Throttle House: El Lexus ES 500e eléctrico acelera de 0 a 100 en 5,1 segundos y se fabrica en China

Throttle House pone a prueba el Lexus ES 500e en un viaje con final ardiente: prestaciones eléctricas, lujo a medias y una parada en busca de las alitas más picantes del planeta.

Thomas y James, los creadores de Throttle House, se han embarcado en una road trip con un destino bastante peculiar: el local de las alitas de pollo más picantes del planeta. Pero en lugar de un muscle car o un deportivo japonés, eligieron el nuevo Lexus ES 500e eléctrico, una berlina que promete lujo, confort y unas prestaciones que la convierten en la versión más rápida y potente de la historia del modelo. El resultado es un vídeo de 21 minutos en el que la comida extremadamente picante se mezcla con un análisis en carretera que deja al descubierto las virtudes y contradicciones de esta octava generación.

Una plataforma con pedigrí de la corona

Throttle House recuerda que el ES ya no está basado en el Toyota Camry, sino que ha migrado a la plataforma del Toyota Crown. La unidad probada es el tope de gama, un eléctrico con tracción total que entrega 340 caballos de potencia. Thomas, que se subió al coche por primera vez ante las cámaras, se mostró sorprendido por el empuje instantáneo: al activar el modo Sport, la dirección se endurece y la respuesta del acelerador se vuelve mucho más agresiva. De hecho, según los datos del fabricante, este ES 500e es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 5,1 segundos, una cifra que lo sitúa en el radar de berlinas alemanas mucho más caras.

Sin embargo, no todo fue deportividad. James, que ya llevaba una hora al volante, confesó que la calibración general del coche le parecía excelente. No detectó asperezas que le molestaran y valoró muy positivamente la ausencia de vibraciones y la calidad de rodadura incluso bajo una tromba de agua camino de Brantford, la localidad natal de Thomas.

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Un interior que abraza (y divide)

Los presentadores dedicaron varios minutos a escudriñar cada rincón del habitaculo. Destacaron el nuevo volante con la palabra «Lexus» en lugar del tradicional logo en «L», una decisión de diseño que no les convenció del todo. James señaló que la marca está sustituyendo paulatinamente la letra identificativa, algo que, en su opinión, «despersonaliza» ligeramente el conjunto. A cambio, aplaudieron que los mandos sean físicos y no capacitivos, un detalle que cada vez se echa más en falta en la competencia.

Las plazas traseras son amplias, pero Throttle House lamentó que un coche con un precio de 80.000 dólares canadienses no ofrezca asientos calefactados ni ventilados en la segunda fila, ni tampoco climatizador de tres zonas. Eso sí, con el acabado Luxury Plus se incluyen puertas de cierre suave y un sistema de sonido Mark Levinson, que definieron como «excelente». El interior recurre a detalles en bambú para crear ambiente zen, aunque Thomas no acabó de ver la coherencia cromática entre los distintos paneles.

«Es uno de los mejores coches eléctricos que hemos probado últimamente. No hace nada que me moleste; está realmente bien diseñado y calibrado».

— James, copresentador de Throttle House

Una travesía con sabor picante

La excusa del viaje era llegar a un restaurante especializado en alitas con salsas que superan los 3 millones de unidades Scoville. Antes de enfrentarse al reto, Thomas y James hicieron una parada técnica para comprar leche —el mejor antídoto contra el picante— y de paso recordaron anécdotas de juventud. Entre fogones y salsas de nombres como Fast and Furious, el Lexus quedó momentáneamente en segundo plano, pero sirvió como vehículo de logística impecable: cargaron en un Supercargador de Tesla sin problemas y recorrieron los kilómetros de autopista con un aislamiento acústico que ambos definieron como sobresaliente. Thomas, que se crió cerca de Brantford, revivió el día en que la reina Isabel II pasó en coche oficial y le saludó desde la ventanilla. «Ahora está muerta», bromeó James, justo antes de que el cielo descargara una lluvia torrencial.

Implicaciones para la berlina eléctrica premium

El ES 500e se fabrica en China, un dato que puede generar suspicacias entre los compradores más puristas de Lexus, pero que tiene sentido dentro de la estrategia global de Toyota para abaratar costes. Su autonomía es modesta en comparación con rivales coreanos o alemanes —Throttle House la calificó discretamente como «pretty ma»— y su sistema de asistencia a la conducción, aunque correcto, no llega al nivel de sofisticación que permite a un Tesla circular con el conductor dormido, algo que los presentadores criticaron con dureza por el peligro que supone. Aun así, el veredicto global es positivo: estamos ante una berlina amplia, confortable y con una puesta a punto dinámica lo suficientemente pulida como para no echar de menos un V8. Lexus ha logrado trasladar las virtudes históricas del ES —suavidad de marcha, habitabilidad y fiabilidad— al universo eléctrico sin renunciar a un punto de personalidad.

Para aquellos que busquen un sedán eléctrico con etiqueta premium y una imagen menos tecnológica que la de las propuestas 100% digitales, el ES 500e se postula como una alternativa a considerar. Eso sí, el precio de partida lo coloca en una zona donde la exigencia del comprador es máxima y donde detalles como la ausencia de climatizador trasero o la estética de los plásticos pueden decantar la balanza hacia marcas alemanas. La pregunta que flota en el aire es si la herencia de la fiabilidad nipona y un tacto de conducción tan bien resuelto bastarán para conquistar a los escépticos de la electrificación y de la producción china. Throttle House, entre alita y alita, parece haber encontrado una respuesta afirmativa, aunque con matices.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Throttle House en YouTube.

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