Un Acura NSX de 1991 con 49.000 millas sale a subasta en Bring a Trailer, y con él vuelve la huella de Ayrton Senna en el desarrollo del Honda NSX.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: una unidad de la primera serie del NSX, con motor central V6 VTEC de 3.0 litros, cambio manual de cinco velocidades y autoblocante.
- No te lo puedes perder: el estado de la puja incluye piezas originales desmontadas, como las llantas forjadas de 15 y 16 pulgadas y los pilotos traseros de fábrica.
- Cifras y ficha técnica: 270 caballos (unos 274 CV) y 285 Nm de par, 49.000 millas, título de Florida limpio y copia del manual del propietario, según el listado de Bring a Trailer.
Un chasis con la firma de Senna
El Honda NSX llegó al mercado como el primer deportivo japonés de producción con carrocería de aluminio y motor central. Su desarrollo no fue un proyecto aislado del departamento de competición: Honda recurrió a pilotos de la casa para la puesta a punto dinámica, y entre ellos quedó registrada la participación de Ayrton Senna en la calibración del chasis y de la suspensión. No se trata de una anécdota forzada ni de un simple acento comercial; la relación de Senna con el NSX forma parte del expediente del modelo desde los primeros prototipos rodados a finales de los años ochenta. Aquella colaboración dio al coche una carta de naturaleza que pocos contemporáneos podían exhibir, y que el mercado del nuevo clásico japonés recuerda ahora con interés.
Esa implicación convirtió al NSX en algo distinto dentro de la escena del youngtimer. Frente a los deportivos europeos de la época, el Honda ofrecía una ergonomía menos hostil, una calidad percibida propia de una marca de gran serie y un propulsor atmosférico pensado para girar con suavidad hasta la zona alta del cuentavueltas. Esta unidad mantiene el motor V6 3.0 VTEC original y el cambio manual de cinco relaciones, junto con el diferencial de deslizamiento limitado con el que se configuraron los primeros ejemplares. Las levas no existen: la caja manual de cinco velocidades es la única vía para extraer los 270 caballos, una invitación al conductor que un automóvil de esta escuela no concede sin razones.
La arquitectura del NSX de 1991 sigue fiel a la fórmula original: suspensión de doble horquilla en las cuatro ruedas, barras estabilizadoras delantera y trasera, y frenos con pinzas firmadas NSX sobre discos ventilados. Es un conjunto que, aún hoy, transmite el tacto preciso por el que la primera serie fue comparada con referencias europeas de mayor cilindrada y precio. La firma de la casa japonesa sobre la pinza de freno recuerda la ambición técnica del proyecto.
Según el listado de Bring a Trailer, el coche pasó por una colección estadounidense antes de que el vendedor lo adquiriera en 2023. Desde entonces ha recorrido un puñado de las 49.000 millas que marca el odómetro. El exterior figura en Berlina Black, el color que mejor refleja la intención discreta del proyecto, y el interior combina la tapicería Ivory en asientos deportivos de ajuste eléctrico con los paneles y moquetas a juego. El equipamiento de confort incluye climatizador automático, control de crucero y un equipo Bose con casete, acompañado de alfombrillas firmadas NSX-R.
El valor de un NSX de primera generación ya no se mide solo por su chasis de aluminio, sino por la facilidad para devolverlo a su configuración original.
Una unidad tocada con criterio de época

El ejemplar no ha quedado en su configuración estricta de fábrica. La lista de modificaciones la abre una suspensión BC Racing BR con coilovers y un juego de llantas BC Forged MLE90 en medidas de 18 pulgadas delante y 19 detrás, calzadas con neumáticos Federal. Es una elección que cambia el carácter visual del NSX, más agresivo que el conjunto original de 15 y 16 pulgadas forjado, y que sin embargo puede revertirse: las ruedas de fábrica se entregan con el coche.
En la carrocería aparecen también un labio frontal Wings West, faros antiniebla de estilo JDM y pilotos traseros procedentes del NA2 de 2002. El lote incluye igualmente los pilotos originales desmontados, de modo que la conversión estética no compromete la posibilidad de devolver el coche a especificación de origen. El alerón trasero integrado, los faros escamoteables, las tomas laterales y los espejos de ajuste eléctrico completan la lectura exterior de una primera serie fácilmente reconocible. Los neumáticos Federal que calzan las llantas BC Forged son de perfil moderno, y las piezas de suspensión permiten ajustar la altura de carrocería a gusto del propietario.
Lo que la subasta dice del coleccionismo japonés
La cotización del Honda NSX de primera generación ha vivido un reajuste notable durante la última década. Lo que durante años fue un deportivo accesible para quienes buscaban fiabilidad japonesa sin renunciar al motor central se ha convertido en pieza de colección con argumentos sólidos: producción reducida, técnicamente relevante y con una historia de desarrollo que incluye a uno de los pilotos más carismáticos de la Fórmula 1. Frente a otras piezas de la misma época, el NSX tiene a su favor una base técnica bien documentada y una red de aficionados que valora la originalidad.
Dentro del segmento youngtimer japonés, el NSX ocupa una posición singular. No comparte ni la producción masiva de los compactos deportivos de los noventa ni el enfoque radical de los preparadores de la escena drift. Es una pieza de ingeniería de producción que envejece con la lógica de un GT moderno, y eso explica que las casas de subastas estadounidenses le reserven cada vez más espacio en sus catálogos de colección. La primera generación, con motor central, chasis de aluminio y una participación de Senna en su puesta a punto, reúne los tres relatos que el coleccionista actual busca: técnica, rareza y nombre.
Ahora bien, esta unidad plantea un dilema de configuración. Las piezas no originales en suspensión y estética no son gratuitas para un coleccionista purista, por mucho que el catálogo de Bring a Trailer detalle que los elementos desmontados acompañan al lote. La presencia del manual, el historial Carfax sin accidentes y el título limpio de Florida mitigan el efecto: aportan trazabilidad y coherencia a una compra que, de lo contrario, quedaría expuesta a las dudas propias de una importación estadounidense. El bajo kilometraje real, avalado por el odómetro de seis dígitos, juega también a favor del lote.
En términos de mercado, la subasta de este Honda NSX servirá de referencia para las primeras series que combinan estado de conservación honesto con modificaciones reversibles. No se trata del NSX puro de concesionario ni de un proyecto radical sin retorno: es una oportunidad intermedia, con la mecánica original intacta y una estética que el siguiente propietario podrá conservar o devolver a los cánones de 1991 sin inversiones imposibles. El remate dirá si el mercado premia más la historia del chasis o la irreversibilidad de una configuración que, por el momento, solo toca la superficie.
En el contexto europeo, la primera generación del NSX se aproxima a la edad que en varios países abre la puerta a la matriculación histórica, un aliciente que refuerza su atractivo entre quienes buscan un deportivo utilizable, con recambios asumibles y respaldo técnico.

