Mercedes-Benz digitaliza la cabina de sus próximos eléctricos con el sistema operativo MB.OS y una nueva generación de pantallas que conviven con el ADN clásico de la marca. El director ejecutivo, Ola Källenius, lo ha comprobado al volante del nuevo Clase C eléctrico durante una prueba en Finlandia, donde el modelo combina una interfaz más conectada con un comportamiento de marcha que recuerda a segmentos superiores.
El movimiento no es cosmético. La marca alemana está inmersa en el lanzamiento de 40 modelos en tres años, un plan que culminará a finales de 2027 y que obliga a reutilizar arquitectura, plataformas y software a una escala inédita. Las nuevas plataformas MMA y MB.EA sostienen, respectivamente, a los CLA y GLA y a los Clase C y GLC eléctricos, mientras que el sistema operativo MB.OS salta también a modelos de combustión como el Clase S y el futuro Clase C térmico.
Ese enfoque es la clave industrial de una transformación que se nota en la cabina. El nuevo Clase C eléctrico estrena una interfaz más fluida y menos dependiente de menús heredados; Källenius destaca que el aislamiento acústico y la suavidad de marcha lo equiparan a un Clase E, tanto a 80 km/h como a velocidades de autopista. No es un elogio menor para un modelo que debe atraer a los clientes tradicionales de Mercedes hacia la movilidad eléctrica.
Software y cabina: así se reorganiza la experiencia
El sistema operativo MB.OS es el cerebro común de la nueva generación. A diferencia de la primera hornada eléctrica, que convivía con los modelos de combustión sin compartir del todo la electrónica, ahora la interfaz de usuario, la navegación, los asistentes digitales y la conectividad nacen sobre una misma base. Esto permite que el Clase C eléctrico, el GLC y el CLA compartan funciones y que las mejoras lleguen a todos a la vez, sin depender de desarrollos paralelos.
Mercedes denomina a estos coches vehículos definidos por software: la mayoría de sus funciones nacen del código y no solo del hardware. Para que eso funcione, la potencia digital se mide en TOPS (billones de operaciones por segundo), la unidad que determina cuánta inteligencia artificial generativa puede ejecutar el vehículo para los asistentes de conducción y la experiencia en pantalla. Källenius lo resume con una idea clara: los chipsets aportan los caballos de la era digital, una potencia que el conductor percibe como una pantalla más rápida y un asistente que responde mejor.
La digitalización no sustituye al tacto de un Mercedes: suma una capa de software que se nota al primer toque de la pantalla, sin renunciar al confort de marcha que define a la marca.
- Pantalla central y panel de instrumentos con interfaz unificada.
- Asistentes de voz y navegación integrados en la misma base de software.
- Funciones del vehículo gobernadas por código y coordinadas desde el sistema operativo.
Otra novedad relevante es que Mercedes deja atrás la estrategia de separar por completo los eléctricos de los térmicos. En la primera generación, el EQE se vendía junto a un Clase E de combustión como mundos distintos; ahora el Clase C y el GLC ofrecen la misma silueta y la misma lógica de gama con ambas motorizaciones, aunque reposan sobre plataformas diferentes. El cliente tradicional puede dar el salto sin cambiar de segmento ni de expectativas de habitabilidad.
Qué cambia al volante para el conductor
El salto más visible está en la interfaz de usuario. Los menús se reorganizan en torno a las funciones que el conductor usa a diario y el sistema aprende de sus hábitos para proponer ajustes de climatización, destinos o modos de conducción. Källenius admite que la puesta a punto del chasis y de la dirección sigue siendo innegociable, pero que ahora el equipo dedica una parte importante del trabajo a pulir el lado digital.
Para el conductor que viene de un coche más antiguo, la transición se parece a pasar de un portátil obsoleto a un dispositivo con chipsets preparados para inteligencia artificial. La ventaja no es el número de operaciones por segundo, sino que el coche responde antes al comando de voz, procesa la navegación sin tirones y es capaz de ejecutar asistentes de conducción más complejos sin saturarse. En el Clase C eléctrico, el resultado es una cabina que se siente más ligera, con menos submenús y una pantalla central que agrupa lo importante.

El ADN de Mercedes no se negocia
La electrificación no significa renunciar a la deportividad. La división AMG trabaja en sistemas que reproducen el comportamiento de un motor V8 en un eléctrico, con levas virtuales, empujes de par y sonido sintetizado. El AMG CLA 45 es el primer ejemplo de esta vía, pensada para atraer a los entusiastas que crecieron debatiendo entre V8 y V12 sin renunciar a la potencia instantánea. Källenius defiende que el cliente aún no está del todo en la electrificación, pero la industria ha girado una esquina; Mercedes no renuncia a los motores de combustión electrificados mientras la demanda lo pida.
Ese equilibrio también se nota en el modelo industrial. Mercedes evita las alianzas de plataforma que han firmado otros fabricantes y prefiere mantener el control de la arquitectura global del vehículo. La colaboración con empresas tecnológicas y proveedores tradicionales existe, pero Källenius insiste en que Mercedes sigue siendo el arquitecto del coche. Por eso el sistema MB.OS y la cabina digital no se implantan como una capa externa, sino como parte del carácter de la marca.
El próximo hito visible será completar el despliegue de los 40 modelos antes de cerrar 2027. A partir de ahí, Källenius anticipa que el ritmo de desarrollo se acelerará con la inteligencia artificial, como ocurre en la Fórmula 1: siempre aparece una nueva idea para arañar unas milésimas más.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: Mercedes lanzará 40 modelos en tres años hasta finales de 2027, con el sistema operativo MB.OS compartido entre eléctricos y térmicos.
- Lo que equipa: sistema operativo MB.OS, pantalla central unificada, chipsets con capacidad TOPS, plataformas MMA y MB.EA, asistentes de voz y funciones de cabina gobernadas por software.
- Así te afecta como conductor: notarás una interfaz más fluida, un coche que responde antes a los comandos y una experiencia de marcha que mantiene el tacto Mercedes al pasarte a un eléctrico del mismo segmento.


