatro adultos pueden viajar aunque sin derroche de centímetros. La ausencia de portavasos delante (sí los hay detrás) añade un toque de austeridad añeja. Y, de nuevo, el pesado portón con la rueda de repuesto recuerda que este vehículo prioriza la robustez y la tradición sobre la comodidad absoluta. Nada de apertura eléctrica: hay que empujar con decisión.
Implicaciones: ¿un clásico moderno en subasta?
El análisis de DeMuro llega en un momento interesante. Este mismo G550, propiedad del productor Sean, se subasta sin reserva en Cars & Bids, la plataforma del propio DeMuro. Para el aficionado, las unidades con motor V8 atmosférico del final de la generación W463 representan un punto dulce: menos complejidad que los turbo posteriores, suficiente potencia y una depreciación casi inexistente. De hecho, los Clase G bien mantenidos de esta época rara vez pierden valor, y algunos incluso se revalorizan. Que un creador de contenido automovilístico como DeMuro posea uno y recomiende abiertamente sus virtudes entusiastas otorga un sello de autenticidad difícil de rebatir. Eso sí, conviene tener claro que comprar un G550 no es solo adquirir un todoterreno, es abrazar un estilo de vida donde el consumo de combustible importa poco y el sonido del cierre centralizado importa mucho.
En un mercado saturado de SUV crossover de plástico y modales anodinos, el Mercedes G550 de 2014 recuerda que los auténticos todoterreno todavía existen. Puede que no sea perfecto, pero su personalidad arrolladora hace difícil resistirse. La oportunidad de pujar por este ejemplar en Cars & Bids añade interés al análisis: quien quiera comprobar si la leyenda está a la altura solo tiene que ver el vídeo y lanzarse a la puja.
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